Caminaba al altar del brazo de mi padre con una sonrisa en el rostro y lágrimas en el pecho porque anhelaba con todas las fuerzas de mi alma que mi cuento de hadas tuviera el final más feliz y hermoso que jamás hubiera existido. Levanté la mirada y sentí que los párpados me temblaban, ahí estaba él, tan guapo y perfecto con su traje de novio. Esos hermosos ojos azules brillaban tanto que opacaban la belleza del mismo mar. Al verme pellizcó el puente de su nariz tratando de contener sus lágrimas, la emoción se le salía por los poros. Mi padre le entregó mi mano. —Te entrego uno de mis tesoros más valiosos, sé que vas a cuidarla y a amarla por siempre. Fer apretó mi mano, aleteé mis largas pestañas tratando de contener las lágrimas de felicidad. —Jamás lo dude, mientras exista la amar

