El salón privado del teatro olía a whisky, perfume francés y poder. Políticos europeos, empresarios y figuras importantes conversaban bajo las enormes lámparas doradas, pero Joshua apenas veía algo mientras atravesaba el lugar, solo la buscaba a ella.
—Sígame señor. —Asiento sintiendo la tensión debajo de su piel, apenas abrieron la puerta la encontró demasiado rápido.
Emily estaba junto al ventanal principal de París con una copa de vino en la mano. Las luces de la ciudad iluminaban parcialmente su rostro, dándole un aire frío y peligrosamente hermoso que siempre hacía parecer que el resto del mundo estaba perdiendo el tiempo, sintió el golpe en el pecho apenas sus miradas se cruzaron y su indeseable prometido seguía a su lado.
Joshua sintió la mandíbula tensarse inmediatamente, maldita sea odiaba verlo tocarla, porque incluso después de seis años, una parte enferma de él seguía sintiendo que Emyli le pertenecía.
Sin duda seguía siendo suya.
—Controla esa cara o terminarás golpeando al tipo —murmuró Daniel cerca de él antes de que la puerta se cerrará. Era un encuentro privado, Joshua ignoró el comentario.
—Señor O’Neill, soy Alistair Vane.
El prometido de Emyli fue el primero en hablar, Joshua apartó la mirada de ella lentamente para observarlo, llevaba un traje impecable, una postura perfecta y seguridad absoluta.
El tipo de hombre que parecía hecho para el mundo diplomático y político en el que ahora ella estaba sumergida.
Joshua ya quería romperle la cara.
Tenía el tipo de apariencia que inspiraba confianza inmediata.
—Un placer. —Mintió. —Joshua está bien —respondió con tranquilidad, extendió su mano sin apartar los ojos de él y Alistair sonrió antes de estrecharle la mano.
—Excelente presentación esta noche —dijo Alistair. —Mi prometida, aunque sé que ya se conocen, son familia. —Esa palabra le impactó el pecho.
—Hola, tanto tiempo sin saber de ti, no has ido a las fiestas de cumpleaños de mi sobrino —Era un reclamo de su huida, Joshua se atrevió a cruzar el límite cuando ella extendió su mano.
La tocó y sintió una descarga eléctrica recordarle todo el cuerpo, se acercó y dejó un beso lento en su mejilla, sus fosas nasales se llenaron inmediatamente con el perfume de Emily.
El mismo perfume, Joshua sintió el golpe directo en el pecho mientras el recuerdo de aquella noche regresaba como una condena, la respiración de Emyli se alteró solo un segundo, quizás era imperceptible para cualquiera.
Pero no para él. —Joshua, soy una mujer ocupada y mi tío lo entiende, el regalo de Izad nunca falta, ese siempre llega... —murmuró ella con esa voz suave y peligrosamente fría que siempre lograba desarmarlo por dentro.
Dios.
Joshua se apartó lentamente, aunque no demasiado. Lo suficiente para sostenerle la mirada y notar el pequeño brillo oscuro escondido en sus ojos.
Ella también lo había sentido porque entre ellos jamás existió algo normal, siempre fue demasiado:
Demasiado intenso.
Demasiado prohibido.
Demasiado destructivo.
—No esperaba encontrarte en París —dijo Emyli con calma mientras retiraba lentamente la mano de la de él y de inmediato el entrometido habló.
—Extraordinaria presentación. Debo admitir que insistí mucho para venir esta noche.
Eso le llamó la atención. —¿Sí?
—Soy admirador de su trabajo desde hace años. Especialmente de Nocturne in Chaos.
Eso llamó la atención de Joshua, muy poca gente sabía realmente el significado de esa composición, porque había sido escrita para Emyli.
—Buen gusto —respondió con calma y el hombre soltó una pequeña risa.
—Emyli fue quien me habló de usted hace tiempo. Aunque debo decir que ella no quería venir esta noche.
Joshua volvió la mirada hacia Emyli inmediatamente y ella bebió un poco de vino antes de responder con tranquilidad. —Los conciertos de piano ya no suelen ser mi idea de diversión —dijo con indiferencia.
Joshua casi sonrió, ahí estaba otra mentira, porque Emyli adoraba escucharlo tocar. Recordaba perfectamente cómo ella se quedaba en silencio observándolo durante horas mientras él tocaba para ella, esa manera en que cerraba los ojos y la forma en que respiraba más lento, como si su música fuera una debilidad que jamás quiso admitir.
—Tuve que convencerla bastante, no había tenido el honor de venir a una de sus presentaciones y ahora entiendo por qué tiene tantos seguidores obsesionados.
—No es para tanto, no tocó al amor sino a las desilusiones, traiciones y abandono.
Ella sonrió. —Curioso, no recuerdo que te hayas comprometido ¿Te rompieron el corazón? —Allí estaba ella una cínica.
Joshua casi soltó una risa, ella conocía exactamente por qué Joshua tocaba de esa manera, porque cada maldita composición importante de su carrera había nacido por culpa de ella.
Alistair colocó una mano sobre la espalda baja de Emyli, Joshua sintió un golpe oscuro de celos recorrerle el cuerpo entero.
—No… —Dijo casi perdiendo la cordura. —Romperme el corazón no, pero si me abandonaron, conoces la historia ¿Recuerdas que te llame muchas veces? Disculpa Alistair, es que tu prometida se olvida que antes éramos cercanos.
Sus ojos chocaron apenas un instante y Joshua vio ese brillo peligroso aparecer en ellos, como si disfrutara provocándolo.
Maldita mujer.
—Lo olvidaba, eso fue hace tanto tiempo, ya no somos los mismos.
Trago grueso, pero ignoro ese jodido comentario.
—¿Cuánto tiempo estarán en París? —preguntó Joshua sin apartar la mirada de ella.
—Pocos días —respondió él. —Trabajo.
Joshua arqueó una ceja.
—¿Trabajo?
Emyli intervino antes de que su novio hablara.
—Consultoría tecnológica.
Joshua sostuvo su mirada unos segundos, mentía, Emyli jamás daba información real sobre su vida.
—¿Y usted? —preguntó el hombre. —¿Seguirá en Francia mucho tiempo?
—No mucho, por cierto, esta noche tendré una fiesta privada, me encantaría que asistieran, tal como dijiste somos familia. —dijo dibujando una sonrisa, contrario a lo que sentía.
El silencio entre ellos se volvió incómodo, no para Joshua, para Alistair, porque el hombre empezaba a notar algo, era imposible de pasar desapercibido, la tensión, la electricidad brutal entre ellos y la forma en que Joshua miraba a Emyli.
—Claro, lo acompañaremos, Emy, nunca me invita con su familia.
—Ya lo hemos hablado Alis y no es buena idea desvelarnos. —Ella acarició su mejilla y Joshua quería arrancarla de sus brazos.
—No te niegues, permitiré que se queden en mi pent-house. —Quería llevarla a su terreno. —Es lo mínimo que puedo hacer por la sobrina consentida de mi cuñado.
—No gracias, estamos en un hotel, Alis es un poco… escandaloso.
Estaba insinuando… ¡Mierda! Eso fue un golpe bajo.
—Bien como lo deseen, les dejaré la dirección, debo irme.
—Antes buscaré una copa para brindar que lo conocí.
Joshua observó cómo se alejaba y apenas la puerta se cerró Emyli habló en voz baja: —Deja de mirarlo así.
Joshua soltó una risa seca.
—¿Así cómo?
—Como si quisieras matarlo.
Joshua dio un paso hacia ella, suficiente para alterar el aire entre ambos.
—Tal vez quiero hacerlo.
Emyli sostuvo su mirada.
—Sigues siendo impulsivo.
—Y tú sigues huyendo.
—No vine aquí para hablar del pasado —dijo Emyli con frialdad.
—Entonces ¿por qué viniste?
Joshua sintió el corazón golpeándole con fuerza mientras se acercaba todavía más.
—¿París fue coincidencia? —preguntó él suavemente.
Ella levantó la mirada lentamente.
—Sí.
No le creyó porque conocía a Emyli y esa mujer jamás hacía algo por casualidad, la tensión entre ambos empezó a volverse insoportable, Joshua bajó la mirada hacia sus labios y fue un error, porque inmediatamente recordó cómo se sentían sobre su piel.
Suaves, adictivos y peligrosos, quería besarla y quería perderse completamente dentro de ella.
—Joshua…
Su nombre en labios de Emyli sonó como antes, suave, oscuro e íntimo. Eso terminó de destruir el poco autocontrol que le quedaba. Joshua sujetó suavemente su muñeca y la acercó apenas hacia él.
La respiración de Emyli se alteró inmediatamente ahí estaba, su verdadera reacción, no la máscara fría que se había puesto, no la agente perfecta sino la mujer que seguía incendiándose cuando él la tocaba.
—Dime que no sentiste nada al verme —murmuró Joshua cerca de su boca.
Ella tragó saliva lentamente, Joshua casi perdió la cabeza con eso.
—No hagas esto —susurró ella.
Demasiado tarde, porque él ya estaba completamente atrapado otra vez.
—Seis años, Emyli —dijo con voz ronca. —Seis malditos años intentando olvidarte.
Ella cerró los ojos un segundo y eso fue suficiente para destruirlo, Joshua deslizó lentamente los dedos por su muñeca, ella respiró más fuerte como si el roce la estaba incendiando.
Entre ellos jamás existió algo normal; siempre fue obsesión, caos y deseo desbordado.
—Suéltame —susurró ella.
Joshua hizo lo contrario, acercó más el rostro al suyo, tan cerca que sus respiraciones empezaron a mezclarse.
—Oblígame a hacerlo.
Los ojos de Emyli bajaron un instante hacia la boca de él y Joshua sintió deseo de arrancarle el vestido, y se convenció de algo, no se iría sin antes probar sus labios.