CAPÍTULO VEINTIOCHO Genevieve caminaba lentamente, tomando a Altfor del brazo por la amplia plaza de mármol en la parte superior de los jardines del palacio, caminando entre un mundo de opulencia. El mármol se extendía hasta donde sus ojos alcanzaban a ver y estaba decorado con jardines, fuentes danzantes, huertos florecientes; lujo en todo su esplendor. Eran cosas que se le habían negado a su pueblo. Se miró a ella misma vestida con las sedas más finas y con joyería costosa, y se sorprendió al ver que ahora nadie podía distinguirla de los nobles. Hizo que se odiara a ella misma todavía más. ¿En qué se había convertido? Desde aquella noche en que había ido a la cama con Altfor y se entregó a él, había dejado de resistirse y aceptó su papel como esposa, y todo había cambiado radicalmente

