Desde que subió al automóvil, Tony, había mantenido su cara pegada al cristal con la mirada perdida en el paisaje citadino de Nueva York.
Había pasado una semana desde el fatal accidente que los dejó sin hogar, pues el fuego había consumido toda la mansión y no había nada qué recuperar. Desde ese día Tony se mantuvo callado y casi inmóvil para no provocar más problemas a pesar de que su madre y Steve se mantenían cerca diciéndole que no se preocupara, que los accidentes ocurrían. No podía tranquilizarse cuando su padre se veía molesto, casi podía sentir su enojo como si lo proyectara de alguna manera.
Todos esos días los pasaron en la torre Stark durmiendo en los amplios sillones del último piso donde Howard había adaptado un apartamento. Steve decía que le gustaba más ese lugar que la gran mansión, aunque Tony no estaba de acuerdo pues ya se había acostumbrado a jugar en el gran jardín.
El asiento en el que iba se movió un poco y sintió el calor que emanaba Steve, por lo que se giró y se recargó en su pecho a la vez que su amigo lo abrazaba. Desde que sucedió el accidente algo había cambiado en Steve, había algo en él que lo hacía sentir seguro, inclusive irradiaba un calor que nunca sintió provenir de él, un calor que funcionaba como un imán pues siempre quería estar abrazado a él o tocarlo de alguna forma.
—Llegamos —anunció María— girando en su asiento para verlos.
En cuanto se fijó en ellos, su expresión cariñosa cambió a una pensativa. Steve lo soltó y se alejó, no entendió ese comportamiento de ambos, aunque tampoco tuvo tiempo de procesarlo porque su padre abrió su puerta para que saliera.
Tony bajó con pesadez y se alejó un poco de ese hombre quien acortó la distancia entre ellos, colocó un brazo sobre sus hombros y apuntó hacia adelante. Al levantar la mirada se encontró con una casa muy grande, no tanto como su antigua mansión, aunque más hermosa que ella. Tenía un gran patio delantero con un gran árbol en el centro.
—Este es nuestro nuevo hogar, así que deja de estar triste por favor —pidió su padre apretando uno de sus hombros.
— ¿Viviremos aquí? —Preguntó un emocionado Steve que corría hacia la puerta, siguiendo sus pasos iba su madre.
— ¡Así es! —Gritó Howard con una gran sonrisa—, vamos hijo, ¿no quieres entrar?
Tony levantó una mirada triste hacia su padre.
— ¿No estás enojado porque quemé la casa anterior? —Dijo con timidez.
—Sí, un poco —admitió su padre viéndose pensativo—, aunque en realidad lo que me molesta es que hayas sido tan descuidado. Eres muy inteligente, Tony, considero que un error de esa magnitud no es digno de ti —Tony asintió con tristeza—. Y no debes sentirte mal, porque pedí algo especial en esta casa para que no vuelva a suceder y seas libre de seguir experimentando.
Frunció el ceño confundido y accedió a caminar cuando su padre lo empujó de nuevo.
Entraron a la casa y sonrió al ver que las decoraciones eran muy similares a su antiguo hogar, no tardaría en acostumbrarse a ella. Howard tiró de él hacia una pequeña puerta que tenía un símbolo de peligro. Su padre lo soltó para abrirla y la mantuvo abierta para que pasara. Los dos entraron, bajaron las escaleras e hizo un ruido maravillado cuando vio que era un sótano completamente adaptado como un pequeño laboratorio.
—Aquí podrás hacer tus experimentos —dijo Howard con entusiasmo—, el laboratorio cuenta con un sistema contra incendio, apagado automático de energía eléctrica cuando detecta altos voltajes para evitar cortos circuitos y un sistema especial de ventilación para vaciar el ambiente de gases peligrosos.
Tony volteó a ver a su padre con una gran sonrisa.
—Gracias, papi —expresó antes de abrazarlo con fuerza.
—No quiero que dejes de trabajar —murmuró su padre—. Quiero que sigas explotando esa inteligencia, así que pídeme lo que necesites, yo te proporcionaré el material, no hay necesidad de que lo robes de la escuela.
Tony se soltó del abrazo sintiéndose avergonzado, todavía tenía que cumplir con un castigo en la escuela junto con Bruce por robar las sustancias que habían terminado siendo letales, así que intentaba no hablar mucho del tema.
— ¡Tony! —Gritó emocionado Steve desde la planta de arriba— ¿¡Ya viste quien vive frente a nosotros!? —Tony volteó a ver a su padre quien asintió dándole permiso de regresar a la primera planta, así que se echó a correr al llamado de su amigo— ¡Mira! —Señaló Steve desde la puerta hacia la casa del frente.
Al asomarse pudo ver que desde el segundo piso Nat les saludaba con una gran sonrisa. La niña desapareció de la ventana y poco después salió de su casa corriendo, vestida en un amplio y hermoso vestido rojo. Tony y Steve se acercaron al jardín para recibirla.
— ¡Entonces son ustedes los que vivirán en esta casa! —Exclamó una emocionada Nat antes de abrazarlos— ¡Eso es fantástico! Ahora estaremos todos juntos. Bucky y Bruce viven cerca de aquí y me visitan muy seguido, así que podremos pasar mucho más tiempo juntos después de clases.
Después de pasar por una semana de tortuosa culpa, por fin se sentía emocionado. Ahora tendría la oportunidad de convivir más con sus amigos y eso le entusiasmaba demasiado.
*****
Esa misma noche, Steve, se recostaba en su cama que estaba en medio de una gran y vacía habitación. Howard había decidido que había llegado el momento para que él y Tony durmieran en habitaciones separadas. Durante toda la semana, Howard, le había dedicado mucho tiempo para explicarle lo que era ser alfa: las responsabilidades que cargaría desde ese momento y el cuidado que debía tener con Tony al ser tan cercano a él.
Aún no sabían qué subgénero tendría Tony, por lo que no sabían cómo actuar. Si llegaba a ser un alfa, la lucha por territorio sería inminente y tendrían que tomar acciones para no crear conflictos. Si era un omega, las cosas serían peores pues debería tener un control impecable para no marcarlo.
Howard le había advertido de lo seductor que podría ser el olor de los omegas y lo mucho que lo enloquecería cuando conociera dicho aroma. En el mejor de los casos Tony tenía la posibilidad de ser beta y Steve no reaccionaría de ninguna forma a él, aunque era una probabilidad muy baja pues era descendiente de una larga cadena de alfas y casi estaba destinado a serlo.
Steve daba vueltas en su cama sin lograr conciliar el sueño, su cuerpo le dolía de una manera extraña, le picaba creando espasmos incómodos que no le permitían mantenerse en una sola posición por mucho tiempo. Finalmente, se rindió levantándose y con mucho cuidado abrió su puerta para atravesar el pasillo y abrir la de Tony, asomó la cabeza encontrando a su amigo hecho un ovillo sobre su cama, gimoteando y temblando.
— ¿Tony? —Susurró al entrar y cerrar la puerta tras él.
Su amigo se giró para encararlo, salió de la cama de un brinco y se lanzó a sus brazos.
—No quiero dormir solo —sollozó contra su pecho.
Steve lo levantó en brazos con mucha facilidad y lo depositó sobre la cama recostándose a su lado para abrazarlo.
— ¿Sabes por qué nos separaron? —Preguntó besando la frente de su amigo.
Tony negó frotándose contra su pecho.
Steve le contó de una manera muy general lo que había sucedido durante el incendio y de las advertencias por parte de Howard. Cuando terminó su breve explicación, su amigo lo miró confundido.
—Pero tú nunca me has hecho daño, no veo el por qué no podemos dormir en la misma habitación.
—Opino lo mismo —dijo Steve con un asentimiento—, pero Howard es tu padre y debemos obedecer sus reglas.
Tony se acurrucó de nuevo y a pesar de que no podía ver su cara estaba seguro que estaba haciendo una mala cara.
—Quédate por favor… solo esta noche —pidió su amigo con voz quebrada.
Un sentimiento de protección le recorrió el cuerpo provocando que marcara territorio sin querer.
—Me quedaré hasta que amanezca y me iré a mi cama para fingir que dormimos separados.
Tony aspiró fuerte sobre su pecho y se relajó sin contestar nada, por lo que Steve se acomodó dispuesto a dormir.
Tal vez ese gusto de Tony por estar cerca de él cuando marcaba territorio no duraría para siempre, así que intentó aprovechar cada instante de Tony abrazándolo, al menos hasta que llegara a la madurez s****l y se definiera si podrían seguir siendo igual de cercanos o alejarse por cuestiones de territorios.