Capítulo 2, El triste destino de Alhena

3986 Palabras
Luego de recorrer muchos kilómetros en el carruaje, por fin llegaban a su nuevo hogar, Althaír seguía dormida, Sara se quejaba del largo viaje y Jeff estaba exhausto. - Iré a inspeccionar el lugar- dijo Jeff sin ánimos, al bajarse del carruaje, se encontró con unos muros muy altos, los guardias acompañantes abrieron la gran puerta y dentro estaba lleno de árboles, cada uno con distinto fruto, un césped espeso y bien cuidado, pero al ver la hermosa casa quedó boquiabierto. En ese momento, salió a su encuentro la ama de llaves Mercedes, ella era una mujer mayor, tenía su cabello tomado, de color blanco, ojos color pardo, de carácter muy amable y cariñosa. Ella estuvo al servicio de la reina Aurora muchos años, fue quién cuidó de ella desde niña pero al pasar el tiempo, la reina decidió enviarla a ésta casa y le advirtió que en cualquier momento podría suceder algo inesperado y llegaría a sus brazos las gemelas. - Usted debe ser el joven Jeff, yo soy Mercedes, la ama de llaves a cargo de cuidar esta linda casa. - Así es mi Lady, mi nombre es Jeff de Spartus, veo que la reina tenía todo preparado, de verdad era una gran persona. - ¿Era? – el rostro de Mercedes palideció, Jeff recordó que nadie aún se enteraba de la muerte de la reina Aurora. - Lo siento mi Lady, creo que fui descortés, es mejor que lo sepa, el palacio fue atacado por Abel, buscando a Althaír y perdimos la batalla, él destruyó todo y lo más probable es que la reina ya no esté con vida – por las mejillas de mercedes rodaron las lágrimas y cubrió su cara, no podía creer lo que estaba escuchando, Jeff solo miraba el suelo y sentía unas ganas enormes de salir corriendo. - Lo lamento mucho mi Lady – exclamó Jeff con profunda tristeza. - No se disculpe joven, usted no es culpable de nada, debemos continuar adelante, ésto me tomó por sorpresa, aunque ella al parecer ya sabía que algo malo sucedería, porque me dio muchas instrucciones estrictas desde hace un tiempo, deben estar cansados todos, por favor entren y deme a las niñas, tengo su lugar listo. - Lo siento mi Lady, solo traemos a Althaír, lamentablemente Alhena también se quedó y no sabemos si vive o no – Mercedes no podía creer lo que escuchaba, parecía de terror. - Entremos, así podrán ponerse cómodos, necesitan descansar y reponerse, lo que estamos viviendo no es fácil de asimilar. - Tiene razón mi Lady – Jeff entró al carruaje y tomó en sus brazos a Althaír y dio la orden a todos de entrar a la casa. Mientras tanto, Abel sólo tenía problemas con Alhena, la tenía encerrada, atada de manos y no lograba que pronunciara palabra alguna, ella solo estaba sentada en un rincón con la mirada perdida. - ¡Esta mocosa me va a volver loco! – exclamó enojado Abel, mientras Zopo, uno de sus leales sirvientes lo escuchaba y trataba de calmar a su rey. - Mi Señor, nunca dijimos que esto sería fácil, es una mocosa muy rebelde, no a querido comer. - No es posible, la necesito viva, si no come se debilitará ¿Dónde están las sirvientas inútiles que tengo? – en ese momento, llegaron 2 chicas que tenían a cargo a Alhena, muy asustadas frente a Abel. - ¡Les dije que esa mocosa tiene que ser bien cuidada y que tiene que alimentarse, es una niña y ustedes no son capaces de hacer bien su trabajo! – exclamó enojado. - Lo sentimos mi Señor, la niña nos escupe la comida y me mordió la mano, a mi compañera la pateó. - ¿Estás reconociendo que son un par de inútiles?, ¡Fuera de mi vista! – ambas chicas se inclinaron ante Abel y salieron rápidamente del gran salón. - Zopo, acompáñame a ver a esa mocosa – ambos fueron a la habitación dónde encerraban a la niña, ella solo los miraba de reojo, Abel se paró frente a ella. - Mírame niña- pero Alhena no obedecía ninguna orden. - Crees que también puedes ignorarme?, ¿sabes a quién tienes frente a ti? – Alhena solo con la mirada expresaba todo lo que sentía, odio por aquel hombre que le arrebató la vida y su niñez, no pronunciaba ninguna palabra. - ¡Háblame mocosa del demonio!- exclamó con gran ira Abel, Zopo intervino. - Mi Señor, si sólo le grita no tendrá nada de ella. - ¡Cállate Zopo!, ésto lo arreglo yo – Abel tomó a la niña de sus ropas alzándola al aire y la acercó a su rostro, Alhena al verlo tan cerca, le escupió la cara, lo que provocó asco en Abel y la soltó lanzándola lejos, Zopo al ver la escena, fue tras Alhena y la levantó pero ella logró patearlo y lo dejó quejándose del dolor, Alhena se sacó las amarras de sus manos rápidamente, pero antes de que lograra escapar Abel se interpuso en la puerta, la niña dio unos pasos hacía atrás y Zopo estaba listo para atraparla, Abel la tomó del cabello y comenzó a reprenderla. - ¡Eres peor de lo que pensé, mocosa atrevida, vas a hacer lo que yo te diga o tendré que proceder y eliminarte!.- Alhena no se dejaba amedrentar, hizo un movimiento brusco contra Abel y dándole un mordisco en el brazo salió corriendo de la habitación. - ¡Zopo, ve tras ella! – exclamó Abel furioso, Alhena corría y corría por esos pasillos del palacio oscuro, el lugar dónde vivía Abel con sus súbditos, Zopo ordenó a todos los guardias que buscaran a la pequeña, Alhena corría mientras su vista se nublaba al mirar al frente y su rostro se mojaba con sus lágrimas de amargura, de pronto vió una habitación que llamó su atención ya que salía una luz de color azul, entró en ella y con mucha cautela para no ser vista, se escondió tras unos estantes para poder ver con más claridad lo que había ahí dentro, secó sus ojos y miró hacia el frente, había una esfera que emanaba ese bello color y hacia los lados máquinas que nunca había visto, y de pronto 2 figuras humanas salieron entre los estantes, era un tipo alto, mayor de cabello desordenado y canoso, usaba unos lentes muy gruesos y vestía un delantal blanco, a su lado un joven de cabello rubio, piel blanca y ojos azules quien también vestía con delantal blanco, ambos conversaban. - Papá, esa niña ya llegó al palacio ¿cuándo la conoceremos? - No lo sé Dennie, Abel no me a dicho nada. - ¿Estás seguro de que podrás quitarle su estrella?. - Por supuesto hijo mío, soy el gran Nicolás Master, el mejor científico y recuerda que tú sigues mis pasos, debes aprender todo, tú serás mejor que yo mi querido hijo Dennie. – al oír esto, Alhena se asustó, ella no poseía ninguna estrella, ¿qué pasaría cuándo descubrieran eso?, ¿de qué forma ese científico podría quitarle la estrella?, pensó en su hermana y su corazón comenzó a latir a mil por minuto, estaba nerviosa y sin querer dejó caer unos frascos que estaban en los estantes, ante el ruido Dennie, se acercó al lugar y vio a Alhena asustada. - ¡Papá, la mocosa está aquí!, Nicolás se acercó rápidamente Alhena estaba paralizada de miedo. - Pero miren a quién tenemos aquí, supongo que eres la famosa niña dueña de la estrella dorada, aquí en este palacio no hay niñas, así que no mientas- Alhena no era capaz de hablar, el trauma y el miedo se lo impedían, - ¿Por qué no dices nada?, bueno, yo me presento, soy el mejor científico del mundo, mi nombre es Nicolás Master éste es mi hijo Dennie, mi continuación- en ese minuto uno de los guardias entró en la habitación y al ver a la niña, apartaron al viejo científico y la tomó del brazo para llevársela, Alhena estaba muerta de miedo, sabía que no tendría un buen final en ese palacio y se encontraba totalmente sola, por lo que recordó aquel ataque que ella lanzó antes de ser secuestrada y se preguntaba a sí misma si de verdad no tenía una estrella, ¿de dónde salió ese poder?, estaba confundida, de pronto se encontraba nuevamente frente a Abel. - Mira niña, si te portas bien, no vas a pasarlo tan mal, pero si sigues desafiándome con tu rebeldía, no me dejas opción. – Alhena lo miró con desprecio, ella siempre tuvo un carácter altivo, muy distinto al de su hermana Althaír a pesar de su corta edad. Abel se sintió ofendido y se levantó de su silla, tomándole la barbilla a la pequeña. - Veo que te gusta a la mala, pues eso tendrás – Abel la tomó del brazo y comenzó a llevársela por los pasillos, Alhena solo lloraba de enojo y la rabia se apoderó de ella, sus ojos comenzaron a ponerse nuevamente de color dorado y el aura comenzó a crecer, Abel sintió que le quemaban el brazo y dio un grito de dolor soltando a la chica, mientras esta emanaba su aura blanco y una brisa rodeo el lugar, los guardias corrieron asustados, Abel se levantó y se preparó para pelear contra la pequeña, Alhena sin pronunciar ninguna palabra solo se acercaba cada vez más al asustado rey y este no sabía qué hacer, sintió miedo nuevamente pero al mismo tiempo estaba asombrado del maravilloso poder que tenía Alhena y eso le hizo codiciar aún más el obtenerlo. - ¡Vamos mocosa, atácame!- gritó Abel desafiante, Alhena se detuvo y apuntado hacía el tipo, lanzó un rayo de energía que de no esquivarlo, habría acabado con la vida de Abel, la niña se descontrolo nuevamente y todo a su paso comenzó a destruirse, reanudó el paso y en cada centímetro que caminaba todo alrededor se destruía, alzó sus manos y formó una esfera de energía que lanzó contra Abel, este saltó por la ventana del pasillo y el piso completo se destruyó, Alhena levito por lo aires y llegó hasta el gran jardín del palacio oscuro, Abel se vio indefenso ante tan grande poder y gritando pedía ayuda al científico, - ¡Nicolás Master!, ¿Dónde estás?, ¡has algo! – Alhena descubrió su poder y no sabía manejarlo, pensó en acabar con Abel de una vez, pero una voz entró en su cabeza y comenzó a hablarle. - ¡No!, no lo mates, no es el momento, entrena tu poder primero, espera unos años, sé que eres inteligente y entenderás esto, ¿ves el poder que tienes ahora?, tendrás mucho más y serás la reina del mundo, serás más fuerte que tu hermana, ese tipo te servirá de trampolín para llegar a la sima, piénsalo, una vez que tengas edad suficiente y si se atreve a acabar contigo, tú simplemente lo eliminas como si fuera una mosca, jajajajaj – Alhena mentalmente preguntó quién le hablaba. - ¿Quién eres?, ¿por qué me dices esto?. - Soy alguien que quiere ayudarte y que cree en ti, recuerda que todos siempre celebraban a tu hermana, es momento de que alguien te celebre, jajajaj, tienes un gran potencial y aunque no me creas tienes un gran poder. – Alhena recordó en ese momento las veces en las que se sintió desplazada por Althaír y algo se apoderó de su corazón, ya no sintió miedo alguno y bajó sus brazos como señal de paz. Abel se acercó y notó un cambio en la niña, sus ojos habían perdido el brillo y eran apagados, con la mirada perdida, pensó. - Es cierto, siempre fui la sombra de Althaír, ahora puedo ser la luz – y una sonrisa malévola coronó su rostro. – Abel no entendía el cambio y se desquitó dándole una bofetada, en ese momento llegó Nicolás muy agitado quién traía unas pulseras. - Su majestad, disculpe la demora – el científico tomó las muñecas de Alhena y puso en cada una las pulseras. - ¿Qué es esto viejo loco? – preguntó curioso Abel. - Son pulseras que bloquean y absorben la energía Señor, si ella intenta nuevamente atacarlo no podrá hacerlo ya que están diseñadas para evitar que ella expulse energía. – Alhena al escuchar esto intentó sacarse ambas pulseras pero fue inútil. - No podrás quitarlas niña, solo saldrán de tus muñecas si yo las saco de alguna manera que no sabrás jajajaja.- Abel estaba sorprendido ante el invento del científico - Increíble viejo, me salvaste la vida, esta mocosa es una salvaje. – y otra vez, Alhena fue encerrada en su habitación, planificando su destino, nuevamente aquella voz llegó a su mente. - No te preocupes Alhena, no estás sola, si sigues mis instrucciones, prometo llevarte a lo más alto, llegarás hasta donde tú quieras, jajajaj. - ¿Quién eres?, ¡dímelo!- preguntó la niña en su mente. - No necesitas saber mi nombre, sólo confía en mí y verás que puedes ser lo que siempre as querido, serás más grande que tu hermana, puedes quitarle su estrella y convertirte en la mujer más poderosa del mundo. - Alhena de alguna forma se sentía acompañada por aquella voz misteriosa, comprendió que su destino era permanecer en ese lugar ya que sabía que nadie iría a rescatarla, porque no era valiosa como Althaír para los demás. - De acuerdo, no sé quién eres, sólo enséñame cada paso, prometo aprender rápido. - Así se habla pequeña, tienes el carácter y la valentía para hacer muchas cosas, eres mejor que tu hermana. - No nombres a mi hermana, ella ya no existe para mí, ahora yo seré la reina de todo y un día se inclinarán ante mí. - Muy bien, ahora escucha con atención cada instrucción. - Alhena se quedó escuchando aquella voz por largas horas. Mientras tanto en la nueva casa de Althaír, Jeff acomodaba sus cosas. Tenía una tristeza profunda que no sabía cómo expresar, la Señora Mercedes se encargaba de la pequeña quién dormía aún bajo el efecto del líquido color púrpura que la reina le había dado, Sara no dejaba de pensar en Alhena y fue a buscar a Jeff a su habitación. - Joven Jeff, necesito hablar con usted por favor, soy Sara. - Si, qué pasa. - Joven Jeff, necesito devolverme al castillo. - ¿Estás loca?, ya no queda nada ahí, compréndelo. - Lo sé, pero necesito ir a buscar a Alhena, por favor. - Ven conmigo – Jeff tomó a Sara del brazo y se la llevó hacía el jardín para hablar más privado. - Yo comprendo que estés angustiada por Alhena, pero ahora es muy peligroso salir a buscarla, podrían seguirte y encontrarán a Althaír, eso jamás voy a permitirlo. - Usted es cruel, es una niña pequeña que necesita cuidados al igual que su hermana, ¿o esto es por que ella no posee una estrella?. - ¿De qué estás hablando mujer?, siempre se les dio el mismo cuidado a las dos hasta dónde yo tengo entendido, no comprendo tus palabras. - Entonces debería desplegar a ciertos caballeros para reclamarla. - No sabemos si vive o no, ¿no lo comprendes?. - Es por eso que debemos averiguar que pasó con ella, no entiendo como puede estar tranquilo. - ¿Crees que estoy tranquilo?, no sabes lo que dices, no te dejes llevar por la desesperación, no voy a enviar a nadie a buscar a Alhena, mi prioridad es proteger a Althaír, se lo juré a la reina y así lo cumpliré. - Usted es indolente, no entiendo como la reina le entregó su confianza. - ¡Basta!, he dicho mi última palabra, no se te olvide a quién tienes enfrente, soy el comandante de este pequeño ejército y soy quién velará por el bienestar de la dueña de la estrella dorada, ¿no comprendes que sería el final si descubren a Althaír?, yo si lo entiendo, retírate a tu habitación, ve a llorar tus penas – Sara se sintió ofendida y se fue con aire de desprecio hacía Jeff, este caminó hasta una pequeña colina que tenía un gran árbol y se dejó caer, era un niño aún, su única figura materna, la reina ya no estaba, se sentía solo y desahogó sus penas sobre las faldas de aquel árbol, tenía dolor profundo en su corazón y no comprendía su destino, pero se aferró a la idea de proteger a la pequeña Althaír con todas sus fuerzas. Al otro día llegó uno de los caballeros sobrevivientes de la batalla, mal herido y a penas en uno de los carruajes, uno de los guardias fue a avisarle a Jeff. -¡Joven Jeff, alguien a llegado!- -¿Qué?....- preguntó Jeff asustado y salió de su habitación con su espada. -Joven Jeff, Miguel uno de los guardias sobrevivientes, llegó en malas condiciones en un carruaje viejo y trae consigo el cadáver de la reina Aurora- Jeff sintió que se desarmaba en ese momento y fue a ver la situación, Miguel estaba muy mal, tanto que era imposible que sobreviviera, pero Jeff se inclinó para escuchar sus palabras. -¡Dime!, ¿cómo llegaste hasta aquí?, ¿alguien te siguió?. -No mi señor, nadie me siguió, yo era cercano a la Reina, ella me contó sobre esta casa, puede estar tranquilo, yo, yo no podía dejar a la Reina, ella tiene que descansar aquí, perdóneme por no poder protegerla, por favor, dele una sepultura digna. -¿Sabes qué pasó con Alhena, con la otra niña?- - Sí mi Señor, lo lamento mucho, ella fue secuestrada por Abel, tampoco pude rescatarla, merezco que me mate. -No Miguel, no mereces eso, ¿estás seguro de que Abel la tiene? -Sí mi Señor, de seguro piensa que tiene a la estrella dorada.- No era una buena noticia para Jeff saber eso, pero se sintió tranquilo de alguna manera, porque eso distraerá por un tiempo a Abel y así Althaír estará segura, pero se sentía mal por pensar de ese modo. -De acuerdo, no hables más, descansa. -Mi Señor, yo no voy a resistir, yo sólo cumplí con traer a la Reina, ya me voy en paz. -¡No digas eso, mírame!- exclamó Jeff enérgico y con tristeza. -Mi Señor, yo creo en usted, por favor proteja a la pequeña, ella un día vengará la muerte de la Reina y reconstruirá el reino, usted es valiente y muy capaz, usted tiene una gran misión...- en ese momento la voz de Miguel se apagó para siempre -¡Noooo!- gritaba Jeff con dolor, estaba tan dolido con todo y ahora otro amigo lo dejaba- Jeff se levantó y comenzó a caminar pateando todo a su paso, todos lo miraban atónitos, sin saber qué decir, mientras caminaba se iba quitando su armadura, lanzó lejos su espada, subió la colina y se dejó caer, empuñó sus manos y comenzó a darle golpes al césped, quería sacar toda la rabia que tenía dentro, quería que todo esto fuera una pesadilla, de pronto una mano se posó en su hombro, él miró hacia atrás y era la señora Mercedes, quien le habló con dulzura. -Joven Jeff, yo comprendo su dolor e impotencia, sé que aún es un niño, pero piense que la Reina confió en usted por alguna razón, ella no lo habría hecho si realmente no hubiera visto su potencial, yo estoy segura de que tiene mucho talento, si necesita desahogarse puede confiar en mí, soy una vieja que a vivido mucho y sabe escuchar, sobre todo también sé, guardar secretos.- Jeff se sintió consolado, tenía una sensación de seguridad con la señora Mercedes, se puso de pie. - Gracias por sus palabras, usted es una persona confiable, disculpe mi torpeza, no volverá a pasar, es solo que no puedo asimilar todo tan rápido, a sido demasiado, perdóneme mi Lady. -No, joven no se disculpe, usted no es sólo el joven comandante de un ejército, es una persona, pero debe tener en cuenta que no puede tener estos arranques, si no, ¿qué dirán sus súbditos?, usted es el comandante, yo se lo digo con mucho cariño, porque creo en usted y quiero su bien. -Tiene toda la razón mi Lady, es hora de salir adelante, gracias por sus palabras, vamos a sepultar a la Reina y a Miguel, ellos se merecen una sepultura digna.- Jeff dio órdenes de preparar el cuerpo de la Reina y de su amigo Miguel, mientras él se preparaba en su habitación y se hablaba a sí mismo.- Soy un monstruo, sé dónde está Alhena y no haré nada por rescatarla, ese miserable debe tenerla cautiva- por su mente pasaban ideas y no lo dejaba en paz su conciencia. -¿Qué debo hacer?, si rescato a Alhena pondré en riesgo a Althaír y es cosa de tiempo de que ese maldito se dé cuenta de que esa niña no tiene la estrella dorada, tendré que buscar todas las formas posibles de proteger a Althaír, ¡Dios, no sé qué hacer!... - Jeff se sentía culpable, pero respiró hondo, tomó su capa, su espada y salió de su habitación con paso seguro, bien erguido, llamó la atención de todos, era como si una persona hubiera entrado en la habitación de Jeff y salió otra, un joven distinto, Sara lo miraba de reojo aún enojada pero no evitaba recorrer su figura de pies a cabeza sin suspirar y sonrojarse, era un chico muy apuesto y su nueva postura lo hacía aún más atractivo. llegó el minuto, Jeff se paró frente al cuerpo inerte de la Reina, estaba preparado, con su fino vestido blanco, su corona y rodeada de flores hermosas. Su amigo a un lado con su armadura, espada y su casco, entonces Jeff rompió el silencio de aquel lugar. -En nombre de Sión, damos iniciada la ceremonia de despedida de nuestra querida Reina y nuestro amigo- Jeff sacó su espada y la puso frente a él sobre el suelo, puso sus manos juntas hacia el frente, cerró sus ojos y una luz brillante comenzó a salir de sus manos, la que cubrió ambos cuerpos, una hermosa capa de cristal comenzó a formarse, el de la Reina era de color púrpura, que era el color de su energía y el de su amigo era de color blanco, en la frente de Jeff comenzó a formarse una estrella de color blanco, para sorpresa de todos, Jeff era poseedor de una estrella, ese era el motivo por el que la Reina le dió el título de comandante, todos con la boca abierta no podían creer lo que veían, la luz se hizo más brillante y la energía que emanaba de sus manos se juntó con la de su frente, formando una figura hermosa de cristal, que sería el ataúd donde descansaría la Reina y su amigo. Escogieron un lugar secreto para dejar los ataúdes de cristal y Jeff con sus poderes hizo una hermosa arquitectura, todo de cristal, al finalizar todos se inclinaron ante él y Jeff se sorprendió. -¿Por qué se inclinan ante mí?- uno de los caballeros de nombre Ceos, le respondió. -Realmente usted es digno de llevar el título de comandante mi señor, nadie sabía que usted era poseedor de una estrella- a lo que Jeff respondió. -Levántense todos, escúchenme bien, la Reina descubrió esto en mí, ella es la que siempre merecerá nuestro respeto, sin ella yo no sería nadie hoy. -¿De qué color es su estrella mi señor?- preguntó Ceos. -Es blanca, poseo la estrella blanca, tiene la cualidad de construir y de combate como todas las que existen, pero recuerden que ninguna se compara con la estrella que tiene Althaír, ella sí tiene una estrella poderosa- Todos quedaron atónitos.
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