Derek rebuscó entre un montón de camisas colocadas sobre una mesa del Walk-In Cafe. Era muy útil poder utilizar las máquinas para lavar su ropa y, a veces, encontrar algo nuevo que ponerse. Hoy se dio cuenta de que había almuerzo gratis y decidió quedarse a comer. Después, dependiendo de cómo se sintiera, tal vez regresaría a Sandgate. Había algo sumamente atractivo en aquel lugar: la amplia bahía que se extendía hasta la isla de Moreton. A Derek le gustaba acampar en aquel ambiente relajado, lejos de la sucia ciudad y los rostros indiferentes. Además, estaba a un paso de Redcliffe. A veces, la gente asentía y saludaba mientras caminaba a lo largo del paseo marítimo, lo que le hacía sentir bienvenido en lugar de juzgado. Como la joven que había conocido el otro día, la que tenía una niña

