La tormenta prosiguió durante toda la noche con fuerza. Los árboles crujían ante los vientos que soplaban con fuerza, arrancando alguna que otra rama y los rayos iluminaron constantemente el cielo. Solamente en horas del alba la tormenta menguó y solo una quedaba una constante y débil llovizna. No había podido dormir prácticamente nada, mi mente divagaba y pensaba en Ivar constantemente preocupada por su descontrol. Temía que mi secuestro y desaparición lo hubiese podido llevar al límite y que su maldición finalmente tomase posesión de su humanidad más allá de que aun teníamos tiempo según lo que había leído en su momento. Podía sentir en el fondo de mi mente a mi loba ir regresando de su estado comatoso producto de tantas inyecciones de veneno, pero aún no podíamos conectarnos. La sent

