—¡Es verdad!, nunca en mi vida había visto nada así —dije bajito, no quería romper el encanto de ese momento. —¡Ves!, por contemplar cosas así, merece la pena todo —me dijo—. En la ciudad nos lo perdemos. —¡Violeta!, ¿Por qué me has dicho que hoy me vas a contar todo? —la pregunté pues me había extrañado al oír sus palabras. —¡Mira, querido amigo!, esta noche aquí bajo las estrellas, he comprendido algo importante, y por eso no lo quiero dejar más en mi interior. —¡Pero bueno!, ¿No me has dicho antes, que habías dormido bien? —la volví a preguntar. —Sí y es cierto, muy bien, como nunca, pero ha sido después de estar un buen rato mirando al cielo, lo que me ha hecho llegar a la conclusión, de que era el momento de compartir todos mis secretos contigo. —Bueno, pues cuando quieras, soy

