Marbiel oye como la princesa se ríe a carcajadas, pero aquella risa parecía más a la de una burla. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso la princesa siempre estuvo en el palacio? —Así que no sabes nada, que interesante. Veo que mi prometido es muy astuto. Pero dada las leyes de este país no puedo hacer nada más que aceptar su tontos caprichos, pero no te hagas ilusiones mujercita tu solo eres el pasatiempo del príncipe. Porque yo seré su esposa, la primera y mis hijos serán los únicos con derecho al trono. — ¿Qué está diciendo? — Marbiel frunce el ceño mientras retrocedía unos pasos. —Quizás te logres casar con él, asumo que las leyes no se lo prohíben. Pero no serás nada para Ramís. Solo serás una ramera más del montón que puede tener, y para confirmar que lo que digo es completamente cierto. —

