Cuidando del omega

1341 Palabras
Steve mantuvo a Tony en brazos por lo que le pareció una eternidad, el deseo de tomar al omega ardía en su sistema, pero la promesa que había hecho a los padres Stark pesaba más. Así que solo se limitó a acariciar a Tony para calmarlo e hizo uso de su voz alfa cuando su amigo se ponía ansioso de nuevo. Howard no tardó mucho tiempo en llegar y se mantuvo por fuera de la entrada al apartamento en cuanto abrió la puerta. —Steve —dijo con dureza el alfa Stark—, deja a Tony en el sofá y ven aquí. Un gruñido bajo escapó de su garganta. Estaba consciente de que todo el lugar estaba impregnado por su aroma territorial. La distancia de Howard le mostraba que no quería irrumpir en su espacio por lo que se obligó a dejar a un lado su instinto y obedecer al que había sido su tutor durante todo ese tiempo. Steve se levantó con Tony en brazos, lo depositó en el sofá con suavidad y antes de que pudiera soltarlo, su amigo se aferró de nuevo a su cuello. —No podré hacerlo —gimoteó Tony sobre su cuello—, no puedo hacerlo sin ti. —Sí puedes —volvió a hablar Howard en el mismo tono grave—. Tony, suelta a Steve y dirígete a la bañera con supresores. El omega se apretó más a su cuello temblando con violencia. El miedo que despidió Tony al escuchar a su padre era casi palpable, una reacción muy distinta a la que tenía con él. El efecto de su voz alfa en su amigo era de completa sumisión, en cambio, con la voz de su padre era de total terror. Steve volvió a levantarlo en brazos y se dirigió a la habitación donde estaba la bañera especial para Tony. — ¡Steve, suéltalo! —Gritó Howard entrando al apartamento y expulsando sus feromonas. —Lárgate de aquí —siseó sin detenerse—, no sé qué le hayas hecho a Tony, pero lo único que él siente contigo es miedo. Por el rabillo del ojo vio a Howard congelarse. Se apresuró para entrar al baño y desvestir al omega a toda prisa. En cuanto estuvo desnudo, su amigo, volvió a colgarse de él frotándose con descaro mientras Steve se estiraba y abría las llaves de la bañera de donde brotó un líquido verdoso con apariencia radioactiva. Las caricias y gemidos de Tony eran bastante abrumadores haciendo que no pudiera resistirse más y corresponder a los apasionados besos en lo que la bañera se llenaba. Hurgó en ese delgado cuerpo sin pudor, arrasó con todo lo que pudo en ese corto tiempo, inclusive palpó un poco la goteante entrada que se estremecía bajo su toque. El aroma que expulsaba su amigo, la suavidad de ese cuerpo lo hacía querer tomarlo en ese momento. Las manos de Tony volaron a sus pantalones y antes de que pudiera dejar su erección expuesta, volvió a levantarlo para colocarlo dentro de la bañera que ya estaba casi llena. Su amigo se estremeció quejándose, Steve tocó la fórmula y se percató de que estaba helada, una muy buena temperatura para calmar el fuego de Tony. Steve se arrodilló a un lado de la tina respirando con dificultad e intentando enfocar su borrosa mirada en la cara de su amigo. Todo el calor y la necesidad del omega lo habían dejado muy caliente y hambriento. No le quedó más opción que hacer todo lo posible para calmar su propia inquietud y enfocarse en su amigo quien poco a poco dejó de temblar y quejarse, recobrando la calma gracias a la fórmula. —Deberías entrar tú también —susurró Tony con voz cansada—, son supresores muy potentes, les sirve también a los alfas. Steve estaba tan agitado que no podía responder, sentía que en cualquier momento su corazón le fallaría, solo le dedicó una mirada suplicante. Tony, quien pareció entender el mensaje de inmediato, le ayudó a levantarse e ingresar a la bañera sin quitarse el pantalón. El omega se sentó a horcajadas sobre él, lo que no ayudaba mucho en calmar el fuego que lo quemaba. Sin embargo, su amigo no hizo nada más que tomar un tazón pequeño para llenarlo con la fórmula y regarlo desde su cabello, cubriendo así todo su cuerpo. El efecto de la medicina fue casi inmediato, pronto se sintió relajado y pudo respirar con normalidad. —Lo siento —murmuró Tony sin quitársele de encima—, fue mi culpa que te pusieras así. Steve sonrió y negó. —Fue mi culpa que entraras en celo —respondió acariciando la suave cara de su amigo—, ya había notado que te gustaba y no me detuve al tocarte. Tony agachó la mirada sonrojándose. Steve por su parte sonrió con más amplitud atrayéndolo en un fuerte abrazo. Su amigo siempre era engreído, altanero, inclusive ofensivo con otras personas y con él nunca dejó de ser dulce y honesto. Siempre le mostraba su verdadera cara y eso lo hacía sentir importante para él. Alguien se aclaró la garganta desde la puerta del baño y ambos se congelaron. Había olvidado por completo que Howard seguía allí, el ambiente ya se había vaciado del aroma de ambos, ya no había ningún impedimento para que Howard entrara y presenciara tan comprometedora escena. Tony se separó de su abrazo con lentitud, casi mecánicamente, él también lo hizo de la misma forma y al mismo tiempo voltearon a ver al alfa Stark. —Lo hicieron bien —admitió Howard con seriedad—, la verdad no creí que lo lograrían. —Que yo lo lograría —lo corrigió Tony alejándose de él con una voz venenosa que lo hizo voltear a verlo. Tony se veía afectado por el comentario de Howard y antes de que lograra irse al otro lado de la bañera, lo atrajo de nuevo a su regazo. — ¿Qué pasa entre ustedes? —Preguntó tomando del mentón a Tony e ignorando por completo la petición de Howard de no tocarlo— No creas que no me di cuenta del terror que te dio la voz de tu padre, ¿qué sucedió? Tony lo miró con tristeza, en cambio Howard resopló molesto. —Desde que mi padre se enteró que soy omega —murmuró Tony con la mirada gacha—, me mira y me habla de una forma cortante, como si estuviera decepcionado de mí. — ¡Pero no lo estoy! —Gritó Howard con desesperación. — ¡Pues no se siente así! —Respondió Tony en el mismo tono alto. Steve lo acurrucó en su regazo hasta que la cabeza de su amigo se frotó sobre su hombro. —Ya viste que no perdí el control —dijo dirigiéndose a Howard—, y prometo que me mantendré así, ¿podrías dejarnos solos? El alfa dudó por un momento y finalmente asintió. —Regresaré con María en unas horas para traerles algo de comida. Será una larga semana, así que concéntrate en mantenerte así. Steve asintió y lo vio marcharse. Tony se enderezó luciendo muy cansado. —Tu aroma es delicioso —mencionó él con una suave sonrisa—, más que cuando éramos niños. No se había dado cuenta de que había desplegado su aroma, por lo que se aclaró la garganta y lo retrajo de inmediato. —Vamos —indicó sacudiéndose al omega de encima para salir de la bañera—, tienes que descansar, ve a recostarte en la cama. Tony lo recorrió con la mirada de una forma descarada que nunca había visto en él. —Solo si me acompañas —susurró su amigo centrando la mirada lujuriosa en su entrepierna. Se sentía sorprendido por la reacción de su amigo, nunca creyó que cuando llegara a la madurez s****l se comportaría de una forma tan atrevida. —Un rato —respondió con seriedad para disuadir un poco la tensión s****l—, solo un rato, Tony.
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