Así que el estar aquí contigo también me parece un sueño.
― Pero no lo es ― sonreí.
― No, no lo es ― sonrió él también.
― Las píldoras anticonceptivas que viste el otro día las estoy tomando para nuestra luna de miel ― le revelé, ya que llevaba tiempo queriendo aclararle esto ―. Alice me dijo que seguía viendo un acontecimiento importante en el futuro de todos en el que intuía mucha felicidad, y que continuaba sin poder verlo bien porque era de nosotros de quien se trataba y también debido a la presencia de muchos metamorfos, así que tenía que ser nuestra boda. Ya estaba segura de que todo iba a salir bien, pero ella me dio más confianza. Así que le pedí a Carmelino que me las consiguiera.
― ¿Y las consiguió tan rápido?
― Bueno, para un médico es muy fácil que se las vendan en una farmacia ― reí.
― Claro, me lo imagino ― me correspondió él, asintiendo. Entonces, me puse más seria.
― Las tenía que tomar con antelación para que hicieran efecto, por eso las llevaba ― declaré, acariciando su nuca ―. Quiero que sepas que yo jamás me entregaría a ningún otro.
― Mierda, cielo, no tienes por qué explicarme esto ― afirmó con un rostro arrepentido, llevando sus manos a mi cintura de nuevo ―. Sé que nunca lo harías, al igual que yo, jamás he dudado de ti en ese aspecto. Bueno, vale, ese día me volví loco, pero fue por culpa de ese estúpido rencor, que me cegó durante un instante ― reconoció. Luego, se quedó mirándome y desplegó esa sonrisa torcida que tanto me gustaba ―. ¿Y a qué viene eso de las píldoras ahora?
― Pues a que las píldoras ya hacen efecto ― insinué, llevando mis ojos a los suyos con deseo.
― Ah, ¿ya hacen efecto? ― murmuró con voz sugerente, aproximando su rostro al mío.
― Sí, y estamos a solas, sin hechizos por medio, por fin ― susurré, acercándole a mí con ímpetu.
Mi espalda se topó con la pared y nuestros rostros se unieron del todo, quedando nuestras bocas a pocos milímetros. Ya notaba su dulce y agitado aliento entremezclándose con el mío, eso me volvía loca, mi cuerpo ya se estremecía solo con sentirle pegado a mí.
― Sí, por fin ― repitió con un susurro lleno de deseo.
No perdimos más tiempo. Unimos nuestros labios y comenzamos a besarnos con pasión y ardor mientras jadeábamos sin cesar. Despegué mis manos de su espalda y su nuca y, cuando estaba a punto de rasgar su camiseta para dejar al descubierto ese impresionante pecho, escuchamos un fuerte carraspeo que nos asustó, haciendo que parásemos súbitamente y separásemos nuestros labios para mirar a la culpable con sorpresa.
― Alice, ¿qué… qué haces aquí? ― le pregunté, apurada, aunque sin despegarme de Eli.
― ¿Y cómo demonios has entrado? ― quiso saber él, molesto. Mi tía se acercó a nosotros, danzando.
― Una ventana del saloncito estaba abierta, he entrado por allí ― le contestó a Eli ―. Siento molestar, pero vengo a por ustedes para las despedidas de soltero y soltera ― contestó, sonriente, dando una palmada mientras se elevaba con un balanceo de puntillas.
― ¿Las… despedidas de soltero y soltera? ― repetí, pestañeando. Eli y yo nos miramos y volvimos la vista hacia ella.
― Sí, claro, no querréis casaros sin hacer una despedida, ¿no? Ya estamos todos listos, así que, venga, ducharos o hacer lo que tengáis que hacer y prepararos, que nos vamos dentro de un rato.
― ¿Ya estáis todos listos? ¿Quiénes? ― inquirió Eli, separándose de mí para verla mejor.
― Ay, pues todos, quiénes vamos a ser ― suspiró mi tía ―. Tus chicos, sus novias y mujeres, el aquelarre de Tempfis…, todos. Nos vamos de cena por separado, por supuesto, los chicos por un lado y las chicas por otro, y como sé que no soportaréis estar separados mucho más tiempo, luego quedaremos todos en una discoteca. No os imagináis lo que me ha costado encontrar dos restaurantes que nos reservara unas mesas tan grandes ― resopló, aunque orgullosa.
Mi chico y yo volvimos a mirarnos.
― ¿Y no podemos dejar la despedida para mañana? ― le pregunté.
― ¿Para mañana? ― parpadeó Alice.
― Bueno, como la boda es el domingo, podemos hacerla mañana con más tranquilidad.
― Ali, el domingo es mañana ― me aclaró ella con voz de sorpresa.
― Oh.
― ¿Por qué te crees que nos juntamos todos? ― me explicó ―. No hay tiempo para que la gente de La Rush organice sus despedidas y yo las nuestras. Eso sí, los que os alimentáis de comida humana vais a tener que comer mucho, porque si no, sobrará un montón de platos ― rio.
Con la diferencia horaria, me había hecho un lío y había calculado mal el día en el que estábamos. Claro, hoy era sábado, no viernes, y mañana… Mañana era domingo. ¡Mañana era la boda!
De repente, me entraron unos sofocos enormes.
― Oh, Dios, tengo… No tengo vestido de novia ― caí, empezando a pasear de aquí para allá, llevándome la mano a mi pelo ―. Tengo… tengo que buscar uno, donde sea, como sea. ― Me paré en seco ―. Oh, Dios, y hay que organizarlo todo, hay que…
― Tranquiiiiila ― me paró Alice, poniéndome las manos sobre los hombros para que me relajase de una vez ―. Todo está listo, así que no te preocupes por nada, ¿de acuerdo? Ha sido un largo año de sufrimiento y de luchas, ahora toca divertirse.
― ¿Cómo que todo está listo? ― pestañeé, perpleja. Después, Eli y yo volvimos a miramos, sorprendidos.
― Tengo que reconocer que la gente de aquí es muy perseverante y muy buena amiga de sus amigos ― le reconoció a Eli, el cual desplegó una sonrisa orgullosa ―. Tu gente ya ha organizado todo lo referente a la ceremonia y al convite, tenéis las alianzas y todo, incluso el tema de tu vestido está arreglado ― afirmó, ahora dirigiéndose a mí con una sonrisa totalmente satisfecha, señal de que ella había metido mano en este último asunto.
― ¿Tengo… tengo vestido? ― inquirí, gratamente sorprendida y aliviada ―. Pero, ¿cómo…?
― El lunes, cuando entré en el vestidor de tu antiguo dormitorio, encontré tu vestido de novia, o, bueno, lo que quedaba de él ― suspiró con un gesto de dolor. Mi corazón se retorció al acordarme de cómo había sido destrozado ―. Por suerte, la parte superior estaba intacta, así que quedé con Sarah y se la llevé para que recompusiera lo de abajo con algún apaño que se le ocurriese.
Mi rostro se iluminó y me lancé a ella para abrazarla.
― ¡Alice, Alice, Alice! ― exclamé, levantándola mientras daba saltitos.
La dejé en el suelo y abracé a Eli, que se rio y me dio un beso en los labios.
― ¿Ya estás tranquila? ― quiso saber él.
― Sí ― sonreí.
― Mañana todo saldrá genial, ya lo verás ― afirmó, acariciando mi mejilla.
Me moría por besar esos labios…
― Pues, vamos, a arreglarse, que nos vamos ― azuzó mi tía, sacándome de mis pensamientos.
Me despegó de Eli, tomándome de la mano, y me obligó a subir las escaleras con ella mientras los tres nos reíamos.
Cuando llegué a nuestro dormitorio, me invadió ese nudo emocionado de nuevo, eran tantos buenos momentos en él, pero Alice enseguida me entretuvo, buscándome un modelito que ponerme. Mientras ella sacaba uno de mis vestidos, me fui hacia la ducha para que a Eli también le diese tiempo a ducharse. En cuanto los dos nos arreglamos, nos marchamos de nuestra preciosa y añorada casita.
Antes de separarnos por sexos, quedamos todos en Forbish. Entonces, entendí por qué todo el mundo estaba tan ocupado hoy. No había venido más gente a casa, no se habían quedado más tiempo con nosotros, porque todos querían darnos una sorpresa, la cual fue muy emotiva. Casi toda la manada estaba allí con sus parejas ― los que faltaban estaban patrullando ―, incluso Hall, Simón, Billy, Bonjo y Sol, y una vez más, me vi rodeada de abrazos, besos y lágrimas de bienvenida.
Me sentí genial, arropada, querida, como si nunca me hubiese ido. También estaban allí Barbie, por supuesto, que acompañaba a Seth, Olga y las gemelas, que no entendían mucho, lo único que sabían era que yo había roto con Eli, cosa que me dolía como si me clavasen un puñal, y que había vuelto con él, arrepentida de mi gran error, para casarme.
Eso es lo que Barbie les había podido decir. En fin, me moría por contarles la verdad, pero era evidente que no podía hacerlo. Barbie también les había dicho que Olga había vuelto, por lo que, además de darme la sorpresa y bienvenida a mí, se la habían dado a Olga.
Mi familia ― excepto Alice, claro ―, el aquelarre de Tempfis, Teresa, Mercedes, Louis y Monique ya nos esperaban por separado en los respectivos restaurantes, así que le di un beso a Eli ― beso que me hubiese gustado que fuera más largo si no hubiese sido por todas mis amigas ― y las féminas nos dividimos de los chicos para marcharnos.
Las despedidas se iban a celebrar en Bond Alidern, por lo que tuvimos que repartirnos en varios coches.
Ya les había pasado con Alice, pero Jellier y Allyson se quedaron alucinadas con mi madre, mis tías y todas las mujeres vampiro que nos encontramos en el restaurante, sobre todo por la belleza tan llamativa de Katy. Por supuesto, no sabían que eran vampiros, y para ellas mi madre y mis tías eran mis primas.
Las gemelas no fueron las únicas que se quedaron impresionadas con las chicas vampiro, los comensales del restaurante incluso dejaron de comer al ver tanta belleza junta, aunque también era por el gran número de féminas que éramos y el divertido contraste que creábamos, ya que íbamos del blanco pálido y níveo de la piel de los vampiros, a la tez morena y cobriza de las wuilbritlayute.
A mamá y todas las chicas vampiro no les quedó más remedio que tragarse algo de la comida humana que nos pusieron en el plato, por lo menos para disimular un rato. Después achacaron su falta de hambre a guardar la línea. El resto cenamos muy bien, y fue una velada muy amena y divertida en la que no faltaron las típicas bromas de una despedida de soltera. Gracias a Dios, mis amigas wuilbritlayute estaban allí para poner un poco de alegría al asunto.
Me lo pasé muy bien, pero para ser sincera del todo, tengo que reconocer que no hacía más que pensar en Eliot, en cómo lo estaría pasando con el resto de los chicos, todos mezclados con los hombres de mi familia y amigos vampiros. Era paradójico, la manada se dedicaba a cazar seres como los que estaban cenando con ellos, pero ahí estaban, todos juntos en armonía. Bueno, eso esperaba.
Cuando terminamos de cenar, Teresa, las chicas de Tempfis y Sol decidieron irse a casa, así que ellas se marcharon en un taxi y las demás nos fuimos a la discoteca donde habíamos quedado con los chicos. Yo ya estaba ansiosa por ver a Eliot, no podía evitarlo, se me notaba en la cara. Habíamos estado demasiado tiempo separados y lo único que quería ahora era pasar todos los minutos de mi vida junto a él.
La discoteca estaba abarrotada de gente, cómo no, era sábado. Conseguimos entrar y llegar hasta la pista. Lo primero que hizo mi vista de semivampiro fue buscar a Eliot entre toda esa gente. No me costó mucho ver que no estaba. No había ningún grupo en el que destacasen sus cabezas por encima del tumulto de personas, así que supe que aún no habían llegado.
― Vamos a tomar algo ― me instó Raquel, cogiéndome de la mano para acercarnos a la barra.
― Espera, yo también quiero pedir ― se unió Hall.
Y de repente, todas las wuilbritlayute, mas las gemelas, Olga y Barbie se agregaron a nosotras para ir hacia la barra. Estábamos justo al lado, así que no fue difícil acceder a la misma. Raquel y yo nos hicimos un hueco y la escotada camarera se acercó a nosotras.
― ¿Qué quieres? ― Me preguntó mi ya casi cuñada.
― Una cerveza sin alcohol.
― Yo otra ― dijo Jellier.
― Y yo ― siguió su hermana.
Y, una vez más, el resto se unió a la petición.
Raquel pidió todas esas cervezas a la camarera, las repartió y sacó la cartera para pagar.
― ¿Qué haces? ― le detuve ―. Esto lo pago yo. Es mi despedida, ¿Recuerdas?
― Quietas, quietas ― intervino Alice, que salió de la nada ―. Está todo hablado con el dueño de la discoteca para que me envíe la cuenta mañana, así que nada de pagar.
― ¡Alice! ― protesté.
― Era lo más cómodo, no querrás que nos peleemos todos por pagar, ¿no? ― alegó ella ―. Además, nosotros queríamos invitar a todos como agradecimiento por su ayuda.
― Ali ya forma parte de nuestra familia, no tenéis que agradecer nada ― afirmó Raquel, sonriendo.
― Nosotros queremos agradecerlo igualmente ― declaró mi tía, sonriendo también.
Raquel asintió para aceptar su gesto, mi tía hizo lo mismo para ratificarlo y me dio un beso en la mejilla para danzar hacia las demás.
Sonreí.
Eché otro vistazo general a la entrada de la sala y al no ver señal de los altos wuilbritlayute, me volví al frente para coger mi cerveza.
― Hola, preciosa, ¿estás sola? ― me dijo una conocida voz ronca a mi lado con insinuación.
Mi corazón comenzó a latir aceleradamente. Me giré y vi a Eli, que se había apoyado en la barra y me sonreía con esa sonrisa torcida que me volvía loca. Estaba tan guapo con esa camisa azul… Me moría por lanzarme a sus brazos para besarle, pero me contuve para seguir su juego.
― Pues no, estoy esperando a mi novio ― le contesté, simulando un tono un tanto cortante.
― ¿Ah, sí? ¿Y dónde está? ― siguió él, mirando alrededor para buscarle.
Se me escapó una risilla, aunque la controlé enseguida.
― Está en su despedida de soltero, pero va a venir ahora ― respondí, tomando un trago de mi botella.
― Vaya, ¿en su despedida de soltero?
Dejé la cerveza en la barra y me giré hacia él.
― Sí, y esta es mi despedida de soltera ― le solté con una sonrisa que no pude evitar ―. Nos casamos mañana.
― ¿Y qué le ves a ese tipo, para casarte con él? ― Su sonrisa pícara se amplió.
Me acerqué más a él.
― Es muy guapo y está como un quiere ― le revelé con un murmullo, llevando mi dedo a su pecho.
― ¿Solo eso? ― murmuró Eli con otra sonrisa torcida. Me arrimé más a su cuerpo.
― Es fuerte, simpático, alegre, divertido, leal, fiel, inteligente, honesto, generoso, impulsivo y la persona más maravillosa del mundo, que digo del mundo, del universo entero ― susurré, perdiéndome en mis adorados ojos negros ―. Y me siento muy protegida entre sus brazos.
Me rodeó con los mismos y me apretó contra él, haciendo que nuestros rostros ya se tocasen. Mi boca dejó exhalar un suave suspiro al tenerle tan pegado.
― ¿Como ahora? ― susurró en mis labios, provocando al vello de todo mi cuerpo.
― Sí. ― Solo me salió un hilo de voz.
Unimos nuestros labios para besarnos con pasión mientras mis manos ya se perdían por su pelo y sus hombros.
Dejé su cabello para llevar mi mano a su mejilla y le mostré la puerta que había visionado al entrar en la discoteca donde ponía privado. Después, le mostré todo lo que se me ocurría que podíamos hacer allí.
Soltó mis labios, nos miramos, sonriendo, y me tomó de la mano para iniciar la marcha hacia ese almacén.
― ¿No quieres tomar nada, Eliot? ― Nos detuvo mi padre, señalando al resto de los wuilbritlayute, que estaban esperando a Eli para dirigirse a la barra.
Escuché el ligero gruñido de mi chico. Suspiré. Tendría que esperar a llegar a casa.
― Venga, ve a pedir algo con ellos ― le exhorté, empujándole hacia los chicos.
― ¿Seguro? ― me preguntó.
― Sí, ve.
Eliot se unió a ese grupo, papá sonrió con satisfacción y yo le dediqué un mohín.
La música sonaba muy alta, pero nosotros nos escuchábamos perfectamente. Billy, Bonjo y el aquelarre de Tempfis también se habían ido a casa después de cenar. Eli no tardó nada en regresar a mi lado, sosteniendo su cerveza y la mía, la cual me pasó.
― ¿Qué tal lo has pasado en la cena? ― inquirí, tomando otro trago de mi botellín.
― Muy bien ― asintió, y de pronto, su sonrisa se amplió, adquiriendo un matiz un tanto maléfico ―. Hicimos que tu padre tuviera que tragarse todo un bistec, no veas la risa que pasamos.
― ¿En serio? ― pestañeé, riéndome.
― Sí ― se rio ―. Verás, primero el camarero vino y le preguntó si no le gustaba, ya que tu padre fue el único que ni lo probó. Entonces le dijimos al tipo que estaba un poco crudo y que a él no le gustaba así. El camarero se llevó la carne y la trajo más cocida, ya sabes, sin que sangrase una gota y eso. Y después retamos a Axel para que tuviera que tragárselo delante del camarero. ― Empezó a carcajearse.
Mi padre le dedicó una mirada asesina, aunque los wuilbritlayute, y también Brend, acompañaron sus carcajadas y el resto de vampiros también sonrieron.
― Pobre papá ― me reí.
Brend y Katy se acercaron a nosotros.
― Toma, perro, te he traído unos huesos ― dijo Katy con una sonrisa maliciosa, alzando una bolsa de plástico transparente para mostrársela a Eli.
― Vaya, rubia, veo que no puedes olvidarte de mí ni un instante.
¿Tanto te preocupas por mí, que me traes comida?
― Eres la mascota de la familia, alguien tiene que alimentarte ― siguió ella.
― Claro, y por eso te encargas tú ― dedujo él, ampliando su sonrisa ―. Lo intentas disimular, pero en el fondo me quieres, lo sé.
― Sigue soñando, perro ― contestó mi tía, tirando la bolsa al suelo, aunque no pudo evitar que se le escapase una sonrisita.
Eli se rio con satisfacción.
Nos quedamos varias horas en la discoteca, bailando y charlando. Me lo pasé genial, había estado encerrada un año, y el poder salir y hacer algo normal fue como volver a la realidad de nuevo. Hasta que llegó la hora de marcharse.
Salimos de la discoteca y nos dirigimos hacia los coches. Iba a marcharme con Eli, cuando mamá tiró de mí.
― ¿Adónde vas? ― Rio ―. Hoy no puedes dormir con él, te vienes a casa con nosotros.
― ¿Qué? ― parpadeé, mirando a Eliot con agonía.
― Nada de dormir juntos hasta la noche de boda ― dijo ella.
― Pero, pero…
Mis ojos no se despegaban de él, que también me miraba un poco sorprendido.
― Es la tradición ― siguió Alice ―. Además, mañana hay que preparar muchas cosas, hay que vestirte, peinarte, maquillarte… Y si ya estás en casa, será más fácil para todos.
― Tienen razón, Ali ― aceptó Eli, acercándose a mí ―. Es mejor si ya duermes allí. Además ― subió su mano para acariciarme la mejilla ―, yo también tengo que preparar muchas cosas.
― Pero yo quería…
Acercó su boca a mi oreja y susurró.
― No me importa esperar. Eso hará que la noche de boda sea más interesante, ¿no crees? Todo el vello se me puso de punta.
― Claro que sí ― asintió Alice, tirando de mí de nuevo ―. Bueno, chicos, hasta mañana.
― Hasta mañana ― se despidieron los wuilbritlayute.
― Mañana te llamamos para organizarnos ― le dijo papá a Eliot.
― De acuerdo ― contestó él.
Otra vez miré a Eli, el cual me sonrió. Suspiré. No me quedó más remedio que rendirme a su sonrisa y se la correspondí. Bueno, puede que tuvieran razón. Esperaría un día más, no era para tanto. Y la noche de boda sería especial y mágica.
Me subí en el coche con mis padres y no dejé de mirar a mí ya casi marido por la ventanilla hasta que nos alejamos de allí.
Comienzo. part 1
Me resultó un poco raro dormir en mi antigua y enorme cama sin Eli, ahora que todo se había arreglado, aunque también me trajo muchos recuerdos.
Recordé la primera vez que Eli durmió en esta cama, sobre la colcha, después de aquella horrible pesadilla, y cómo yo me fijaba en su impresionante pecho a la luz de la luna llena; las veces que nos tumbábamos, me acurrucaba sobre su torso y él me pasaba los dedos por el pelo, haciéndome casi ronronear; aquella otra noche de luna llena en la que él regresó después de marcharse por mi culpa, por mentirle y decirle que solo quería ser su amiga, en la que la luz de ese satélite iluminaba sus iris negros, confiriéndole un brillo especial con ese reflejo blanco, y su rostro me parecía aún más hermoso…
Finalmente, me dormí por puro agotamiento.
En cuanto me desperté, lo primero que hice fue coger el móvil de la mesita. Me quedé sentada, marqué el número de Eli a toda velocidad y esperé al único tono que sonó.
― Buenos días, preciosa ― me saludó nada más descolgar, se notaba que con una enorme sonrisa.
Sonreí al imaginármelo. Escuchar su ronca voz fue como música para mis oídos.
― Buenos días.
― ¿Has dormido bien? ― me preguntó.
― Regular. Te he echado mucho de menos ― confesé, enroscando mi dedo índice con la sábana.
― Sí, yo también ― volvió a sonreír ―. ¿Estás nerviosa? Porque yo estoy neurótico perdido.
― Estoy histérica ― reí.
Eliot acompañó mi risa al otro lado de la línea.
― Me parece que hoy va a ser un día muy largo para los dos.
― Sí ― asentí, sonriendo ―. Por cierto, ¿dónde has dormido? ¿En casa o con Billy?
― Con mi viejo ― contestó. Entonces, escuché las voces de Billy, Raquel y otra voz femenina que me pareció la de Rebecca. Estaban montando un barullo tremendo ―. Mierda. Escucha, tengo que dejarte, nena, ya me están liando para que vaya a la peluquería.
― Vale ― reí otra vez.
― Nos veremos en el altar.
― Sí ― sonreí.
― Te quiero.
― Te quiero. Y colgamos.
Dejé caer la espalda sobre el colchón con los brazos en cruz y sonreí de felicidad. Estuve mirando el techo un buen rato de esa guisa, con cara de tonta, hasta que me cansé.
La luz del sol entraba por la cristalera, invadiéndolo todo, hoy hacía un día precioso. Que esto sucediera en Forbish, era tener suerte.
Me levanté, me duché y bajé a la cocina para desayunar. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que Esmeralda me había preparado un delicioso desayuno.
― Muchas gracias, Esmeralda ― reí con entusiasmo, y le di un beso en la mejilla ―. ¡Y hasta me has hecho tarta de fresas! ― exclamé cuando la vi, sentándome a la mesa.
― Por supuesto, cielo, sé que es tu favorita ― sonrió, mostrando esos adorables hoyuelos mientras pasaba su mano por mi pelo húmedo ―. Hoy tienes que alimentarte bien, es un día muy importante.
― No sé si seré capaz de comer algo ― reconocí, partiendo los huevos revueltos con el tenedor ―. Creo que esta comida va a ser la única que pueda meterme hoy.
Esmeralda sonrió de nuevo y se sentó frente a mí.
― Estar nerviosa es normal, es un paso muy importante en tu vida.
― Más que nerviosa, estoy ansiosa ― le confesé, un poco ruborizada ―. Ahora mismo me hubiera gustado que las bodas wuilbritlayute fueran al amanecer, en vez de al anochecer ― reí.
― Por cierto, eso me recuerda algo ― dijo ―. El vuelo hacia la isla de Santa Lucía sale a las cinco de la mañana, así que tendréis que estar en el aeropuerto a las cuatro como mínimo para que les dé tiempo de embarcar sin problemas.
Sonreí al recordar nuestro viaje de luna de miel. Por fin íbamos a poder irnos a ese islote privado que quedaba a unos kilómetros de la isla de Santa Lucía. Lo malo es que íbamos a tener que viajar justo después de la celebración de la boda, con lo cual, la noche de boda se iba a retrasar, pero sabía que la espera iba a merecer la pena.
― De acuerdo ― asentí ―. Gracias por todo, abuela, aunque ya le daré las gracias al resto, también.
― De nada, cielo ― sonrió, satisfecha y complacida ―. No tienes por qué agradecernos nada, es el regalo de boda de todos.
― De todas formas, gracias ― insistí.
Sí, nuestra luna de miel era el regalo de toda mi familia, bueno, de casi toda, porque mis padres le iban a regalar la Harley a Eli y un regalo secreto para mí que no había manera de sonsacarles. Carmelino y Esmeralda ponían el viaje, Katy y Brend ponían el alojamiento, esa enorme casa de lujo que tenían en el islote y al que habían ido varias veces, seguramente en una de sus múltiples lunas de miel, con un servicio de abastecimiento y limpieza incluido que venía en barco todas las mañanas; y Josh y Alice nos habían alquilado una avioneta privada para que fuéramos a la isla de Santa Lucía todas las veces que quisiéramos y a cualquier hora. El aquelarre de Tempfis, Louis y Monique también nos habían preparado algo, aunque no nos lo habían querido decir para no estropear la sorpresa.
Me tragué el desayuno como pude, si bien la tarta de fresas me entró estupendamente, y ayudé a Esmeralda a recoger mi plato, ya que ella lo había hecho todo en escasos segundos.
Justo cuando salía por la puerta de la cocina, escuché el ruido de un motor acercándose.
― Es Sarah, te trae tu vestido de novia ― me reveló mi padre, que estaba en el níveo sofá leyendo el periódico, junto a mi madre ―. Y le ha quedado precioso, por cierto.
Mi sonrisa se amplió aún más.
― ¿Mi vestido de novia?
Antes de que Sarah aparcara su vehículo, yo ya le estaba esperando en la puerta.
Salió del coche, se acercó al maletero, el cual abrió, sacó una funda y una caja redonda de cartón, cerró el maletero y llegó hasta el umbral.
― Buenos días, Al, te traigo tu vestido y tu corona de flores ― me anunció con una sonrisa.
La mía ya no me entraba en la cara.
― Pasa. ― Le cogí de la muñeca y la llevé hacia dentro con presteza.
En un abrir y cerrar de ojos, todas mis tías, mi madre y mi abuela estaban revoloteando a nuestro alrededor.
― ¡Vamos arriba para que te lo pruebes! ― clamó Alice, ahora tirando ella de mí.
― Esto es como abrir la caja de Pandora ― se rio Brend, que se sentó al lado de mi padre.
― Sí, imposible de parar ― siguió Josh, haciéndolo en la butaca de al lado.
Ambos se rieron.
No sé cómo fui capaz de subir las escaleras sin caerme, ya que las tenía pegadas a mí como lapas. Menos mal que mis tías de Tempfis habían salido de caza junto a Teresa y el resto de su aquelarre. Mercedes observaba la escena desde uno de los sillones con una sonrisa tímida.
Entramos todas en mi cuarto y, cuando Sarah y yo nos dimos cuenta, mamá, mis tías y Esmeralda estaban sentadas en la cama, esperando.
― Venga, ¿a qué esperas? ― azuzó Katy ―. Tengo que ver cómo es para ir pensando en el peinado que te voy a hacer.
― Voy a llevar el pelo suelto ― le adelanté ya, por si acaso.
― Alguna horquilla para despejar tu cara te quedaría mejor ― afirmó ella.
― Bueno, ya veremos ― respondí.
Sarah posó la funda en la cama, un neceser con material de costura, y abrió la cremallera de lo primero.
― Espero que te guste ― me dijo, sacando el vestido con cuidado.
Cuando lo extendió sobre la colcha, mi rostro se iluminó como si el sol estuviese enfocándome con uno de sus rayos.
― ¡Es precioso! ― exclamó Alice con entusiasmo, levantándose de un salto para verlo mejor.
Mi amiga wuilbritlayute lo cogió y lo alzó para que lo viese mejor.
― ¡Sí, es precioso! ― alabé, emocionada. Y nerviosa. Tener mi vestido ahí, me hacía recordar lo cerca que estaba mi sueño. Solamente faltaban unas horas ―. ¡Te ha quedado genial, Sarah, muchas gracias! ― reí, abrazándole.
― Cuidado, el vestido ― me paró entre risas.
― Oh, sí, perdón ― murmuré, ruborizada, apartándome de ella ―. No sé cómo hacer para pagártelo, en serio, ni para pagarte todo el tiempo y el esfuerzo que le has dedicado.