Alessandra. Ricardo pasó por mí antes de la una, Rita se esmeró en arreglarme, pero al fin y al cabo salí vestida como me sentía cómoda, pero a la altura de una cita con un hombre tan importante como él. —Te ves divina—expresa con los ojos brillantes, aunque lo siento solo como un cumplido. —Gracias— respondo casi sonrojada, puede sentir el calor apoderarse de mi rostro en un segundo. Subo al auto y no quise preguntar a donde iríamos, es de esperarse que una persona importante acude a los lugares más exclusivos de la ciudad. Así que sonrío nerviosa todo el camino. Más bien, me pierdo en mis pensamientos, en recuerdos del ayer, la fiesta y el estúpido pervertido, mi trabajo perdido y en mirar las calles dentro de ese lindo automóvil. Salí de mi mundo de ensueño, cuando abre la puerta p

