*Narrado por Jean* Las cenas en casa eran un poco incómodas porque mis padres siempre buscaban la manera de regañarme por mi propio bien. Lo cual era una excusa para llevar por el camino de la perfección a su único hijo. La sirvienta terminó de servir el vino en cada copa. Por muy grande que fuera la mesa, sentía la mirada penetrante de ambos sobre mí. Los cubiertos y el plato de porcelana relucían gracias a la lámpara que teníamos encima. Querían decirme algo, eso estaba más que claro. —Muy bien, los escucho —hablé, rompiendo el silencio que predominaba en el ambiente. Apoyé ambos codos sobre la mesa, dejando la comida caliente de lado, porque estaba seguro que se me quitaría el apetito al hablar con ellos. —Deberías llevarte bien con la hija mayor de los Hidalgo. Es una joven adec

