Muevo la mecedora que tiene a Ciara mientras tengo a Elena pegada a mi pecho que a este punto ya dejó de doler cada que mis hijas comen. Han pasado tantas cosas en estos últimos días, que da miedo pensar en que estará pasando en el infierno. Angus ha mandado mensajes solicitando una audiencia conmigo, y por más que mando negativas no se da por vencido, ya sabe que tenemos hijas en común. No sé cómo llegó esa información al infierno. Pero ahora no tengo mucho interés en aceptar lo que sea que Angus quiera, me fui y no volveré al infierno. Nunca más. Escucho como mi esposo hace cosas tontas con una bolsa para distraer a Ciara que se ríe abiertamente de lo que su padre hace. —¿No es más sencillo que aceptes lo que te ofrece? Mis ojos van a Carbón y niego, es el único que me insiste en que

