Lorena no había vuelto a verse con Roberto ahora que Anthony estaba más presente en la casa. Ambos seguían sin ser un matrimonio normal, pero su esposo se había comprometido en apoyarla durante el embarazo. “No te dejaré sola en esto”, fueron sus palabras. Se sentía ansiosa y cansada. De alguna forma enfermiza se había malacostumbrado a la presencia de Roberto, a su trato duro e insensible. Anthony, en cambio, era todo lo contrario, se comportaba como un enfermero. Preguntándole a cada momento que si estaba bien, que si necesitaba algo; y sí, la verdad era que necesitaba algo, pero no se trataba de una almohada para estar más cómoda o un poco de medicamento, se trataba de sexo. Desde que se casaron no habían consumado el matrimonio y tampoco esperaba que lo hicieran. Era evidente q

