CAPÍTULO VEINTISEIS Cassie estaba petrificada al comprender que el objetivo de la estatua podía haber sido ella, y entonces escuchó un grito. —¿Qué ocurre? ¿Qué fue eso? Pierre dobló la esquina, corriendo hasta donde ella estaba parada. Cassie vio en su rostro genuina sorpresa, mientras él la miraba a ella y luego al balcón, respirando con dificultad. Lo único que podía pensar en ese momento era que no había sido Pierre quien había empujado el busto por el balcón. Habría sido imposible para él correr desde el balcón por las escaleras, salir por la puerta principal y correr por el costado de la casa en tan poco tiempo. —Se cayó cuando yo pasaba —dijo ella con voz aguda y temblorosa—. Casi me alcanzó. —¿Se cayó? Esa estatua no puede simplemente caerse. Ha estado en ese lugar durante s

