Capítulo 27 —Confesiones Narrador: Luego de aquel encuentro, Sebastián y Janina no se habían vuelto a ver. Ruperto Mireles le había mandado llamar para discutir con él, sobre una licitación para la construcción de un parque temático en las afueras de la ciudad. Sebastián entró en la oficina con la mirada perdida, sumergida en pensamientos que lo alejaban de la realidad que le rodeaba. Su padre lo observó con el ceño fruncido desde el sillón de su escritorio. — ¿Qué demonios te pasa, Sebastián? —preguntó con el tono autoritario que le era característico, sin una pizca de preocupación. El joven empresario se detuvo en seco y giró hacia su padre, su rostro reflejaba una mezcla de frustración y desasosiego —No lo sé, papá —respondió con toda sinceridad —Todo está tan jodidamente confuso…

