Cuando Héctor regresó al hotel, yo ya lo estaba esperando en la habitación. Había elegido un conjunto casual, pero perfectamente adecuado para la noche. La ropa, como siempre, no era realmente mía. Cada prenda en mi maleta había sido seleccionada por Héctor antes del viaje, como si cada detalle de mi vida estuviera meticulosamente planeado por él. Todo parecía diseñado para encajar en cualquier escenario, como si él hubiera anticipado cada momento que viviríamos aquí. Héctor me saludó con una sonrisa suave, rodeándome con sus brazos antes de besarme. —¿Cómo estuvo tu día? —preguntó, mientras acariciaba mi mejilla con los dedos. —Tranquilo —respondí, evitando su mirada por un instante—. Caminé por la playa. No mencioné a Lucas ni a Max. Algo me detuvo, una voz en mi interior que me decí

