Unas suaves caricias me despertaron aquella mañana. Cuando abrí los ojos, pude ver a Louis sonriéndome. Yo sonreí de vuelta. Solté un pequeño bostezo a la vez que estiraba mis brazos y piernas. Ayer debimos quedarnos dormidos mientras hablábamos. Habíamos dormido juntos. Ya lo habíamos hecho muchas veces. Él solía quedarse en mi casa y yo en la suya, pero ahora era distinto desde que sucedió algo entre nosotros. —Buenos días —dijo él finalmente. —Buenos días. —¿Has dormido bien? —preguntó. —Mejor que nunca, aunque —resoplé—. Aunque no quiero levantarme. Voy a tener que enfrentarme a mi padre. —Es que te pasaste de la raya, Nora —alzó una ceja. —Lo sé. —¿Por qué no me contaste a dónde ibas? —acarició mi pelo, apartándolo de mi rostro. —Pensé que no lo aprobarías. Ciro es bueno y só

