CAPÍTULO VEINTINUEVE El detective Granger estaba sentado con Estelle Bret en la pequeña sala, iluminada por el bajo sol del otoño. Estelle era dueña de un apartamento modesto en Senlis, a una hora del norte de París, y era la segunda examante de Pierre que había aceptado que él la entrevistara ese día. —Pierre y yo tuvimos un amorío durante casi un año —dijo ella. Jugueteaba con un mechón de su largo y oscuro cabello mientras hablaba. Era alta, delgada y muy hermosa, estaba perfectamente maquillada y vestida a la moda con jeans rotos y una chaqueta de gamuza con flecos. —Por favor, continúe —dijo Granger. Tranquilizándola nuevamente, agregó— Madame, esto es totalmente confidencial. Escribiré algunas notas pero no grabaré la conversación. Había asumido que estas entrevistas serían part

