Capítulo 8: "Una imposibilidad"

4532 Palabras
Estábamos en la sala de mi casa jugando con la Xbox de mi hermano a uno de mis videojuegos favoritos: Need for Speed: Rivals, y puedo decir con mucho orgullo que estaba destrozando a Gregg. El idiota había estado gritándome desde que gané la primera partida diciendo que hacía trampa, cosa que no era cierta. Solamente que él y su masculinidad frágil no soportaban perder contra una chica. La mesita de vidrio que estaba en frente de nosotros estaba llena de papas fritas, cheetos y de latas de coca-cola vacías. Y podía jurar que mi rostro y mi ropa estaban más que sucios, mientras que mi cabello, sí, parecía un nido de pájaros. Podía ser que me empezara a vestir como una "chica" (y todo porque el idiota de Gregg no quería devolverme mis cosas, y se rehusaba a ir a comprar ropa nueva igual a la que tenía) pero en mi interior seguía llevando ese camionero que eructaba y hacía comentarios demasiado inapropiados para una "dama". Me importa un cuarto de ovario lo que los demás pensaran de mí o de mi comportamiento o forma de vestir. Solo había una respuesta al hecho de que me comportara como un camionero teniendo al hermoso Gregg Miller en mi sala: era mi amigo, y podía ser quién yo quisiera con él. Sí, puede ser que nos besamos una vez, pero eso era completamente irrelevante. Dos personas pueden ser amigos después de besarse. O bueno, la mayoría de las veces eso no funcionaba, pero ese no ese no era nuestro caso.  - Ni se te ocurra a rebasarme, muchachita del demonio. - Gregg dijo con un tono que me advertía que si le ganaba una vez más me envenenaría la comida. Pero como me importaba una mierda como me torturara, por supuesto que lo rebasé en la carrera, y por supuesto que él quiso alcanzarme, pero fue demasiado lento como para ganar la carrera en la pantalla. Carrera que yo gané en un abrir y cerrar de ojos. Salté del sillón con toda la fuerza que me permitieron mis piernas y elevé los brazos al aire mientras gritaba a todo pulmón. Emocionada por mi septuagésima victoria en esa revancha contra Gregg empecé a revolotear a su alrededor mientras su cabeza estaba entre sus manos, yo reía a carcajadas y le decía: - ¿Quién es la mejor, nene? ¿Quién te ha partido el trasero miles de veces en este juego? ¡Esta chica! - y me apunté con mis pulgares mientras hacía una muy mala imitación de la coreografía de Watch me. De un momento a otro vi como él se colocaba de pie por unos instantes, para luego colocar sus manos en mi cintura con fuerza. Luego sentí como mi espalda chocaba contra el sillón en un minisegundo. Gregg se colocó encima de mi cuerpo y definitivamente me había quedado sin una sola palabra que decir cuando sus ojos verdes se encontraron con los míos. Estos tenían una mirada que me advertía que dos cosas: o me besaba, o terminábamos teniendo sexo.  Y, en ese segundo, con nuestra cercanía, supe que no me oponía a ninguno de los dos. Al fin y al cabo, si un beso no arruina la amistad, tampoco la podría arruinar un poco más de acción, ¿verdad? Sus ojos viajaron a mis labios y en la comisura de los suyos empezó a extenderse una sonrisa de costado. Esa sonrisa ya la había visto antes, en Eric.  > Me tensé de pies a cabeza debajo del cuerpo de Gregg. Lo miré con un poco más de atención y, maldita sea, si que era uno de los chicos más apuestos que había visto en mi jodida vida. - Tienes algo aquí -  su pulgar se posicionó en la comisura de mi boca y lo tocó con suavidad. Me estaba a punto de dar algo en ese momento -. Déjame lo quito mejor. Entonces, noté lentamente como su boca se iba acercando a la mía cada vez más, y cuando estábamos a unos centímetros y ya podía sentir su aliento mezclándose con el mío, ambos escuchamos como la puerta de la casa se abría y unas voces varoniles llenaban el silencio de la sala y el pasillo. Los ojos de Gregg y los míos se abrieron como platos al reconocer las voces. De un momento a otro Gregg estaba tirado en el piso con una mano sosteniendo su cabeza y la otra en su cadera. Yo simplemente estaba roja a más no poder cuando Matt y Eric aparecieron en el marco de la puerta de la sala. Los ojos de mi hermano viajaron del chico tirado en el piso, vestido con un pijama, a mí, vestida con unos shorts más cortos que la vida de Prim en "Los juegos del hambre", y una camiseta entallada al cuerpo. Noté que no podía quitar el ceño fruncido- De verdad le molestaba esa situación, e incluso por sus ojos pasó un destello de - aunque no lo creyera - celos. Mi mirada viajó a la de Eric, quien también observaba a Gregg con ojos asesinos, y luego sus lindos ojos marrones se... Joder, no podía estar pensando en "los lindos ojos marrones de Eric". No podía pensar así. Tenía que controlar mis hormonas. Decidí apartar los pensamientos de mi cabeza y apagar la vocecita irritante de mi consciencia que creía tener siempre la razón. - Gregg, es domingo, ¿Qué carajo haces en mi casa? - fue lo primero que dijo mi hermano. Ya que mi amistad con Gregg había mejorado bastante, lo invitaba más seguido a venir a casa, incluso podía decir que me caía mejor que mis amigas. Amigas que me querían matar por no poder ir a la pijamada que planearon para esa noche. Gregg se puso de pie rápidamente igual que yo. Ambos nos sacudimos la ropa. - Matt, es domingo, ¿Qué carajos haces en mi casa? - fue lo que le respondió Gregg a mi hermano, que no hizo nada más que él avanzara un paso hacia nosotros y frunciera el ceño - ¿Estás copiándome? - dijo Matt apuntándose con el dedo índice. - ¿Estás copiándome? - dijo Gregg imitando su acción. Los ojos de mi hermano se volvieron más filosos que antes y yo estaba a punto de arrancarme un pedazo de lengua por detener mi risa. - Escucha, imbécil. Si no me dices que haces en mi casa a esta hora y más aún con mi hermana, juro que te arrancaré el m*****o y no podrás tener hijos en un futuro- sonrió falsamente. - Okey, primero que nada - dijo Gregg con tono ofendido y elevando un dedo -, no me gusta que me hables de esa manera, soy un hombre de modales y espero que me traten de la misma manera, tienes que respetarme. Segundo - elevó otro dedo poniendo una pose de diva que casi hizo que me orinara -, de verdad que no tienes que fruncir así el ceño, te vas a arrugar y vas a parecerte a un anciano antes de tiempo. Y tercero... - La verdad es que me estoy hartando - intervino Eric y dio un paso hacia el frente -. Te traduzco las palabras de Matt: quiere saber es si te tiraste a su hermana. - lo dijo casi con veneno en la voz, pero parecía bastante tranquilo con toda la situación. Reí fuertemente soltando una gran carcajada, Gregg estaba más que pálido por la forma en la que lo observaba Matt y la tensión de verdad podía cortarse con una tijera en ese lugar. Hice como si me secara una lágrima que caía por mi mejilla y luego caminé hacia el medio de la sala, ya que al parecer empezaban a formarse dos bandos. - Aquí nadie se tiró a nadie - espeté -. Él es solo mi amigo. - le dije a Matthew encogiéndome de hombros. Soltó una carcajada sarcástica. - ¿Sabes cuantas veces le dije a papá que traería una amiga a casa? ¡Miles! - Matthew revoloteó sus manos en el aire. Parecía una cabra loca con sus ojos tan abiertos -. ¿Y sabes en que terminaron esas reuniones de estudio? ¡En sexo! - dio un paso hacia mí y cuando pensé que iba a gritarme algo en la cara no lo hizo, sino que caminó hacia Gregg y lo tomó por fuerza de los hombros -. ¡Dime que no has desvirgado a mi hermanita porque te juro que...! - y no pudo terminar su estúpido discurso porque el timbre de la casa sonó. > Todos se quedaron quietos como estatuas, hasta creo que dejaron de respirar. No sé quién pensaban que era, si un zombie, el hombre gigante ese de las nieves, la policía, o peor aún: mi papá.  Puse los ojos en blanco y les advertí con una mirada filosa que si se movían o emitían palabra, los mataba y caminé hacia la puerta. Definitivamente esperé encontrarme con cualquier cosa o persona, incluso con un alíen o con la vecina, la Sra. Thuperffos, quién no salía de su casa y su única vida amorosa había sido con sus veinte gatos. Pero mis ojos se encontraron con unos ojos azules hermosos, ojos que ya había visto antes, y con esa sonrisa de costado que, sinceramente, le podía llegar a sacar el aliento hasta a la mismísima señora Thuperffos. Zach estaba parado en la puerta de mi casa, vestido con unos jeans negros, una camiseta blanca, una chaqueta negra y con unas botas, también negras. Llevaba también un pac de cervezas en la mano. > - Hey, tú y yo nos conocemos. No recuerdo tu nombre pero jamás olvidaría una cara bonita. -dijo con un tono bastante pícaro, yo no sabía si tirarme debajo de un camión o esconder mi cabeza bajo tierra por lo ruborizada que estaba. - No sé qué... - y justo cuando estaba por terminar de hablar él simplemente entró a mi casa como si nada y me dio un beso en la mejilla mientras me daba las cervezas, que por cierto pesaban bastante. Cerré la puerta a mis espaldas y miré a Zach, quién tenía las manos en la cadera y miraba mi casa con una expresión de asombro. - Linda casa. - dijo haciendo un circulo sobre su cabeza con su dedo índice, sin siquiera mirarme al hablar. Le iba a gritar que quién carajos se creía que era para entrar de esa manera a mí casa, pero no me dio tiempo, ya que empezó a caminar hacia la sala en dónde, por cierto, se encontraban los otros tres monos con los que tenía que lidiar. Seguí a Zach con el ceño fruncido, y cuando ambos llegamos a la sala todos lo saludaron con una sonrisa, y parecían más que relajados riendo entre ellos, como si hubieran olvidado lo que sucedió hace minutos atrás. Tiré las estúpidas cervezas sobre el sofá y observé a los chicos con los brazos cruzados y con el peso de mi cuerpo en mi pierna derecha, la típica pose de una niña mimada que pide explicaciones. Ellos parecían no recordar que yo estaba ahí parada como un cactus, y a pesar de que los llamé unas dos veces seguían ignorándome, hasta que me aclaré la garganta lo más fuerte que pude y por fin logré ganar su atención. Todos me miraron entre confundidos y algo estúpidos. Bueno, en realidad los cuatro eran unos estúpidos así que eso no es novedad, ¿no? - Mejor ve a tomar algo para la garganta. - dijo Gregg y se acarició la garganta haciendo una mueca de asco mirándome. Estaba a punto de sacarle los ojos. - Ah, sí. Olvidé presentarlos, Zach, ella es mi herm... - Val, ya nos conocemos. - la sonrisa de Matt desapareció en un santiamén y lo que su rostro reflejaba ahora era confusión y enojo. - ¿Se conocen? - no parecía una pregunta saliendo de los labios de Matthew, sonaba casi como una amenaza. ¿Ahora qué? No le creía que le hubiera entrado la culpa de hermanito mayor, porque juro que eso sería lo máximo en mi día y hasta podría llegar a vomitar. Aunque, si tengo que ser sincera, Matt empezó a comportarse algo mejor conmigo, como si intentara arreglar algo entre nosotros, como si hubiera hecho algo que sabía me enojaría cuando me enterase y querría terminar matándolo. Y sí, se complicaba querer ser una mala hermana con él e ignorarlo cuando me había estado cocinando el desayuno todos los días hace una semana. - ¿Recuerdas que te conté que una de las conquistas de mi hermano se había emborrachado tanto que se desmayó y tuvimos que llevarla a casa porque el estúpido de Zacharie es demasiado buena persona como para dejar a alguien tirado en el sillón de una fiesta? - dijo Eric, acaparando la atención de todos los presentes -. Bueno, esa chica era Val. Y entonces las miradas de Matthew y de Gregg se dirigieron a mí.  Juro que yo les conté a los dos lo que había sucedido esa noche... bueno, no, no lo hice. Pero porque qué más daba a ese punto, estaba viva, no fui violada, no me drogaron, no intentaron sacarme algún órgano y venderlo al mercado n***o. Evitar los detalles algunas veces era necesario. Más si no quería que me observaran como ellos me están observando en ese momento. Miré con ojos filosos al idiota de Eric. Fácilmente podría haber tenido la boca cerrada, pero no, el había nacido para hacerme la vida imposible. - Gracias, Eric. - dije con la voz venenosa. - De nada, nena. Estaba a punto de arrancarle la lengua en ese mismo momento, porque le había advertido que no volviese a decirme "nena" en su miserable vida.  Me acerqué a él con la intención de volver a repetirle mis palabras, pero entonces el timbre de la casa sonó y esta vez no tuve que ir a abrir la puerta, porque mis tres hermosas amigas entraron gritando a mi casa, con sus mochilas colgadas de sus hombros, incluso todas estaban con pantuflas. Cuando las vi lo primero que hice fue poner los ojos en blanco por cómo estaban vestidas: como yo. O sea, con pijamas. Ellas me sonrieron de oreja a oreja y elevaron sus brazos sobre sus cabezas luego de tirar sus cosas al piso de la sala. - ¡Tatán! - gritaron todas al mismo tiempo. - Cómo no puedes ir a la fiesta, la fiesta vino a ti.- dijo alegremente Julie. - No me lo puedo creer - escuché decir a Gregg y lo miré sobre mis hombros, una de sus manos estaba en el pecho de Eric y la otra en el de Zach. Tenía los ojos iluminados -. Tendremos una orgía. - dijo casi esperanzado y con una sonrisa de oreja a oreja. Juro que mis amigas y yo bufamos y pusimos los ojos en blanco al mismo tiempo, casi como si estuviéramos conectadas por un pacto del demonio o algo por el estilo. - Orgía la tendrá tu abuelo. Porque hoy, es noche de chicas. - dijo extasiada Lenn mientras me miraba con ojos perversos.  Observé a Less y su rostro estaba completamente rojo, e incluso creo que se estaba escondiendo detrás de su cabello o algo así. Miraba de reojo a alguien que estaba enfrente de ella. Fruncí el ceño y miré en dónde ella lo hacía, y me encontré con los ojos azules de mi hermano observando de reojo a mi amiga. La comida de la tarde no tardó en subirme por la garganta por si quiera pensar en el hecho de que Less y Matt... uhg, lo que sea. Cualquier cosa que terminara relacionándolos. - Y cómo es noche de chicas, la sala nos pertenece, por lo tanto, muevan sus traseros y salgan de aquí.-dijo Julie con tono brusco y apuntando con su pulgar a sus espaldas, tenía esa mirada en sus ojos que juro podría domar hasta a un toro. Uno de los problemas acerca de mi casa era que mi habitación no era lo suficientemente grande como para poder poner colchones en el piso donde mis amigas pudiesen dormir, por lo que cada vez que teníamos una pijamada, dormíamos en la sala. Pensé que los chicos le harían caso y se irían de la sala, pero en vez de eso escuché una carcajada de parte de Zach, cosa que seguramente hizo porque no conocía a Julie como lo hacían los otros tres idiotas. Lo decía en serio, la mujer estaba completamente loca. Una vez, cuando mi hermano, Gregg y Eric le jugaron una broma en jardín de niños - le escupieron sobre su sándwich favorito - ella lloró como por dos minutos y al otro día los tres aparecieron con la cabeza rapada, ya que mi querida amiga les había pegado una cantidad exagerada de goma de mascar en el cabello a ambos. Si hizo eso cuando tenía cinco años, no quería imaginarme que haría a sus diecisiete.  - Nosotros llegamos primero, princesita, así que pueden ir a jugar a las barbies a otro lado. - dijo Zach con un tono arrogante y todos lo observamos con los ojos abiertos como platos, mientras negábamos efusivamente con la cabeza y él nos observaba confundido. Miré a mi amiga quién estaba roja de la furia, pero en vez de que Julie se acercara a él, lo hizo Lenn. Es decir, se acercó tanto a Zach y lo miraba de una manera tan amenazadora que juro por Dios que si las miradas mataran, el chico hubiera convulsionando en el piso. Él simplemente enarcó las cejas retadoras, mientras ella achinaba los ojos. - Mira, niño bonito, será mejor que saques tu trasero de aquí si no quieres que te mate a golpes. - amenazó Lenn y Zach, sin nada de miedo, se acercó un paso más a ella. - Oblígame, hermosa. -- respondió este mirándola retadoramente. Desde donde estaba pude ver como el rostro de Lenn se tornaba cada vez más rojo por la ira, en cambio las expresiones de Zach eran graciosas y engreídas. Miré sobre mi hombro a mis otras dos amigas, Julie simplemente estaba acariciándose el cabello con la mirada clavada en algo que no tengo idea de lo que es, y Less estaba completamente sonrojada y con sus ojos fijos en Matthew, mi hermano. Mis ojos viajaron a Matt y él estaba con la mirada fija en Zach y Lenn mientras hablaba de algo con Eric y Gregg, sonreía y reía, se cruzaba de brazos o se rascaba la nuca. En un momento miró de reojo a Lenn, y cuando apartó la mirada de ella una media sonrisa de lado apareció en su rostro. ¿Qué demonios estaba sucediendo entre ellos dos? Joder. - Chicos, en serio, mejor váyanse a otro lugar a mirar el partido. - habló Julie mientras caminaba hacia Lenn y la agarraba del brazo para evitar que matara a Zach. Ella estaba hablando como lo hacía cuando alguno de sus primos quería comer sus chocolates. - No nos vamos a ir. - sentenció Eric cruzándose de brazos. Los demás imitaron su acción casi al mismo tiempo, perfectamente coordinados. - Nosotras tampoco. - las cuatro nos cruzamos de brazos al mismo tiempo nuevamente. Eran dos equipos, las chicas contra los chicos, y estuve esperando a que mis amigas saltaran encima de los chicos y les golpearan, pero eso jamás sucedió. Simplemente nos quedamos mirando unos segundos, y ninguno de los dos equipos dio el brazo a torcer. Entonces, terminando con la disputa de una buena vez la voz de Matthew se hizo presente. - Okey. Entonces nosotros miraremos el partido y ustedes tendrán su pijamada. Todo al mismo tiempo. Nos miramos entre nosotras y nos encogimos de hombros, de acuerdo con lo que mi hermano había propuesto. Y... todo comenzó. Los chicos se tiraron en el sillón con miles de paquetes de comida chatarra y con las cervezas que había traído Zach. Estaban completamente en su mundo sin hacernos caso, lo que de verdad era muy bueno desde mi punto de vista, y hacían chistes entre ellos, chistes de muy mal gusto a decir verdad. Nosotras, por otro lado, nos movíamos de aquí para allá, subíamos y bajábamos las escaleras con sábanas, almohadas y colchones. El hecho de que no podamos tener la pijamada en mi habitación es por el hecho de que es demasiado pequeña para que entremos todas. Si, la casa es enorme y tiene miles de cuartos gigantes, pero nunca me gustó el hecho de tener un cuarto enorme para mi misma- Se preguntarán por qué hacemos una "pijamada" en un domingo. Pues por el hecho de que es una tradición; todos los últimos domingos de cada mes lo hacemos a pesar de que al otro día tenemos escuela, y normalmente si asistimos a clases a pesar de estar como zombies. Esa es la parte divertida. Ya los cuatro colchones estaban tirados en la alfombra de la sala con las sábanas, las almohadas y las frazadas encima. Todas estábamos con pijama y juro que cuando nos tiramos a los colchones todas juntas juro que la clavícula de Lenn me golpeó la teta izquierda. - Okey, ahora que si podemos hablar, tengo una pregunta para ti. - habló Lenn dirigiéndose a mí. Tragué la comida que estaba en mi boca y elevé las cejas esperando su pregunta -. Queremos saber que carajo pasó con tu ropa de camionero. Porque juro que verte vestida con ropa de tu talla es casi una de las maravillas del mundo. - solté una carcajada y ellas también -. Es decir, la primera vez que te vi con jeans ajustados pensé: Dios mío, me volví lesbiana. No podía dejar de reír como una foca retrasada por las cosas que estaba diciendo Lenn, juro que sentía que me ahogaba. Ella siempre era muy sincera, muy directa con lo que pensaba y decía exactamente lo que se le pasaba por la cabeza en el momento, eso me agradaba y había veces que de su boca salían tantas estupideces que nadie podía evitar reírse. - Tienes que agradecerle a Gregg - dije por fin y miré sobre mis hombros apuntando con la cabeza a Gregg quien se dio vuelta y me sonrió guiñándome un ojo, hice lo mismo -. Prácticamente tiró toda mi ropa y la reemplazó por esas cosas que usan ustedes. - hice una mueca de asco y Julie puso los ojos en blanco. Observé a Less esperando algún comentario de su parte pero ella estaba con la nariz enterrada en su celular mientras tecleaba a toda velocidad con sus pequeños dedos. En el fondo (muy, muy, muy en el fondo) me pregunté si estaba hablando con un chico. O mejor dicho, si estaba hablando con mi hermano. - Okey - habló Julie -. Juro que si no dejas ese celular en este momento te lo meteré por el trasero. Y con esas delicadas y sensibles palabras de Julie logró captar la atención de todos lo que estaban en la sala. Less nos observó con los ojos abiertos como platos y fue dejando lentamente su celular lejos de ella. No pude evitar reír. Conforme las horas fueron pasando fuimos haciendo diferentes cosas: desde jugar twister hasta terminar con la cara maquilladas como un payaso. Siempre hacíamos este tipo de cosas, nos comportábamos como niñas todos los últimos domingos de cada vez. Desde mi punto de vista de vez en cuando está bien comportarte como un niño. Ese es el punto de la vida: comportarte como un adulto, pero no olvidar que tienes un niño dentro que de vez en cuando necesita salir. Yo moriría sino dejara salir a "mi niña interior" de vez en cuando. Los chicos se pusieron de pie todos al mismo tiempo mientras gritaban a todo pulmón. - ¡VAMOS! ¡CORRE! ¡CORRE! Las luces se apagaron de la nada, dejándonos a oscuras completamente. Sentí a mis amigas saltar encima de mi, porque si, todas éramos demasiado miedosas, y tengo que admitir que yo hasta el momento no superaba mi medo a la oscuridad. - ¡¿Qué?! - escuché la voz de Gregg -. ¡No puedes estar haciéndome esto! ¡Ese iba a ser una anotación legendaria! ¡Malditamente legendaria! - parecía que Gregg estaba llorando y me lo imaginé tirado en el piso mientras se abrazaba las piernas. Me puse de pie, con una de las chicas colgada de mi brazo derecho, otra del izquierdo y una prendida por mi cabello, como si fuera un jodido caballo. Puse los ojos en blanco y empecé a caminar a pesar de que no veía una mierda. Me choqué con más de veinte muebles mientras caminaba hacia la salida, y estoy empezando a pensar de que las paredes tienen algo conmigo ya que me choqué con una y mi nariz terminó aplastada nuevamente. Llegaré a los veinte años y tendré que operarme la nariz. Salimos a la calle y los chicos salieron detrás de nosotras. Nos acercamos a los autos y me recosté por la carcacha con ruedas de Lenn mientras miraba con los ojos entrecerrados a mi casa, como si eso fuera a hacer que la luz volviera. Bufé y me encogí de hombros. - Creo que es tiempo de hacer una imposibilidad. - sugerí cuando mis amigas estuvieron enfrente de mi. Los rostros de las tres se iluminaron y sonrieron de oreja a oreja. Los chicos se acercaron a nosotras con los ceños fruncidos y rostros confundidos. - ¿Imposibilidad? ¿A caso eso no es de Alicia en el país de las Maravillas? - preguntó Matt. - Es lo que hacemos siempre todos los últimos domingos de cada mes. Siempre para terminar la noche hacemos algo loco que sabemos jamás haríamos solas o en una noche simplemente común.- explicó Less y creo que es la primera vez que la oigo hablar en lo que va de la noche. Era una tradición que teníamos desde los cinco años, que por alguna razón jamás desapareció. Supongo que a veces era mejor aferrarse a la niñez en vez de dejarla ir del todo. Los rostros de los idiotas se iluminó como el de mis amigas, y no pasó ni un segundo hasta que Gregg habló. - Queremos participar. - dijo él. - De ninguna manera. - espeté cruzándome de brazos. - Val, por favor, será más divertido con más personas. - dijo Julie haciendo un puchero, puse los ojos en blanco y me encogí de hombros, acción que significaba: hagan lo que quieran, yo no me meteré, pero claramente les diré "se los dije" si algo sale mal. - Okey. ¿Y qué idea tienen para esta noche? - preguntó Eric con tono sarcástico. - Resulta que ya he estado pensando en esto antes de venir hacia aquí - habló Lenn con un tono pícaro elevando una ceja. Sacó unas llaves del bolsillo del pantalón de franela que traía puesto y lo hizo girar en su dedo índice -. ¿Saben cuál es la ventaja de ser la asistente de la bibliotecaria? Te dan una copia de la llave de la puerta trasera. O sea que puedo entrar cuando quiero. Sentí como mis ojos se iluminaban ante la idea, y el de todos los demás también. Si había algo que de verdad amaba de esta chica era su hermosa mente maligna. Definitivamente la seguiría hacia el fin del mundo. - Al parecer iremos al instituto esta noche. - dijo Matt retorciéndose las manos con una sonrisa casi diabólica en su rostro. Sería una noche interesante.
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