Capítulo 2

1348 Palabras
DÍAS DESPUÉS Le daba gracias a mi madre por aquel regalo de cumpleaños tan preciso que especialmente hoy me servía de mucho. Consistía en un vestido verde esmeralda en tela de satín, llevaba tirantes y escote recto, no tenía ninguna apertura, pero se ceñía bastante bien a mi figura. Recogí la mitad de mi cabello dorado dejando la otra parte suelta, lo mantenía ondulado y estilizado, dejando varios mechones sueltos a cada lado de mi rostro. Me maquillé sencillo, pero claro, de acorde a la ocasión, sin embargo, mis labios gruesos si los pinté de color rojo. Ya lista me contemplé en el espejo. Me sentía diferente, creo que la última vez que asistí a algo con cierto código de vestimenta fue a la graduación universitaria de mi hermana. Escuché el maullido de mi gato detrás de mi, este estaba rondando el cuarto de baños como si buscara algo. —¿Me veo guapa?… Desvíe la mirada rápidamente al escuchar el tono de mensaje en mi teléfono. Se supone que alguien, “un chofer”, pasaría por mi para llevarme a mi lugar de destino, y aparentemente ya estaba aquí; y no voy a negar que me siento muy nerviosa, pero emocionada a la vez, nunca había hecho algo como esto. Conocer personas nunca ha sido un obstáculo para mi, soy bastante sociable, mucho, quizás, sin embargo, esto era diferente. Tomé mis cosas rápidamente y me dispuse a salir, aseguré mi puerta y, como pude bajé los escalones con estas altas zapatillas que me obligue a ponerme. —Dios mío… —murmuré en voz baja mientras me agarraba de la barandilla. —No dejes que nada me pase, te lo suplico… —¿Lucia? —Subí la mirada al escuchar el nombre falso que utilice para crear el perfil en Damasselectas.com, provenía de una voz desconocida. Diría que no sabía de quién se trataba, pero era idéntico a las fotografías de su perfil… Bueno, quizás luzca un poco más maduro de lo que realmente muestra, pero eso no le quitaba el atractivo, de hecho, juraba que babeaba en estos momentos. —Se nota que te gusta lo que ves, y no me opongo a que admires, pero no me gustaría llegar tarde. «Un poco egocéntrico quizás.» Sentí el rubor correrme desde el cuello hasta mis mejillas, sacudí un poco mi cabeza antes de continuar bajando, lo iba haciendo bastante bien hasta que llegué al último escalón, y sucedió lo que más temía, mis zapatillas se enredaron con el vestido. Gemí esperando quedar estampada contra el suelo, pero fue todo lo contrario, más bien quedé atrapada entre los brazos de este divino hombre egocéntrico. Mis rostros quedó a centímetros del suyo, de cerca se veía aún mejor, sus labios eran más cautivadores, esa ligera barba que llevaba bien colocada y esos hermosos ojos grises… «Wao…» Suspiré de manera involuntaria. Una pequeña sonrisa salió a relucir en sus tentativos labios. —Voy a suponer que estás bien, Lucia. «Lucia.» —Estoy bien. Me incorporé parándome derecha frente a él, me sacaba una cabeza de altura, su estructura física no era corpulenta, sin embargo, se sentía bastante firme cuando lo toque. Estaba algo confundida, se supone que nos encontraríamos en el lugar del evento, no que él vendría por mí. Me ofreció su mano y me llevó hasta afuera. Cabe aclarar que olía bastante bien. Un auto nos esperaba, una que lucía muy lindo y por supuesto costoso, no reconocía la marca; los automóviles no eran lo mío en realidad. Como todo un caballero abrió la puerta y me invitó a pasar; su expresión amable me inspiraba confianza, sin embargo, seguía el consejo de mi amiga y no confiaba del todo en él. —Quiero que sepas —empecé por decirle. —Que alguien sabe en donde estoy, y con quién estoy, en caso de que algo se te ocurra. La sonrisa se ensanchó en sus labios, sus ojos lucían algo divertido. —Tranquila, no pasará nada que tú no quieras. «Nada que yo no quiera.» Mi sentido común diría que aquellas palabras expresaban un doble filo, sin embargo, su tono fue algo jocoso. Me animé a subir, lo vi cerrar la puerta y dar la vuelta. Ni siquiera había notado al chofer tras el volante; llevé una mano a mi pecho disimuladamente. —Hola. —Murmuré tratando de esconder el nerviosismo en mi voz. —Buenas noches, señorita. Me mostró una sonrisa por el retrovisor, yo amablemente le correspondí. Él no tardó en subir. Cómo de costumbre me abroche el cinturón de seguridad. Los asientos se sentían bastante cómodos. La trayectoria inició y con ella el silencio se hizo más prominente, de mi parte era un poco incómodo aunque él parecía estar bastante a gusto, lo que me hacía dudar en sí buscar algún tema de conversación. Tal vez tardé mucho en debatir en si hacerlo, ya que unos minutos después nos detuvimos frente a un edificio bastante alto. Él bajó, lo vi dar la vuelta y luego abrir la puerta de mi lado, me ofreció su mano la cual acepté para luego bajar por igual. Él tomó mi mano, acción que vi fijamente; era un tanto extraño que alguien que recién conocía llevará a cabo tales actos muy afectivos, sin embargo, a él no parecía molestarle en lo absoluto. De todas maneras, me dejé llevar. El lobby era bastante elegante. Nos acercamos a la recepcionista. —Evans Wilde. —Bienvenido, señor Wilde. —Respondió ella con una sonrisa coqueta. Él levantó su mano y ella dejó un brazalete dorado en su muñeca, con cortesía también levantó el mío sin soltarme. Ahora yo también llevaba un brazalete dorado. —Que disfruten de la noche. Le sonreí a medias y una vez más fui guiada por él, llegamos al ascensor, me dejó entrar primero y ahora sí me soltó. Pulsó el piso diez y me dejó pasar antes de él hacerlo por igual. Se recostó de la pared; sus ojos grises se encallaron con los míos, inusualmente ladeando un poco su cabeza. —No te ves como en tus fotos, Lucia. «Lucia.» —¿No? —Negó lentamente. —Lamentó si te decepciona lo que ves, la cámara a veces no capta como en realidad somos, pero, no tenías que elegirme si no era tu tipo. Una sonrisa ladeó sus labios. —Precisamente mi tipo. No me malinterpretes, ese no fue el sentido de las palabras, en tus fotos te ves bastante hermosa, sin embargo, en persona era otra cosa… muy radiante. Las puertas del ascensor se abrieron, yo, con mis mejillas más encendidas que un semáforo en rojo, bajé a su lado. No era la primera vez que recibía un alago, y seguramente no sea la última, sin embargo, ese tipo de cosas siempre lograban sonrojarme, pero la pregunta era clara, ¿a quien no le gusta escuchar ese tipo de cosas hacia su persona? —Gracia. —Murmuré . Volvió a verme a los ojos aún con esa sonrisa en sus labios. —De nada, Lucia. «Ay Lucia.» Su mano se posó en mi espalda, me estremeció, era un toque que no esperaba, pero bastante a gusto. Se trataba de un lugar bastante especioso, había una gran cantidad de personas, pero la adecuada, no se sentía abastecido, lo cual resultaba ser bastante cómodo. Unos largo minutos pasaban sin descanso, yo me dedicaba a actuar como lo que era en estos momentos, una acompañante, Evans, con cortesía me presentaba como Lucía, aquel nombre falso que yo misma me había dado, y admito que no me sentía orgullosa de eso, incluso se sentía bastante raro. Este resultaba ser el dinero más fácil que me he ganado en mi vida, y a fin de cuentas me daba cuenta de que no estaba tan mal, las personas aquí, aunque yo no hablaba mucho y prefería escuchar en vez de hacerlo, daban la apariencia de ser bastante interesantes, agradables, eso provocaba que me sintiera aún más cómoda. Tenía curiosidad por saber que pasaría el resto de la noche con este tal Evans Wild.
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