NUEVO HOGAR

1614 Palabras
El sol comenzaba a salir en el horizonte, moría de sueño pero no podía dormir junto a un desconocido. Tampoco quería preguntar cuanto tardaríamos en llegar a dónde sea que me llevaba, solo sabía que para ser mi primer -y posible último- viaje, había sido decepcionante y aburrido. Pronto logré ver una hermosa mansión en medio de este bosque de robles. Tenía un bello jardín delantero con una fuente justo en frente de la puerta principal. Bajé del auto acompañada de un guardaespaldas que llevaba mi maleta. Esperé a que mi amo caminara frente a mí y después de estar tres pasos detrás de él, caminé siguiéndolo. Al entrar, lo primero que vi fueron unas enormes escaleras y el lujoso candelabro sobre nosotros. No podía decir más que; una hermosa casa. Una anciana con uniforme junto a un macho vestido de mayordomo se acercan a nosotros. El macho toma mi maleta y se marcha. La anciana se queda con nosotros. Yo no tenía idea de qué hacer o a donde ir. —Ella es Katherine, llévala con las otras, muéstrale su habitación o lo que quieras. Iré a mi recamara a dormir, no me molesten.— al decir eso, se va sin siquiera mirarme. Me acerco a la anciana y le extiendo mi mano para estrecharla con la suya en un saludo, ella me devuelve el gesto y me invita a seguirla. Caminamos por un pasillo debajo de las escaleras y me mostró la que sería mi habitación, me dio un pequeño tour por la mansión; la sala, la cocina, el despacho, las habitaciones principales –entre ellas la de mi amo- y el jardín trasero que era bellísimo había un enorme laberinto formado por arbustos podados, según lo que me contó la anciana, en el centro había un pequeño kiosco con una mesita y estaba rodeado de rosas azules, rojas y blancas. Al lado había una piscina y una mesa muy linda en donde se encontraban tres hembras jóvenes. —Gracias por mostrarme la casa— le regalé la sonrisa más sincera que tenía, no estaba acostumbrada a sonreír— ¿cuál es su nombre? —Juno, señorita Katherine. —Solo Katherine, por favor— me sentí algo apenada cuando me llamó de esa manera. Esto del respeto es extraño— ¿Quiénes son ellas?— con un gesto de mi cabeza, le señalo la dirección en que se encontraban esas hembras— ¿Hermanas de mi amo? —No, son sus mascotas. Son muy amables, se las presentaré. Con su mano me indica que camine frente a ella. Las hembras llevaban una vestimenta casual y ligera, perfecta para el verano. Se veían animadas y consentidas, no tenían marcas ni golpes. Lo que era más raro, es que todas tenían una especie de collar formado por lo que parecía ser un listón n***o atado atrás con un moño. Al ver a Juno, noto que ella también tiene un listón pero el suyo es verde. —Buen día, señoritas. Les presento a su nueva compañera; la señorita Katherine. Y ellas son; la señorita Bonnie, la señorita Bambie y la señorita Poppie. Las dejaré a solas para que se conozcan. Luego de eso se marchó, dejándome con mis nuevas compañeras. Por el aspecto que tienen sé que vienen de alguna Pet shop, aunque no puedo evitar pensar que sus nombres son poco originales; Bonnie es una hembra de conejo, Bambie una hembra de venado y Poppie una hembra de perro. Amablemente me invitaron a acompañarlas, me senté y las vi observarme extraño. —¿Tengo algo en la cara?— pregunté intentando no sonar grosera. —Solo intentamos adivinar tu forma interna. Ya estás en casa y aun ocultas tus orejas y cola, ¿no confías en nosotras?— preguntaba Bambie, con algo de tristeza. —¿Por qué confiaría en alguien a quien no conozco?— Las tres me vieron asombradas por lo que decía. En el mundo de los cambia forma, todo es cuestión de confianza. Mostrar tu bestia interna es darle información a quien esté contigo. Andar libremente con tus orejas y cola es común en casa, ya que no hay nadie que te traicione o te mate. Es por eso que las hembras no damos la espalda al momento de copular, podrían atacarte y no podrías hacer algo al respecto; hacerlo es someterte al macho que esté contigo, darle tu confianza, darle tu vida; si vas por ahí dejando que te monten, no tienes valor como hembra. Para nosotros solo hay alguien a quien debes darle tu entera confianza aunque lo o la acabes de conocer; a tu mate. —Deberías hacerlo, solo nos tenemos a nosotras. Una vez que nuestro amo encuentre a su mate se deshará de nosotras. Es lo primero que te enseñar en las Pet shops.— hablaba Bonnie. —Yo no vengo de una Pet shop, vengo de un club de prostitutas. Ahí las cosas son diferentes; nadie es tu amiga, todos pueden atacarte, estás sola. Creí que me verían con asco después de soltarles algo así, pero no, se veían intrigadas. —Por eso te percibo extraña— me decía Poppie acercándose a mí para olfatearme—. ¿Por qué no tienes olor? Puedo olfatear tu perfume pero no tu esencia. —No quiero hablar de eso ahora. Solo quiero tomar una ducha y dormir un poco— me levantó de mi asiento y me doy la vuelta, apenas avanzo dos pasos cuando la voz de Bonnie me detiene. —A nuestro amo no le gusta que durmamos durante el día. Mejor quédate y charlemos un poco más. —Solo me ducharé. Las buscaré luego. Caminé a la que ahora era mi nueva habitación para quitarme de una vez por todas, el asqueroso olor del club. Entro al baño, me ducho y me visto con ropa más ligera, me siento en mi cama y puedo contemplar mi nueva recamara. Era hermosa, espaciosa y elegante; incluso tenía un balcón, no estaba alejado del suelo, tal vez un metro o metro y medio pero era satisfactorio salir y ver el jardín trasero. Pareciera que aquí viviese una princesa, el colchón es suave al igual que las sabanas y las almohadas, me pregunto si así de suaves son las nubes. Mi cansancio y la nube en la que estaba recostada me llevaron poco a poco a dormir. —Joven amo, despierte. Ya casi es hora de comer y debe ducharse— Juno movía suavemente mi hombro para despertarme. Sin decir nada, me senté bostezando y frotando mis ojos. Me levanté de mi cama y camino al baño me desvestía dejando mis ropas en el piso. Rápidamente me ducho y salgo con una toalla alrededor de mi cintura. Tomo la ropa que Juno dejó sobre mi cama mientras estuve en el baño. Era algo sencillo; unos jeans y una playera blanca sencilla de manga larga junto a unas deportivas. Después de vestirme, voy al espejo más cercano para peinar mi cabello. Juno aparece desde el vestidor y se queda cerca de mí esperando alguna orden. —Gracias, Juno. —Es un placer servirle, joven amo. Volveré por usted cuando la comida esté lista.— Sale de mi habitación. A los pocos minutos de oírla salir, alguien toca la puerta. No respondo esperando a que se larguen, pero vuelven a tocar haciendo un sonido más fuerte. —¡Pasa!— grito molesto, no tolero que entren a mi habitación. Era una mucama quien rápidamente toma la ropa que había dejado en el piso y se retira haciendo una reverencia antes de salir. Sé que Juno ya no es joven como cuando era un cachorro y que necesita ayuda para atenderme pero no concibo en que alguien más invada mi espacio, solo confió en ella. Me siento en el sofá que está frente a la pantalla plana en la segunda parte de mi habitación y comienzo a revisar mi celular esperando no tener tantos asuntos que resolver, esto de ser Alpha fue el peor castigo que pudo darme mi padre. Al ver que estaría toda la tarde hasta la hora de la cena trabajando, meto mi celular en uno de mis bolsillos y me reclino para dormir un poco más antes de bajar a comer. Juno entra a los pocos minutos anunciándome que la comida estaba lista. Camino junto a ella hasta el comedor y me siento en la silla principal con Juno a mi izquierda y a mi derecha dejo una silla vacía. Mis mascotas ya se encontraban en sus respectivos lugares, todos listos para comer. Noto nerviosas a mis mascotas y por unos minutos me pregunto qué está mal, y de golpe recuerdo a la hembra que traje conmigo esta mañana. Miro severamente a Poppie y cuestiono: —¿Dónde está?— no me responde y fijo mi mirada en las demás esperando una respuesta— ¿¡Dónde demonios está?!— golpeó con fuerza la mesa haciendo sonar los cubiertos. —Está dormida, amo— temblorosamente me responde Bonnie. —¿¡Por qué no le dijeron que tenía que estar aquí para cuando bajara a comer?! —Lo hicimos, pero nos ignoró— la tímida voz de Bambie me hizo enfurecer. Me levanto de mi silla y camino furioso a las habitaciones de servicio, olfateando. No notaba una esencia distinta pero sí percibía el perfume que usaba en el auto. Al llegar a la última habitación abro la puerta de una patada y la veo observarme consternada y sorprendida sobre su cama. Le haré saber que aquí mando yo, que este lugar no es ese maldito club de donde la saqué. Tendrá que obedecerme.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR