Al otro día, Tony, despertó buscando en su cama ese calor que lo hacía dormir como un bebé. Abrió los ojos un poco aturdido y se percató de que Steve ya no estaba, eso no le sorprendió pues siempre desaparecía en algún punto de la madrugada para que sus padres no los descubrieran durmiendo juntos porque según ellos era malo. Tony seguía sin entender por qué sus padres pensaban eso, pues siempre que dormía con Steve no tenía pesadillas, lo contrario pasaba cuando dormía solo.
Se levantó de la cama dispuesto a ir al baño y cuando abrió la puerta vio que las personas que ayudaban con la limpieza de la casa estaban concentradas en la puerta de la habitación de Steve; lucían preocupadas cargando cuencos con hielos y algunas toallas.
Tony se acercó para preguntar qué pasaba cuando el aroma fuerte de Steve inundó sus pulmones. Aspiró con fuerza sintiéndose tan satisfecho como cuando comía una dona de chocolate, era algo delicioso que deseaba seguir apreciando.
—Es mejor que te alejes —pidió su padre que se acercaba por el pasillo.
El duro tono lo hizo regresar un poco a la realidad.
— ¿Por qué? —Preguntó atontado— ¿Qué le pasó a Steve? ¿Está enfermo?
Howard negó, lo tomó de los hombros y lo alejó hasta que ya no pudo percibir el atractivo olor.
—Steve entró en celo —explicó su padre con calma—. Tanto omegas como alfas tienen un celo que ayuda a la procreación y como es su primer celo es un poco difícil para él. Así que por favor no te acerques hasta que se le pase, tu mamá está adentro con él para ayudarle a controlarlo.
Tony frunció el ceño. Si Steve la estaba pasando tan mal quería apoyarlo, su amigo siempre cuidaba de él y deseaba corresponderle.
—Déjame ayudarlo —pidió a su padre quien le regresó una mirada seria—, necesita de mis cuidados.
—Tony, obedece —gruñó su padre—, no te vas a acercar a él hasta que haya pasado por esta etapa.
Tony odiaba cuando su padre usaba ese tono con él porque nunca podía contradecirlo, lo único que pudo hacer fue agachar la mirada.
Todo el día se la pasó sentado en el umbral de su habitación intentando ver algo cuando alguna de las mucamas abría la puerta, pero la cerraban con tanta rapidez que solo alcanzaba a ver la silueta de su madre sentada en la cama y la de Steve recostado. En cuanto ellas salían les preguntaba como seguía Steve, todas decían que él estaba mejor, aunque su corazón se sentía pesado, presentía que le mentían.
La noche cayó y por fin su madre salió de la habitación, se levantó de un brinco y le preguntó por su amigo. Ella respondió lo mismo que ya le habían dicho, la vio sacar una llave y cerrar la puerta con ella.
— ¿Por qué lo encierras? —Preguntó indignado— ¿Y si se siente mal en la noche?
—Lo siento, hijo —respondió María con una mirada genuina de preocupación—, todavía eres muy joven para entender y no me voy a arriesgar a que te acerques a Steve estando en esta situación si no son capaces ni siquiera de dormir separados.
—Nosotros no dormimos juntos —mintió cruzándose de brazos.
Su madre enarcó una ceja.
—Si sigues mintiendo, no volveré a confiar en ti —sentenció ella—, cada mañana tu cuarto tiene el olor de un alfa, así que no intentes engañarme —Tony agachó la cabeza sintiéndose culpable, nunca le mentía a su madre, solo mentía cuando se trataba de Steve; por él hacía cualquier cosa—. Por favor, cariño, intenta resistir hasta mañana, el celo dura veinticuatro horas, mañana estará como nuevo.
Tony suspiró con pesadez y regresó a su habitación, tras él su madre cerró la puerta. Cuando todo se quedó en silencio escuchó con claridad que del otro lado Steve gemía adolorido, parecía que estaba sufriendo y él estaba allí sin hacer nada.
Abrió la ventana que daba con el jardín frontal, observó con atención la pared y bajó con cuidado por los relieves de la misma. Afortunadamente sus pies todavía eran pequeños y no se le dificultaba apoyarse en los diminutos escalones; en cuanto estuvo en el piso se echó a correr al patio trasero y volvió a trepar hasta que alcanzó la ventana de Steve que para su buena suerte estaba abierta.
Al entrar al gran espacio apreció que ese aroma era más intenso y atrayente. Sacudió la cabeza intentando deshacerse del adormecimiento que le provocaba, cuando escuchó a su amigo jadeando y gimiendo adolorido.
—Steve —susurró acercándose a la cama.
El aludido abrió los ojos y alzó las cejas.
— ¿Qué haces aquí? —Jadeó el rubio con una extraña y gruesa voz— María cerró la puerta con llave ¿cómo entraste?
— ¿Tan mal te sientes como para no darte cuenta de que entré por la ventana? —Habló con voz entrecortada e insegura que no pretendió que saliera así.
—Es mejor que te vayas —murmuró Steve limpiándose el sudor de la frente—, no quiero lastimarte.
Tony levantó las cobijas y se recostó a su lado de la misma forma que hacía Steve cuando lo cuidaba de sus pesadillas.
— ¿Por qué me lastimarías? —Preguntó con inocencia— ¿Estás enojado conmigo porque yo estoy enojado contigo por lo de Bucky?
Steve emitió una adolorida risa.
—No es eso —respondió su amigo atrayéndolo más cerca—, tengo muchos tipos de deseos y no quiero lastimarte.
— ¿Qué tipo de deseos?
*****
Steve no podía creer que Tony fuera tan inocente y se preguntó por qué Howard y María no hablaban de esos temas con su hijo, tomando en cuenta que los exámenes de subgénero estaban tan cerca y que algún día debía afrontar su celo ya sea como alfa u omega. O tal vez tenían la idea de que podría llegar a ser beta, aun así, sentía la obligación de hablar con él y decirle la verdad de lo que le sucedía.
—Tony —comenzó con suavidad acariciando la cara de su amigo—, el celo es…
—La época de apareamiento, sí ya lo sé —lo interrumpió su fastidiado amigo—, a mí no me afecta así que no veo cual sea el problema de estar aquí contigo.
«A ti no te afecta, pero a mí sí» se quejó internamente sintiendo que todo su cuerpo cosquilleaba por tocarlo.
Tony se apoyó en su pecho y lo obligó a que lo abrazara. Su m*****o se endureció de inmediato y dobló las rodillas con la intención de que su amigo no se percatara de ella. Tony aspiró con fuerza varias veces y él hizo lo mismo en ese cabello castaño alborotado.
Al contrario de lo que pensó, el aroma de Tony le trajo paz haciendo que su m*****o volviera a bajarse, por lo que volvió a acomodarse para seguir olfateándolo y por primera vez en todo el día sus dolores disminuyeron un poco. Permitiéndole dormir y descansar como era debido.
*****
A la mañana siguiente, María, se despertó muy temprano para ir a ver a Steve y al abrir la puerta se congeló viendo a sus niños abrazados. Se acercó a ellos casi corriendo para verificar que su hijo no estuviera lastimado y al ver que solo estaban abrazados y ninguno tenía alguna herida, se relajó, negó con la cabeza y salió de la habitación sin cerrar con llave.
— ¿Steve está bien? —Preguntó Howard en un susurro.
—Tony está con él —respondió cruzándose de brazos—, ambos están bien, no sucedió nada entre ellos —se apresuró a decir al ver que su esposo comenzaba a alterarse.
— ¿No habías cerrado con llave? —Gruñó él entrecerrando los ojos.
—Sí, pero al parecer Tony encontró la forma de llegar a Steve.
Howard suspiró y pasó una mano sobre su cabello.
—Sabes que no podremos controlarlos para siempre ¿cierto? —Preguntó resignada.
—Sí, pero, son solo unos niños.
María se encogió de hombros.
—Steve no tiene la intención de lastimar a Tony, tú ya te aseguraste de que Steve es alfa de rango superior, deberíamos confiar más en su capacidad de resistencia.
Howard asintió sin verse convencido del todo. Ella misma no se sentía muy bien con esa situación, aunque tampoco quería ser cruel obligándolos a separarse cuando eran tan unidos; porque si su sospecha era cierta y eran destinados, el separarlos solo rompería sus corazones y serían incapaces de llevar una vida normal.