*ANTONELLA* El corazón me late con fuerza, me ha llevado a un sitio que no parece nada a lo que me imagine, mientras me muestra puertas de hierro. En ese momento me percaté de su engaño, la fortaleza en el que pensaba llevarme se mantenía sólido, cubierto de antiguo dinero y extravagancia. Los jardines son exquisitos y los terrenos se extienden tanto que no alcanzo a ver las paredes exteriores. Es tan hermoso. La palma de Leo se conecta con la parte de atrás de mi cabeza, y me detengo de golpearme. Quiere que vea cada detalle que me muestra en su computador. ― ¡Escúchame, bien! ―él ladra. ―Lo hago ―muerdo las palabras, dándole un ceño desafiante. Dios, es solo cuestión de minutos para darme cuenta de la situación. ―No hablarás con nadie. Este es el campo de entrenamiento de la élite.

