"En serio está muerto el chef?" Una pequeña niña ansiosa de cabello rubio muy corto me pregunta. Dejo mi mochila en el suelo para buscar las llaves que abrirán las cadenas de las chicas. "En verdad está muerto el chef, por lo que estoy aquí para liberarlas." Comento mientras que me acerco hasta ellas observando como está distribuida la "despensa." Todas estas chicas y niñas malviven separadas por una pared delgada entre ellas. Su lugar solo esta provisto de un asiento largo de cemento donde, me imagino que ellas deben recostarse o mal sentarse en el. Todas usan la misma camisa sucia, percudida y deslavada que alguna vez yo usé en el sotano de Rey. Pero a diferencia mía, las camisas de las chicas están rotas por la espalda. Una gruesa argolla las abraza por sus cinturas. Tienen un

