De esa forma, siguieron conversando durante un rato más, Adeline se percató entonces de qué Mauricio era un hombre interesante y, quizás, con el tiempo podría llegar a ser un buen amigo. […] Luego de su jornada laboral, Adeline pretendía llegar a su casa y descansar; sin embargo, Anthony tenía otros planes. En cuanto su auto entró a su zona residencial, pudo verlo de pie en la acera frente a su casa con los brazos cruzados. —¿Qué haces aquí? —preguntó enojada, bajando la ventanilla de su auto para encararlo. —Necesito que hablemos —exigió él, su tono no admitía réplicas. —No puedes venir a mi casa a exigir cosas, por favor vete—subió el vidrio y se dispuso a ignorarlo, metiendo su auto al garaje de su casa. Pero Anthony, de manera suicida, se atravesó—. ¡Estás loco! —gritó, apenas

