—¿Compraste las cervezas? —Escuchó Melissa decir a Kyle. Tom metió la mano en el asiento trasero y levantó una toalla para mostrar varias cajas de cerveza. —Aquí están, amigo. —Acarició el alijo con cariño—. ¿Dónde está tu hermana? —¿Quién diablos sabe? Siempre tarda una eternidad —refunfuñó Kyle. Melissa tuvo que darle la razón. Esperaba cohibida junto al coche, con el bolso y la almohada apilados en el suelo a sus pies. No se le ocurría nada interesante de lo que hablar con los chicos. Sin embargo, lo que dijo Kyle era cierto: Nadia siempre era la última en estar lista. —Melissa, dame tu bolsa y métete en el coche. Kyle, toca el claxon para que se dé prisa. Melissa entregó sus cosas a Tom, que las metió en el maletero. Incluso le abrió la puerta trasera con un gran gesto de sorpresa

