CAPITULO 3

1483 Palabras
29 de setiembre 2021 Los días pasan y el encuentro con Bruno es cosa del pasado. Mi madre se ha encargado de toda la fiesta para anunciar mi relación con Thomas, ella está más entusiasmada que yo. -Tienes que estar presentable Sua, no me puedes hacer pasar vergüenza. Vergüenza, eso es lo que le causo a mi madre y a mi padre, no soy lo que ellos quieren que sea y ellos no son como yo quisiera que fueran. Supongo que ellos no me eligieron y yo no a ellos, solo nos queda coexistir. -Si madre, me pondré el vestido turquesa. La rutina es la misma, veo que entran muchas estilistas a mi habitación, me sientan frente al espejo y sus halagos son siempre iguales. -Pareces una muñequita. Estoy harta de que comparen con una simple muñeca, una muñeca hueca y sin emociones eso es lo que soy para muchos. -Gracias. -intento sonreír. Sacan sus peines, su plancha de cabello y miles de sombras de tonos turquesas, las veo trabajar en mi rostro, cabello y uñas, todas con el mismo propósito, verme decente ante los ojos de las víboras que vendran a mi casa. Abro los ojos y lo que veo en el espejo es todo, menos a la Sua que yo conozco. -Se ve increíble señorita, parece una princesa. Prefiero ser una princesa antes que ser una muñeca. Asiento y salgo del pequeño transe en que el estaba. Al bajar veo a todos apurados colocando los adornos, las mesas, las flores para que esté totalmente ordenado Todo por una maldita cita con Hilton. -Estas hermosa hija -mi padre se aparece y su voz tiene un efecto escalofriante en mi persona. -Gracias padre -mi voz sale como un susurro y no es novedad para él. Albert Walton, nunca fue un padre amoroso, los primeros recuerdos que tengo de él son golpes, gritos y malos tratos hacia mi madre y hacia mi. A veces tenía pena por mi madre, pero ella lo acepto y yo también. La vida es dura, pero cuando te acostumbras a eso ya todo es más fácil, siempre fui la princesa de porcelana para los demás, pero para él yo era una princesa de hierro, que no tenía derecho a romperme. —Te ves preciosa — una sonrisilla se me escapó al ver a Thom con su pajarita frente a mí. —Gracias. Tú también te ves guapo. Las personas a mi alrededor solo murmullan entre ellos, no sé si lo que dicen es bueno malo o horrendo, la verdad es que tampoco es algo que me importé mucho, a través de los años aprendí a lidiar con todo tipo de comentarios. —Estas toda flacucha, no tienes ni curvas. —un comentario inofensivo que me causo más de una inseguridad, desarrollé bulimia y nadie se dio cuenta, el ejercicio se volvió mi mayor aliado y cuando caí en un cuadro de ansiedad todos me vieron como loca. —Eres muy pálida, no tienes nada de color —comentario que hizo que desarrolle una obsesión poco sana al querer quemarme la piel, lo último que recuerdo fue mi piel roja y pelándose por mi afán de broncearme. —Sigues siendo una niña, yo quiero una mujer. —comentario que hizo que yo cambiara mi manera de pensar y lastimara en el proceso mi cuerpo, alma e integridad. Con el pasar de los años aprendes a convivir con "comentarios" pasivo-agresivos porque si te dejas llevar por el lobo puede ser que acabes devorada. —En que tanto piensas Sua —Thom toca mi brazo disimuladamente y habla en susurros para que los demás no nos escuchen. —En nada —miento. Los invitados están muy cómodos por lo visto y yo lo único que quiero es escapar. Me escabullo entre todos y llego a la bodega, mi padre es un fiel admirador de tener distintos tipos de vino, desde los más recientes hasta los más añejos. Sirvo una copa y lo tomo de un solo sorbo, el licor dulce es agradable a mi paladar y sirvo otra copa sin perder la oportunidad de tomarlo de un sorbo otra vez. —¿Sua? —la voz de Thom se hace presente. —Mmm. —No deberías estar tomando sola Sua —se sienta en el piso justo a mi lado y me quita la copa de la mano. —¿Qué haces? —sin esperar que yo pregunte algo más se bebe un largo trajo del líquido carmesí. Ambos nos turnamos con la botella y cuando siento mi cuerpo lo suficientemente alcoholizado digo algo que sobria nunca diría. —Contigo la paso bien, me siento tranquila. Con Robert todo era un caos, el solo quería meterse entre mis piernas y no es que no lo haya conseguido, pero después de eso era violento. —Robert es un idiota, yo solo quiero cuidarte —sus manos van de mis mejillas al hueco de mi cuello y nuestros labios se van rozando. La química que siento en este momento es inigualable, pero sé que, si hago esto no quedara en solo un beso y mis planes con Davis se irían al carajo, Thom es mi línea de escape, no puedo hacerlo a perder ahora. —No creo que sea apropiado. — mi voz sale tan aguada por el efecto del vino. —Es verdad, pero no quiero alejarme. Sus manos viajan por mis hombros y se detienen en mi cintura apretujando un poco más de lo debido. De mis labios sale un leve gemido que es callado por su boca. La cordura la perdí hace bastante y si la vida es una sola, yo la voy a vivir al máximo. Poco a poco nos alejamos con las respiraciones agitadas, el sigue tenido sus manos en mi pequeña cintura y solo lo escucho respirar. En un movimiento brusco me suelta y solo lo veo alejarse, no me sorprende porque es hombre, pero me sorprende su cambio repentino, si estaba un poco acalorada por el vino y el momento con Thomas, pero después de su actitud se me paso todo. Me levanto y acomodo mi vestido, salgo a la multitud nuevamente y es como si mi presencia no les hubiera importado, todos siguen charlando y bebiendo, respiro tranquilamente y busco a mi madre con la mirada. La veo con la madre de Thomas riéndose, si supieran lo que estuvimos a punto de hacer no estarían así de tranquilas, las mujeres de alta sociedad se escandalizan por cualquier minúsculo demostramiento s****l, para ellas es abominable, asqueroso, repugnante, pero díganles que sus maridos las engañan y lo ven normal, lo único que dicen es "son hombres, tienen necesidades", díganles que sus esposos las agreden física y verbalmente y solo dice "es que yo dije/hice algo que a ellos no les gusto" Me alejo nuevamente y mi mirada cae en la de Robert Williams, alias el mayor hijo de puta, mis pasos apresurados y torpes me impiden ir a mi escondite. —¿Porque huyes de mi muñequita? —su asqueroso apelativo me remueve el estómago. —Quita tus manos de mí, que ya no soy tuya. —Robert ríe y aprieta su agarre. —Siempre serás mía, así no sea en tus sueños, serán en tus pesadillas —su susurro me deja un escalofrío en el cuerpo. —Interrumpo algo — la voz de Thomas no me desagarrada en este instante y con los ojos le suplico que saque al sujeto de mi lado. Robert me suelta de mala manera que mi cuerpo se tambalea un poco, pero logro estabilizarme. —No interrumpes Hilton. — lo veo alejarse y por fin vuelvo en sí. —Ya no soy una leprosa o ¿qué paso? — mi pregunta no pasa desapercibida por el y solo rie. —Perdona mi actitud, me enoje conmigo por haberte besado en esa circunstancia y antes de que hables déjame explicarme. Te vi escabullirte entre todos para esconderte en la bodega, no sabía si seguirte o no, pero no quería que estuvieses sola, pero sabía que ir ahí desencadenaría cosas de las cuales no sabía si me iba a arrepentir, escuché como destapaste la botella de vino y sin pensarlo entre. No era mi propósito besarte de la manera en que lo hice, pero ver tus labios rosados, semiabiertos no pude detenerme a pesar de que dijiste que no era apropiado. Me fui molesto porque yo no estaba un poquito fuera de mí, en cambio tu si y lo que yo hice fue aprovecharme de tu estado de vulnerabilidad, me aproveché de tu estado alcoholizado. Mi mente no procesa lo que está diciendo. El cree que se aprovechó de mí, pero en realidad el llego a eso solo porque yo se lo permití. Él no es quien dice ser, pero va a ser divertido como intenta manipularme y como el manipulado termina siendo el.
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