"Esto Es Solo El Comienzo"

1310 Palabras
Actualización… Trago grueso al mismo tiempo que pestañeo un par de veces, rayos que personalidad tiene tanto que me pone a mil por ciento nerviosa. De pronto él me suelta y se vuelve a sentar. —Deberías de fijarte por donde caminas, ¿Acaso siempre andas en la luna? Y de pronto la poca caballerosidad que había mostrado ante mi desaparece como si fuera una estrella fugaz. —Aquí tienes tu café, con permiso. Esta vez ni siquiera me tomo la molestia de contestar algo. Me he dado cuenta de que Roberto es así por naturaleza, o quizá en el fondo sea amable sin embargo tengo la certeza de que esa amabilidad nunca será para mí, dado a que él simplemente me odia. Sin más me doy la vuelta, apenas y doy unos pasos para irme hacia la barra sin embargo él toma mi brazo y me devuelve. — No te he dicho que te puedes ir ¿O sí? —comenta con aires de grandeza. Y aquí vamos otra vez, de verdad Roberto no quiero pelear, estoy tan cansada que lo único que quiero es que este día termine para irme a casa, si tan solo entendieras lo difícil que es mi vida tal vez tendrías un poco de amabilidad hacia mí y esas palabras solo las escucho yo, puesto que ni loca lo mencionaría eso sería que él soltara toda se ira la cual se refleja en su mirada. A estas alturas aun él me tiene tomada del brazo por lo que eso hace que voltee hacia su agarre del cual enseguida me libera. —¿Deseas agregar algo más a tu pedido? —menciono para después verlo por unos segundos. —No, solo quiero advertirte que odio las impuntualidades, y que no vaya a ser que llegues tarde por haberte ido por ahí. —¿A qué te refieres Alberto? Ya te dije que si llego tarde es porque vivo lejos. —Creo haberte dicho que mandare un chofer por ti —comenta. —Ok, dile que pase por mí a la cafetería y si eso es todo con permiso. Nuevamente me doy la vuelta y sigo mi camino hacia la barra desde ahí observo a Roberto quien está escribiendo algo en su celular luego de eso noto como con molestia deja ese teléfono a un lado de él quien de repente voltea hacia mí eso hace que me desconcierte un poco, así que para descartar que el piense que lo estaba viendo hago como si estuviera limpiando la vitrina de panecillos que hay justo a un lado de mí. Horas más tarde… Por fin mi turno ha terminado, lo malo es que debo cumplir con mi promesa de ir a casa de Roberto, si no fuera porque mi tía se casa en un mes juro que no lo haría. —Hasta luego señora Abril —desde lejos me despido de ella. Después me doy la vuelta para tratar de salir de la cafetería cosa que tardo en suceder ya que he topado con una persona, enseguida me aparto y es un guardaespaldas uno de los tantos que andan junto al señor Alberto. —Lo siento señor—me disculpo al mismo tiempo que sobo un poco mi frente. —No se preocupe, ¿Usted es la señorita Celia Yam? —Así es… —El joven Roberto me pidió que viniera por usted. —Muchas gracias. —Después de usted. Asiento con la cabeza y después me dedico a caminar hacia el coche super elegante que hay frente a mí, enseguida ese guardaespaldas abre la puerta para que suba, así lo hago para después esperar a que èl suba junto al chofer. Una hora después… —Por favor, señorita—el chofer es ahora quien me abre la puerta. —Muchas gracias. —Por favor siga derecho, en la entrada habrá alguien para que la lleve con el joven con permiso. Algo confundida sigo mis pasos hacia la entrada, por Dios porque tanto rodeo para ir con Roberto, de verdad que estoy mareada de tanta gente que he visto durante el día. —Señorita por favor sígame—menciona ahora una chica. Y aquí vamos de nuevo, sinceramente me encanta la hospitalidad de esta gente sin embargo me siento muy cansada y estresada. Por eso es que solo le dedico una sonrisa para luego seguir sus pasos los cuales me adentran más a fondo de esa enorme casa, desde lejos se escucha como alguien maltrata a un pobre piano, claro ese debe ser Roberto quien se nota a kilómetros lo cuan estresado esta, observo como esa chica abre la puerta y es ahí donde se esas notas musicales si es que se le pueden llamar así, salen con más fuerza de ese enorme salón. Ella toca el hombro de Roberto quien deja de tocar el piano y la mira con molestia. —Ya te he dicho que no tolero que un extraño me toque—replica contra esa pobre chica. —Lo siento joven es solo que… —No quiero excusas solo dime ¿Qué quieres? Esto sí que es una ofensa ¿De verdad no ha notado mi presencia? —La señorita Yam ha llegado. Es ahí cuando por fin él se da cuenta de mi presencia. —Vaya como no me di cuenta con ese olor a café que hace notar a metros. —Con permiso jóvenes—ella se va. ¿Qué? ¿Huelo a café? Ay por Dios Celia eso no importa ahora, además el café huele delicioso. —¿Vendrás a enseñarme o seguirás ahí parada como estatua? —alza las cejas. —Ah si—me acerco a él—Esta será la canción que tocaremos, es la favorita de mi tía—saco mi celular para buscar esa canción la cual está entre muchas que tengo en mi galería de música. No puede ser que hasta mi celular me haga la vida imposible ahora, por favor celular no me falles de esta manera. De reojo veo como Roberto da pequeños golpecitos al suelo, sí que se está desesperando. —No entiendo porque simplemente no cambias de celular, tan fácil que es cambiarlo. —Tal vez para ti es fácil para mí no, tengo otros gastos. Escucho como él suspira con molestia, después veo como él saca su celular y lo pone en una de mis manos. —Apúrate, tengo cosas que hacer como dormir. Enseguida busco esa canción en su celular, después lo dejo en el piano. —¿Eso qué? —¿Por favor podrías solo escuchar la canción un par de veces? Eso es para que te familiarices con ella. Su única respuesta en ese momento es torcer los ojos mientras que al mismo tiempo sonríe con ironía. —Esto es broma ¿verdad? —No es una broma, solo hazlo porque si no lo haces no podrás tocar nada, tienes que saber lo que tocas. Algo incomodo toma asiento, pone su codo en el piano a la vez que recarga su cabeza en una de sus manos, en esa posición escucha esa canción. Al parecer esto sí que va a hacer difícil. Tres veces más y él apaga ese celular, su reacción solo es ponerse de pie y verme fijamente. —¿Eso es todo? ¿Ya me puedo ir a dormir verdad? —No. De hecho, es el comienzo, ahora necesito que toques algo para que así tus dedos se relajen—dejo de verlo fijamente en cuanto noto la profundidad de su mirada. Roberto toma asiento y empieza a tocar, tal vez él si sepa algunas notas musicales sin embargo toca tan desafinado que mis oídos lloran. A pesar de eso dejo que toque todo lo que sabe, porque, aunque le gusta el futbol americano al parecer también se le ha quedado algo de música.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR