Isabel estaba sentada en la recepción de esa clínica privada, su corazón latía como un condenado, su mente golpeaba su conciencia, sentía frío, sentía miedo. Ernest estaba ahí, con la recepcionista hablando por largo rato Ella bajó la mirada, contenía las lágrimas. De pronto una enfermera apareció dando la orden que debería ir con ellos, ella titubeó, pero la sonrisa dulce de Ernest la impulsó. Entró a esa habitación, tan blanca, olía a medicamentos, todos los aparatos estaban ahí —Quítese la ropa y colóquese la bata. Isabel comenzó a desnudarse a un lado, sentía demasiada vergüenza, pero lo hizo, colocándose aquella bata azul. Pronto, apareció un doctor, que le realizó un ultra sonido, Isabel se quedó paralizada al mirar en el monitor a su pequeño bebé, cuyo corazón latía con vigor

