El médico revisaba a Tania, le había extraído sangre y ya revisaba en sus instrumentos al respecto, ella esperaba mordiéndose las uñas, tenía mucho temor, ella mentía y lo sabía, ahora solo esperaba su muerte. Vecchio entró a la habitación y ella esperó sentada sobre la cama a que el doctor revelará la verdad y dieran su sentencia de muerte «He vivido muchos años, veinte años deben ser suficiente para alguien como yo, ya no guardo esperanzas, hoy puedo abrazarme a la muerte» pensó conteniendo sus lágrimas, y entrelazando sus manos como si estuviera rezando —¿Y bien, doc.? Diga la verdad, ¿Está embarazada, o no? —Sí, felicidades, Vecchio, tiene por lo menos un mes, no hay duda. Tania abrió los ojos irresoluta, su corazón jamás latió tanto, sus ojos se desbordaron en lágrimas, aquella n

