Octavio la sostiene llevándola al avión, dónde ella se sujeta de la puerta. — Espera, espera…— Octavio sonríe. — ¡Pensé que no ibas a escapar! — Cambie de opinión, bájame, bájame.— Octavio se ríe al ver lo roja que se pone.— Burlarte de mi no o hace menos incómodo imbécil.— Valeria golpea su pecho.— Bájame cavernícola. — Cómo órdenes.— Octavio hace como si la fuera a dejar caer y Valeria no duda abrazarlo fuerte apoyando su rostro de su pecho, sintiendo como él poco a poco se sienta en el sofá aún sujetándola entre sus brazos.— Ya puedes soltarme Valeria. Valeria abre los ojos notando que está sobre su regazo, se sonroja e intenta levantarse sintiendo como él la presiona de los muslos de sus piernas acomodándola ante la sensación que lo hace sentir por su movimiento de caderas que

