La noche finalmente llegó, me miré al espejo una última vez. Había elegido un vestido rojo que caía justo por encima de mis rodillas; era sencillo pero elegante, mostraba mis curvas de una manera que me hacía sentir poderosa a pesar de las marcas que el maquillaje apenas lograba disimular en mi rostro. Julia entró en mi habitación y se detuvo en la puerta , mirándome con ojos iluminados de orgullo. —Te ves muy bonita, Dani —dijo sonriendo, mientras se acercaba para arreglarme un mechón de mi cabello. —Ese rojo te ilumina la cara. —Gracias por el halago, querida amiga —respondí, dejando salir un suspiro que untó misma entendí. —Pero seamos honestas... haga lo que haga, Alexander jamás se fijaría en mí de la manera que yo deseo. Para él soy un reto, una distracción o, en el mejor de lo

