Ana Paula palideció, separó los labios. —¡Shh! —Agarró del brazo a Gianluca, lo jaló y lo llevó lejos, lo observó suplicante—. Por favor no digas nada, te lo ruego. Gianluca sintió un escalofrío que le recorrió la columna. —¿Es verdad? ¿Se va a morir? —preguntó, la voz le sonó débil. Ana Paula inclinó la cabeza, sus azules ojos se llenaron de lágrimas. Asintió. —Lamentablemente, esa es la verdad —balbuceó, y no pudo contener las lágrimas. Gianluca tragó saliva, se llevó ambas manos al cabello, quería mucho a Marypaz, la noticia le cayó como un balde de agua helada. —¡No puede ser! —exclamó y miró el estado de conmoción de la hermana de Marypaz, se acercó con prudencia, la abrazó—. Debe existir una cura, ella es… tan especial, no merece morir —expresó con la voz entrecortada.

