Cuando cerró la puerta de la vivienda tras de sí, Massimo le dirigió una tentadora mirada que la alteró por completo. Entonces ambos comenzaron a andar y ella intentó que no fuera muy evidente lo mucho que estaba saboreando el paseo. En numerosas ocasiones había soñado con aquello, había fantaseado que su amante volvía para buscarlas a su hija y a ella. Seis años atrás él le había explicado que era un auténtico veneciano al que le encantaba pasear por las ciudades. Al recordar aquella época, se sintió muy emocionada. Accidentalmente Massimo le rozó el hombro, el brazo y la cadera y, al hacerlo, ella sintió una descarga eléctrica que le recorría el cuerpo. Entonces puso cierta distancia entre ambos y miró al cielo, consciente de que en realidad estaba deseando volver a disfrutar de aquello

