La puerta de su apartamento se abrió con un leve clic, y apenas di un paso dentro, una fragancia dulce me envolvió, suave, como un abrazo que no esperaba. Me detuve un instante, sorprendida. Luces cálidas bañaban el lugar. Sobre el piso flotaban pétalos de rosa, pequeños globos dorados colgaban del techo con cintas sutiles, y sobre la mesa, una fila de velas encendidas oscilaba con gracia, como si respiraran. Una canción suave sonaba de fondo, una de esas baladas viejas que me hacían cerrar los ojos sin querer. —Bienvenida —dijo Justin con una sonrisa cálida, saliendo de la cocina con un delantal que decía "chef por amor". Se acercó y me dio un beso corto, tierno, de esos que quieren decir mucho sin arruinar la sorpresa—. Espero que te guste. Pensé que después de una semana tan pesada, m

