Cuando por fin el auto de Eric aparcó en frente de mi casa ni siquiera me tomé la molestia de agradecerle por traerme y simplemente me bajé corriendo de su coche. Sentía que no podía mirarlo a la cara, me sentía enojada conmigo misma, pero si estaba enojada conmigo imagínense lo furiosa que estaba con él.
Lo único que esperaba de eso, era que él tuviera la decencia de no contarle nada a sus amigos, porque estaba segura de que si lo hacía todo el instituto se terminará enterando. Lo que menos quería era estar en boca de todos, y que todos sepan que él y de mí... agh, eso.
Intenté abrir la puerta de casa, pero como al parecer en ese día estaba verdaderamente jodida, mi nariz terminó pegada a la puerta. Escuché su risa a mis espaldas y tuve que contar hasta diez.
Toqué el timbre de casa unas mil veces hasta que por fin Matthew abrió la puerta. Su ceño se frunció y me miró de arriba abajo con sus ojos verdes azulados confundidos. Miré sobre sus hombros y me encontré con los ojos de Gregg abiertos como platos y con una manzana en su boca, luego miró detrás de mí y su vista volvió al frente, le dio un mordisco a su manzana y caminó hacia la sala.
Eso definitivamente fue traición.
- ¿Dónde estuviste? – preguntó Matt con la voz algo ronca.
Pasé de él y entré a mi casa, hasta donde estaba podía escuchar la risa de Eric, quien caminó hacia la sala como si nada, y se tiró al lado de Gregg. Él miró a Brennett con los ojos como platos, negó con la cabeza y mordió nuevamente su manzana.
Empecé a subir las escaleras cuando escuché nuevamente el tono demandante de mi querido mellizo.
- Val, te estoy hablando. – usó un tono bastante fuerte, y me enojé.
- Y te escuché. Es solo que no te tiene que importar que haga o no con mi vida. – usé énfasis en la palabra.
Pude notar la furia y casi la indignación en los ojos de mi hermano.
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- ¿Qué demonios pasa contigo? – se cruzó de brazos.
- Hasta aquí, Matthew – espeté –. Compartimos el mismo útero, nacimos el mismo día, somos mellizos, vivimos bajo el mismo techo. Pero solo eso. No me necesitas en tu vida, y yo no te quiero en la mía.
Cuando terminé con mi discurso – sí, porque lo encontré bastante dramático – quise subir las escaleras, pero de repente la puerta de la casa se abrió y mis tres amigas entraron rápidamente. Noté que Lenn le dirigía una mirada bastante comprometedora a Eric, y que este solo la ignoraba y seguía hablando con Gregg. Julie me miraba algo así como preocupada y confundida. Me di cuenta de que Less miró de reojo a mi hermano y se sonrojó, él incluso le dedicó una pequeña sonrisa.
- Ya llegaron las mejores, ahora sus vidas tienen sentido. – la voz alta y cantarina de Julie llegó a mis oídos y todas juntas subimos las escaleras y nos dirigimos a mi habitación.
En el camino me encontré con mi padre, quien estaba con una bata blanca, pantuflas y un cepillo de diente en la boca, y caminaba como un zombi. Mis amigas la saludaron y el simplemente hizo un sonido extraño con la boca.
Entramos a mi habitación y lo primero que hice fue tirarme en mi cama como una bolsa de papas. Jamás me había sentido tan humillada. Sí, porque desde mi punto de vista, haberme acostado con Eric era una completa humillación. Deseaba que una vaca voladora le cayera en la cabeza mientras entraba al instituto, o que un camión que carga cerdos le pasara por encima, o que simplemente se atorara con un hueso de pollo en la boca y muriera.
Julie se sentó en mi cama a mi lado izquierdo, Lenn se sentó a mi lado derecho y Less se tiró en el puff de Maroon5 en el piso.
Sentí una fuerte nalgada en el trasero, lo que no hizo más que me doliera aún más.
- Okey, ¿Qué sucede? – dijo Lenn.
Me senté a penas en mi cama, con una mueca de dolor, enojo y asco en el rostro. Abrí la boca como mil veces para intentar explicarles, pero nada venía a mi cerebro. Quería llorar.
- Al parecer ya no tendré que preocuparme por mostrar mis tetas a todo el mundo en la graduación. – dije falsamente aliviada con una sonrisa bastante tensa.
Miré a mis amigas y sus rostros en serio que eran un poema. El de Julie gritaba: ¿Quién carajo te ha penetrado? El de Lenn decía: Debes estar jodiendo. Y el de Lenn aullaba: Te irás al infierno.
Se quedaron en silencio, y yo no sabía en dónde carajos meterme, porque sentía que se tirarían encima de mí en cualquier momento y empezarían a sacarme los ojos, romperme la nariz, quebrarme los dientes y cosas relacionadas con mucho dolor de por medio. Yep, estaba aceptando mi muerte con la frente en alta.
Por fin luego de unos minutos que se sintieron infinitos, Lenn habló.
- Okey, no sucede nada, estoy muy calmada. – su tono y sus ojos angelicales me dieron algo de miedo y cuando colocó sus manos sobre sus muslos supe que estaba conteniéndose para no explotar. – Ahora dinos todo si no quieres que te desfigure el rostro y quedes como Rocky Balboa al final de la pelea.
Tragué saliva algo preocupada. No sabía de qué manera hablarles y explicarles todo lo sucedido. Aunque en realidad no tenía una jodida manera de explicarles porque no sabía cómo carajos había pasado, lo único que sabía era que me había despertado con un dolor de piernas enorme, y que no estaba vestida con mi ropa, y luego simplemente apareció Eric y me confirmó lo que ya sabía pero no quería admitir.
Volví a repasar con la mirada a mis amigas.
- Val, te juro de que si no hablas, voy a atarte a una silla y quemaré tu cabello. – Lenn habló.
Empecé a retorcerme los dedos con un nudo enorme en la garganta y con los nervios a flor de piel.
- Cómo pasó exactamente... pues no lo sé.
- ¡¿Qué no lo sabes?! ¡¿Qué carajo no sabes, eh?! – empezó a gritar Julie agitando las manos en el aire, retrocedí un poco en mi lugar - ¡¿No sabes con quién te acostaste?! ¡¿No sabes en qué jodida posición lo hicieron?! ¡Eh, dime! – tenía la mirada de una cabra loca en los ojos y de verdad que estaba pensando en darle una bofetada para tranquilizarla.
- Woa, detén tu vaca, vaquera – elevé las manos a mis costados –. Estás a punto de tener un brote psicótico con delirio místico y juro que no me haré responsable.
- ¡Deja de dar tantas vueltas y dinos de una vez! – gritaron al unísono las tres. ¿Lo ven? Les dije que había veces en las que ellas me generaban el estrés en vez de quitármelo.
- Okey. –dije poniendo los ojos en blanco –. Lo único que sé es que me desperté en una cama de una casa que no conocía, que mi trasero dolía como los mil demonios al igual que mis piernas, y que luego Eric Brennett entró en la habitación con una toalla envolviendo su cadera.
Tardaron tanto en reaccionar que llegué a pensar de que había hablado demasiado rápido como para que sus cerebros pudieran comprenderlo. Luego vi como Less me fulminaba con los ojos, como si no reconociera a quién tenía en frente y supe de que sí había comprendido. Lenn y Julie seguían en silencio. Lenn tenía en su rostro una expresión algo sorprendida y analítica, en cambio Julie estaba completamente seria.
- ¿Te acostaste con Eric Brennett? – preguntó entre dientes Less. Me encogí de hombros con un rostro de "¿Lo siento?" - ¿Justo con Eric Brennett? Val, te van a tachar de fácil. —usó un tono tan santo en la voz que no pude evitar alterarme.
- ¡Ay, por favor! – grité –. No solo por acostarme con Brennett quiere decir que soy una "fácil". ¡Además no existe tal estupidez como esa! – Lenn y Less me miraron con ojos obvios y una mueca que sabía usaban cada vez que intentaba mentirme a mí misma –. Pero todas las que lo hacen con Eric, son clasificadas así, mientras que él queda como un campeón frente a todos. Seguramente toda la escuela se enterará y yo seguramente me enfermaré con algo incurable, y no podré tener hijos, ni un esposo, o si quiera un perro para hacerlo pasar por mi hijo. Y moriré sola, y desamparada. – cerré los ojos con fuerza y me tiré en mi cama de espaldas.
- Vamos, Val, nada de eso sucederá. Ya lo han hecho, utilizaron protección y seguramente te olvidarás de esto dentro de unos días. – dijo Lenn.
Me senté en la cama de golpe y mi rostro seguramente les dio a entender a mis amigas lo que estaba pasando por mi cabeza en ese momento. Less casi se tira de la silla, y Lenn tenía sus ojos asesinos encima de mí. Y fue entonces cuando caí en la cuenta de que no sabía si Eric había usado o no protección. Algo dentro de mí me decía que claramente sí lo había hecho ya que tenía mucha experiencia en esto, pero la otra parte de mi me dijo que existía la posibilidad de que el preservativo pudiera haber estado pinchado, o que simplemente él estaba igual o más borracho que yo y olvidó de utilizar un condón.
Lo que quería decir que mi vida se estaba yendo al drenaje.
- Val, dime por favor que usaron protección. – dijo entre dientes Lenn, casi rogándome que le dijera aquello para que se quedara en paz.
Me pasé una mano por el cabello y suspiré exasperada, y no hizo falta decir una sola palabra para que mis dos amigas – digo dos por el hecho de que Julie no ha dicho ni una sola palabra – se dieran cuenta de que no tenía la más mínima idea del hecho de si Eric se había puesto o no un condón.
- Por lo menos tu hijo tendrá buenos genes. – comentó Less y no pude evitar reír en ese momento tan tenso.
Miré con el ceño algo fruncido a Julie, quién estaba callada y con la mirada puesta en un punto fijo invisible, y la choqué por los hombros en un movimiento juguetón.
- ¿Y a ti qué te pasa que no has dicho nada? – le pregunté. Los ojos de Julie se encontraron con los míos.
- Lo que me pasa, Val, amor, es que en la fiesta, yo estuve con Eric. – espetó cruzándose de brazos, abrí mis ojos como platos –. Y no solo eso, si no que nos besamos y coqueteamos un buen rato. Y al día siguiente me entero de que se ha acostado con una de mis mejores amigas, y la verdad es que no lo puedo creer. Dijiste que él no te interesaba, pero al parecer mentiste. – su tono de voz iba subiendo cada vez un poco más y sabía que una pelea se desataría entre nosotras, así sea pequeña e insignificante.
- ¡Y es que no me interesa! – exclamé exasperada –. No recuerdo nada. Saben que jamás hubiera hecho eso estando sobria.
- ¡Pero eso no quita el hecho de que te acostaste con el chico con el que yo quería hacerlo!
- ¡No es mi culpa que me haya elegido a mí antes que a ti! – grité.
Y me arrepentí de haberle dicho eso, sabía que había sido una muy mala elección de palabras y de que había caído demasiado bajo. Con Julie nos hemos peleado unas mil veces, pero nunca fue nada serio que hizo que nos separemos por más de un día. Sí, ella tiene su carácter – uno bastante fuerte e insoportable a veces, debo decir – Y yo tengo el mío, y así como coincidimos en muchas cosas, chocamos en muchas otras. Pero la verdad es que esta es la primera vez que nos peleamos por un chico. Y ni siquiera eso, porque para mí Eric no es un punto de pelea, ni alguien que se merezca que yo y mi amiga discutamos.
Cuando quise abrir la boca para pedir disculpas ella ya se estaba levantando de la cama y saliendo de la habitación toda alterada. Puse los ojos en blanco y la seguí. Cuando estaba a punto de salir por la puerta le grité.
- ¿Estás enojada? – era una pregunta estúpida, pero yo me caracterizo por ello. Julie ni siquiera me miró cuando me respondió.
- ¡No!
- Dime algo dulce. – le pedí con un tono juguetón y divertido ya que normalmente nuestras discusiones se arreglaban de esa manera.
- ¡Vete a la mierda! – me sonrió falsamente y luego azotó la puerta.
Suspiré cansada y me senté en uno de los escalones. Yo estaba pasando por un momento casi de desesperación y ella simplemente se enojaba por algo que no tiene demasiada importancia. Yo no tenía la culpa, y no me disculparía, así que ella tendrá que dejar su orgullo de lado y venir hacia mí y disculparse.
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Apoyé mi barbilla sobre mi mano y mi codo sobre mi pierna. Si estaba esperando tener un poco de paz, no sería así. Eric se detuvo en frente mío con una sonrisa socarrona en su estúpido y atractivo rostro.
- La verdad, Val, pensé que eras más interesante – habló –. Pero eres igual a todas. Al fin y al cabo, siempre me odiaste, y mira el giro de la historia, terminaste acostándote conmigo. – se rió idiotamente (cómo todo lo hacía siempre) y se fue caminando con una mano en el bolsillo hacia la sala en dónde estaban los otros dos idiotas.
Definitivamente odiaba a Eric Brennett.
( . . . )
Era lunes y me levanté con el pie izquierdo y del lado izquierdo de la cama, así que todo empezó mal. No solo por el hecho de que tenía que ir al instituto, sino por el hecho de que tenía demasiado miedo por lo que pasara en el día, porque la idea de que Eric le haya contado a todos lo que sucedió de verdad que me aterra.
Me desperecé e intenté ponerme de pie, pero lo único que logré fue caerme rendida en mi cama nuevamente, sin energías, sin ganas, sin nada dentro de mi más que pereza. Pero luego mi despertador volvió a sonar y entonces lo estrellé contra la puerta de mi armario.
Tomé mi toalla y salí de mi habitación dirigiéndome al baño. Cuando estuve frente a la puerta del baño esta se abrió y un Matthew recién bañado apareció en mi campo de visión. Él me miraba con una ceja enarcada y los ojos inquisidores, yo simplemente le mantuve la mirada en silencio. Luego de unos segundos más se apartó de la puerta y entré al baño por fin. Lo escuché hablar a mis espaldas.
- ¿Ni un insulto? ¿Un golpe? ¿Aunque sea un grito? – su voz sonaba entre esperanzada y ofendida. Ni siquiera lo miré y seguí buscando mi champú en el los cajones –. Es en serio, Val, ¿Hasta cuándo seguirá tu ley del hielo hacia mí? – suspiré y por fin lo encaré.
- No es ninguna ley del hielo, Matthew. – le dije cruzándome de brazos, sus ojos estaban fijos en los míos –. Simplemente hago lo que hace tiempo debía hacer, nada más. – me encogí de hombros y el intentó decir algo más pero le cerré la puerta en la cara.
Me metí en la ducha caliente y dejé que el agua me sacara todo el estrés. Y una mierda, una ducha no me ayudaba a calmarme. Lo único que necesitaba para tranquilizarme es una enorme pizza triple queso con jamón. Eso calmaba a cualquier fiera.
No había arreglado las cosas con Julie. Le había dejado miles de mensajes diciéndole que no se enojara por estupideces y que de verdad lo sentía, que necesitaba y quería hablar con ella. No me respondió ninguno. Al parecer lo que mejor le sale es ignorarme. Pero nos volveríamos a ver en las clases, y en todas las que compartimos nos sentábamos juntas, así que quiera o no tendrá que escucharme. La obligaré a que me perdone y seremos felices y comeremos chocolate.
No solo lo de Julie me tenía nerviosa, también el hecho de que Gregg y Eric se la han pasado en mi casa todo el fin de semana, recién ayer como a las dos de la madrugada se fueron. La verdad, cruzarme con Eric cada vez que salía de mi habitación no era para nada agradable, mucho menos con sus comentarios estúpidos que no hacían nada más que recordarme que nos habíamos acostado. Lo odiaba.
Con Gregg a penas nos dirigimos la palabra, pero cada vez que podíamos hablar lo hacíamos tranquilamente y siempre había uno que otro chiste que contar o algo que comentar sobre el beso de la fiesta. Él no sabía lo de Eric, porque estaba segura de que si lo supiera hubiera hablado conmigo.
Entré a mi habitación. Cuando estuve completamente seca y vestida con mi ropa interior abrí mi armario y juro que mi mandíbula casi tocó el piso y mis ojos casi se salieron de mi cabeza. Iba a matar a alguien ese día y lo iba a hacer con lo primero que se me cruce en el camino, así sea un pájaro o un anciano en silla de ruedas.
Mi ropa de siempre: mis jeans flojos, mis pantalones holgados, mis camisetas gigantes, mis sudaderas, incluso ninguno de mis suéteres negros y grises estaban ahí. Ahora todo lo que se podía ver eran jeans ajustados, shorts, blusas, tops, vestidos, faldas y remeras sumamente ajustadas era lo único que podía ver en mi closet.
Estaba entrando en un ataque de pánico por todo lo que me estaba pasando, y no tenía ni idea de quien pudo haber hecho semejante atrocidad, hasta que la bombilla sobre mi cabeza se encendió y busqué mi celular y marqué el número del responsable de esto.
- Aquí el hombre de tu vida. – respondió al tercer tono. Me contuve para no gritar.
- Oye tú, hombre de mi vida, ¿Quieres decirme que carajo hiciste con mi ropa? – mi tono de voz era verdaderamente enojado.
- Solo tiré lo que no necesitabas y lo remplacé por la ropa que había en las cajas del sótano.- juro que casi lo podía ver encogiéndose de hombros.
- ¡Gregg! ¡Maldito seas, gusano zopenco retrasado! ¡Quiero mi jodida ropa ahora! – estaba recorriendo de punta a punta mi habitación mientras me pasaba la mano por el cabello exasperada.
- Se nos está haciendo tarde para el instituto. Nos vemos ahí, princesa. – y dichas esas palabras, la llamada se cortó.
Me quedé paralizada viendo la pantalla de mi celular con los ojos abiertos como platos. Él no se había atrevido a colgarme el teléfono, ¿O sí? Juro que cuando lo vea le extirparé las bolas y lo torturaré de la peor manera posible.
- ¡Princesa tu abuela! – le grité a la pantalla apagada de mi celular.
Miré la hora y me di cuenta de que ya se estaba haciendo tarde. Para colmo el auto de Lenn se averió y no podrá venir por mí, por lo que tenía que irme con mi hermano, tenía que llegar con él, tenía que bajar del auto en el medio de todos sus amigos y tenía que verle el rostro a Brennett y a Miller.
Sin saber que ponerme opté por lo primero que vi: unos jeans negros ajustados y una remera blanca que terminó siendo un top cuando me la puse, por lo que dejaba a la vista mi ombligo. En mis pies simplemente me coloqué unas zapatillas blancas que estaban al pie de mi cama. Tomé mi mochila y bajé corriendo las escaleras. Los jeans apenas me dejaban moverme y respirar. El hecho de tener mi ombligo a la vista no me gustaba para nada.
Vi a mi padre desayunando en la cocina, le di un corto beso en la mejilla y salí de la casa a toda prisa. Matt estaba a punto de irse cuando abrí la puerta del pasajero y me subí rápidamente. Él me miró algo sorprendido pero no dijo nada y simplemente condujo hacia el instituto.
El camino hacia el instituto fue bastante incomodo, porque la verdad es que hacía mucho que mi hermano y yo compartimos un lugar tan reducido juntos sin estar insultándonos. No me era nada difícil ignorarlo, creo que a él se le hacía muy difícil ser ignorado.
Mi hermano aparcó su coche en el mismo lugar de siempre, o sea en medio de todos los autos de los idiotas de sus amigos y en dónde claramente estaba todo el equipo de porristas y esas cosas.
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Me bajé del auto luego de tomar aire. Ni bien mis pies tocaron el piso ya escuchaba comentarios idiotas.
- Hey, Matt, ¿ella es la chica de la semana? – preguntó un rubio bastante alto. Lo fulminé con la mirada y mi hermano puso una mueca de asco.
- Es mi hermana, imbécil. – dijo Matt con un tono de voz enojado. Los ojos de todos se abrieron de par en par, y al parecer era la primera vez que sus amigos se enteraban de que tenía una hermana. La verdad es que saber que él no ha hablado de mi es bastante... frustrante. Sí, me frustraba.
El rubio puso una cara rara y me dedicó una sonrisa pícara. Se acercó a mí con una ceja enarcada supuestamente provocadora. Estuve a punto de reírme por su estúpido intento de ser galán o algo así.
- En ese caso... - sonrió –, Soy Ethan. – se presentó y me extendió la mano. Yo simplemente lo miré sin ninguna expresión en el rostro y el tal Ethan rio y se pasó una mano por el cabello –. Eres del tipo difícil. Me gusta.
Quise decirle que esa era la frase que más había escuchado en mi vida, pero antes de abrir la boca sentí como unos brazos musculosos me rodeaban por los hombros. Cuando miré a la persona que me estaba abrazando de verdad que me sorprendí cuando me encontré con el rostro de Eric.
Tenía una sonrisa idiota en su rostro, esa típica sonrisa de chico ganador que llevaba todos los malditos días de instituto. No pude evitar poner los ojos en blanco.
- Y no sabes cuánto – sus ojos se encontraron con los míos y me guiñó uno –. Pero ya está apartada, Ethan, guarda tus armas de seducción para otras.
No pude evitar soltar una carcajada, una de las carcajadas más grandes de mi vida y aparté su brazo de mis hombros de un fuerte empujón.
¿Por qué mierda hablaba de mí como si fuera una propiedad y como si no estuviera presente?
- En tus sueños, Brennett.
- Tú eres mi sueño, Drake.
Enarqué las cejas, retadora.
- ¿Eso es lo mejor que tienes? – mi tono era burlón.
- Puedo hacerlo mejor, nena. – dijo sonriendo de costado.
El timbre sonó. Me alejé del grupo de amigos de mi hermano y entré al edificio. A la primera teníamos física, así que caminé hacia el aula. Admito que en ese pequeño transcurso pensé en mi charla con Eric en el estacionamiento. Era la primera vez que manteníamos una conversación casi de verdad, aunque en realidad no lo fue.
Recordé sus ojos, su cabello y su sonrisa. Claramente no era para nada feo. Por supuesto que no era feo, era uno de los chicos más atractivos que te podrías cruzar en la vida, y de verdad que estaría loca por él si tuviera una mejor actitud y fuera algo más humilde. De verdad que lo estaría.
Entré al aula y tomé asiento en dónde siempre, al lado de Julie y detrás de Lenn y Less. Ella seguía ignorándome, ni siquiera me miró cuando me senté a su lado, y me estaba poniendo nerviosa. Pensándolo bien, siempre estoy nerviosa por algo. Necesito unas pastillas o ir al doctor o no sé.
- Julie – la llamé, me ignoró. Bufé y puse los ojos en blanco –. Julie, vamos – toqué su brazo con mi dedo índice. Me ignoró. Me exasperé –. Okey, escucha zopenca come moco, deja de lado tu estúpido orgullo y háblame, porque si no lo haces, me enojaré yo, y te empezaré a ignorar de verdad. Y sabes que cuando ignoro a alguien, es como si le estuvieras hablando a la pared – amenacé.
Solo tuve que esperar unos dos segundos para que Julie se diera vuelta y pusiera los ojos en blanco con una pequeña sonrisa en sus labios.
Esa era mi chica. La abracé y pude escuchar como Lenn y Less suspiraban de alivio al ver cómo nos amigábamos.
- Eres imbécil con pocas neuronas funcionando – me dijo seriamente –. Pero te quiero demasiado como para enojarme. – sonreí y la volví a abrazar.
Dios mío, de verdad quería a esta chica, aunque a veces – todo el tiempo, en realidad – me hicera tener ganas de arrancarle la boca para que no hable más.
( . . . )
La hora del almuerzo llegó rápido, y en menos de dos minutos ya mis amigas estaban en nuestra mesa con su comida en su bandeja mientras yo intentaba decidir entre una enorme y deliciosa hamburguesa y una deliciosa y jugosa pizza. Definitivamente por ese tipo de decisiones si me dolían al corazón. Si fuera por mí la comería a las dos con mucho gusto, pero este colegio estúpido solo nos da a elegir uno.
Odio a todo rectorado o estúpido que haya puesto esta regla.
Cuando al fin me decidí por la hamburguesa y me di vuelta para ir con mis amigas (quienes estaban sumamente interesadas en mi cambio de look, porque al parecer verme a mí con un pantalón de mi talla es bastante shockeante) cuando un cuerpo gigante y mucho más alto que yo se interpuso en mi camino, lo que hizo que parte de mi comida ensuciara mi top blanco, y que otra parte - la mayor -, cayera al suelo.
No me importaba la ropa, me importaba el hecho de la gran cantidad de comida desperdiciada. Me importaba el hecho de que el idiota que lo había hecho fue Brennett. Él me miraba intentando contener la risa y con los ojos divertidos por la situación. Yo en cambio lo fulminaba hasta el punto de que pensé que, si las miradas mataran, él ya estaría convulsionando en el suelo de la cafetería.
Miré a mí alrededor y noté que todo el mundo tenía su vista fija en nosotros dos, y que la mayoría reía disimuladamente. Miré a mis amigas, que me decían con los ojos "no hagas nada estúpido" y supe que definitivamente haría algo estúpido.
- Me parece que tendrás que limpiar eso – su voz se escuchaba a la perfección con el gran silencio de la cafetería. Se acercó un paso más a mí y tomó el dobladillo de mi top en sus manos y lo estiró un poco, sus ojos viajaron de mi manchado torso a mis ojos –. Puedo ayudarte a quitártelo – sugirió, cerré mis puños a mis costados –. Es decir, no sería la primera vez. - me guiñó un ojo.
La ira ardió con fuerza dentro de mí, y sentí que de mi estómago crecía un ardor que se fue expandiendo por todo mi cuerpo, haciéndome pensar que estallaría en cualquier momento. No podía creer que él haya dicho eso, y mucho menos en frente de todos, sabiendo que cada una de las personas presentes estaba escuchando.
Me aparté de él con una sonrisa fingida y tomé un plato de puré de papas que estaba justo frente a mis ojos. Eric seguía riendo sin darse cuenta de lo que haría, pero su estúpida risa se detuvo cuando su cabello estuvo completamente manchado de puré de papas.
Le dediqué una sonrisa falsa y él retrocedió asintiendo lentamente hasta llegar a una mesa y tomar un enorme vaso de refresco en sus manos. Empezó a caminar hacia mí y yo empecé a retroceder, y cuando tiró el líquido hacia mí, fui lo suficientemente rápida para agacharme, por lo cual la bebida terminó cayendo encima de la cabellera rubia teñida de una chica.
Esta soltó un grito agudo y se puso de pie rápidamente con un pudín de chocolate en sus manos, que terminó embarrado en mi cabello. No pude evitar soltar un grito también.
¡Pero si yo no le había hecho nada! ¡Fue Brennett! ¡Maldita estúpida oxigenada!
Y entonces alguien gritó:
- ¡Guerra de comida!
Y el infierno se desató en la cafetería de ColdHigh.
Miles de comidas volaban por los aires y más de una calló sobre mí, pero mi objetivo principal era Eric. A quien no paraba de tirarle cualquier tipo de cosa que se me cruzara por el camino. En un momento de la pelea, él y yo estuvimos tan cerca, pero tan cerca, que casi podía sentir su respiración agitada chocar contra mi rostro, y aprovechando ese momento de distracción de su parte, mi pizza terminó en su camiseta blanca.
Él rió sin gracia, bastante enojado, y cuando creí que ya habíamos quedado a mano, él tomó un pastel de la góndola que estaba completamente lleno de crema blanca, y cuando me lo tiró, lo único que pude hacer fue tirarme al piso.
De la nada todo se detuvo, y cuando me puse de pie vi como el director del instituto estaba con un pastel de crema en su enorme barriga. Todos tragaron saliva nerviosos, y lo digo porque pude escuchar el sonido.
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Los ojos negros del rector se encontraron con los míos y me apuntó con su dedo índice.
- Tú. – dijo. Apuntó a mis espaldas – Y tú - me señaló a mí -. A dirección. Ahora. – fue lo último que dijo antes de salir con su secretaria detrás de él de la cafetería.
Mis ojos se encontraron con los de Brennett. Quien se veía extremadamente entretenido con el asunto, se le notaba que no le interesaba para nada lo que pudiera sucederle. O bueno, sucedernos.
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