—Pero es que no acabo de entender, ¿Por qué te empeñaste en hacerlas?, y ¡Anda que no sólo hay una o dos, vaya montón!, debiste de estar todo el tiempo pensando sólo en ello. —Pero ¿Qué dices?, ¡Ni hablar!, ¿Tú sabes la de horas que estuvimos andando? pues en algo me tenía que entretener. —¡Ah, claro!, ahora lo entiendo y tenías un juguetito que tenías que usar, ¿No?, para eso lo habías traído. —¿Qué dices?, ¡No te entiendo! —me dijo poniéndose muy seria. —Sí, la máquina de fotos. —¡Ah!, ¿A eso lo has llamado juguete?, no, yo la fotografía me la tomo muy en serio, es una afición que tengo desde que era chica —estaba diciendo y en su voz noté un tono de medio enfado. —¿Otra de las cosas que te enseñó tu abuelo?, ¡Hay que ver que de cosas te enseñó! —dije tratando de que se le pasara.

