Lo miro de reojo y noto como en su brazo tiene un tatuaje wow se le ve perfecto, sigo observando y ahora veo que tiene uno en la clavícula del cuello, divino comento hacia mis adentros. Sigo levantando mi mirada hasta que veo como él me ve sorprendido a la vez que alza las cejas, es como si me estuviera preguntando ¿Qué haces mirándome? Ay Por favor, Celia, otra vez estás viéndolo como una total tonta.
Aclaro mi garganta, alejo mi rostro el cual estaba cerca de él, sonrío apenada en tanto pestañeo un par de veces para después dejar de mirarlo.
Pretendo poner atención a clases digo vine aquí por un propósito y ese es estudiar administración de empresas y ser una de las mejores empresarias del ámbito empresarial al menos en mi país.
Pongo atención a lo que dice la maestra quien explica algo sobre el funcionamiento de las empresas, así prosigo hasta que el timbre suena todos dan un grito de alivio aun no puedo entender cómo es que hay chicos y chicas que vienen a estudiar sin siquiera gustarles.
Como sea de mi parte me dedico a guardar mis libros y preparar los siguientes menos mal que hay un horario de clase enfrente del pizarrón.
—Hola—sin previo aviso una chica de cabello ondulado me saluda.
—Ah, Hola—sonrio al mismo tiempo que pongo mis cuadernos encima del mesa banco.
—Me presento soy Lizbeth —extiende su mano la cual tomo enseguida para presentarme.
—Hola soy Celia —suelto su mano.
—Mucho gusto Celia si gustas podemos ser amigas —continua sonriendo.
—Claro—menciono entusiasmada.
Si en algo nunca he tenido problema es en hacer amigos ellos vienen solos hacia mí.
Continuo sonriéndole a Lizbeth más sin embargo él, es decir Roberto se pone detrás de ella logrando acaparar toda mi atención así que de sonreírle a Lizbeth ahora estoy sonriendo por Roberto quien habla con sus amigos.
Mi nueva amiga me hace una seña para que reaccione y así lo hago, ella niega sonriendo.
— ¿Te gusta cierto? —cuestiona en tono de bulla.
—Se me nota tanto—frunzo el ceño en señal de preocupación.
Por lo que ella asiente un poco apenada, ah lo sabía soy tan obvia cuando me gusta un chico, bueno él es el segundo chico que me gusta el primero fue Harry ese individuo el cual anduvo conmigo solo por una apuesta.
Aun siento resentimiento por su culpa, siento que desde que él jugo con mis sentimientos soy más insegura que antes.
Me dolió tanto que jugara asì conmigo que ahora creo que no merezco querer a alguien porque si lo hago corro el riesgo de ser rechazada.
Pero véanme ahora aquí idiotizada por alguien al que acabo de conocer hace menos de una hora, pero es que la conexión que siento con él es increíble, hay algo en él que me dice que esta vez será diferente.
—Creo que si me gusta o no sé, sinceramente estoy confundida, lo único que sé es que no puedo dejar de mirarlo—respondo algo apenada.
—Mira, hay algo que debes saber—frunce los labios.
—Ay no, no me digas que está comprometido o algo asì —digo con tristeza.
—Bueno no tanto como comprometido pero sí, creo que le gusta alguien —ahora frunce el ceño.
— ¿Y quién es? ¿Es de este salón? —espero con ansias alguna respuesta.
—No, ella es de otro salón, ella está estudiando la carrera de nutrición. Se llama Sonia es una de las chicas populares de la uní, igual que Roberto, solo que ella no le hace caso, lo sé porque mi hermano es amigo de Roberto y los he escuchado platicar sobre eso—me explica a detalle.
—Entonces ¿Hay alguien en su corazón? —me siento realmente triste por eso.
—Bueno digamos que es solo un gusto tal vez algún día se le pase—me sonríe.
—Buenos días—recién entra la siguiente profesora.
Lo que me ha dicho Lizbeth me ha dejado pensando ¿Y si jamás le llego a gustar a Roberto?
Muerdo mis labios de solo pensar en eso.
Una hora más tarde…
—Sí que la universidad es enorme —miro como hay canchas enormes en el lugar.
—Si es enorme porque aparte de ser la más prestigiosa por sus profesores y carreras también fomenta al alumno a tomar clases de actividades recreativas y en cada taller hay profesores altamente calificados tanto como para que se vuelva otra de tus carreras —ella sonríe mientras dice eso.
Yo la escucho con atención mientras abrazo ese cuaderno que llevo en mis manos.
—Por acá chicos —menciona una de las prefectas—Aquí hay una lista de actividades de las cuales pueden elegir una, cuando ya tengan elegida una por favor se apuntan y buscan al profesor dedicado a ella ¿Entendido?
Me acerco a una de las listas la cual veo con atención, ninguna actividad me llama la atención tanto como la música por lo tanto me apunto en esa clase, ahí en la fila veo a Roberto quien parece mal humorado.
— ¿También tomaras clases de música y canto? —pregunta Lizbeth emocionada.
—Exacto aunque me gusta más cantar—no dejo de mirar a Roberto.
—Él parece enojado—comento sin dejar de verlo.
—Así parece—La fila avanza un poco.
Minutos después…
Ya estamos dentro asì que el profesor de música continua con darnos la bienvenida enseguida de eso explicarnos el valor de la música tanto como su historia.
Todo sigue asì hasta que pasa a Roberto al frente, bueno al menos lo voy a poder mirar sin aparentar que no lo estoy haciendo.
—Por favor Roberto, dinos ¿Qué es lo que amas de la música? —el profesor pregunta.
—Vamos Profesor no nos hagamos que usted y yo sabemos perfectamente que no amo la música —dice con enojo.
—Aprenderás amarla, tenías que tomar un taller y este fue el que elegiste asì que por favor respétalo.
— ¿Yo elegí o mi padre? —él mira con coraje.
—Mira Roberto no sé porque tu padre te haya obligado a elegir un taller que no te gusta pero eso es algo que ustedes lo tienen que hablar a solas.
—Sé que mi padre no lo entenderá más esperaba que usted si pero veo que no, solo le pido que no me hostigue y pretenda que ame la música porque eso nunca va suceder —baja de donde esta y le da una pequeña patada a la batería que hay a un lado.
Sí que eso me sorprendió ¿Por qué él está obligado a estar aquí? ¿Por qué simplemente no se va? Aunque aquí la verdadera pregunta es ¿Qué es realmente lo que le apasiona? ¿Sera que está aquí? Suspiro al recordar su rostro de frustración antes de salir del salón.
Finalmente Roberto ha vuelto después de pasar casi toda la clase fuera, él viene con su ropa un poco sucia y con el lleva un balón de futbol americano en sus manos.
Él parece otro es como si su mal humor hubiera cambiado a uno tan positivo que me hace sonreír de verlo asì de feliz.
—Muy bien muchachos—menciona el profesor —Es hora de irme, por favor firmen antes de salir ya que eso cuenta como asistencia—toma su maleta y se va.
Todos hacemos fila y por supuesto yo quede detrás de él, desde atrás se ve perfecto una espalda ancha, unos brazos atléticos y un tras… Es decir una muy buena vista.
Luego de unos minutos la fila avanza todos se han ido incluso Lizbeth asì que solo faltamos él y yo de firmar, él se agacha y firma, después se da la vuelta y sin verme de pronto hace una mueca de preocupación seguido de eso se le escapa un “Mierda” él baja la mirada y me ve con alivio, de pronto deja ese balón en mis manos y avanza hacia la puerta donde está un señor elegante, con un porte casi al mismo de él, claro ese debe ser su padre es increíble el parecido.