Anielle abre los ojos con lentitud, mueve sus manos sintiendo la textura de lo que sea que se encuentra bajo su piel y nota la extraña sensación que le produce, es extremadamente suave y a la vez efímero ya que parece desintegrarse al tacto, se incorpora viéndose rodeada de una niebla espesa y blanca, camina unos tramos dándose cuenta de que sus pies caminan firmes por nubes, ¡Nubes! Extiende sus brazos, se encuentra con la sorpresa abrumadora de que sus manos son las de una niña, una pequeña a decir verdad, frente a ella un espejo enorme – de unos diez metros de alto– se alza imponente, con bonitos detalles en relieve hechos por las mismas nubes del lugar lo adornan. A paso seguro se asoma a él, lo que ve la deja atónita, es ella misma pero... Ya no es humana. Sus memorias llegan de golpe

