Yo le insistí, pero Ignacio no me escuchó. Me subió al auto, se aseguró se abrochar bien mi cinturón. Cuando rodeo el auto para subirse yo fui más rápida y me bajé. -Joder Megan, entiéndelo por favor. –Dijo saliendo del auto y suplicándome con la mirada. -No Ignacio. No me voy a ir, no me voy alejar de ti. -Entonces soy yo quien se va, Megan. -Ignacio, espera. ¿Cómo te vas a ir si estás viviendo aquí? –Dije suspirando frustrada. Me iré yo –Dije subiendo a su auto para para presionar el botón del garaje. -Que haces Megan? –Preguntó confundido. -Voy por uno de mis autos. –Respondí inmediatamente. -Yo te llevó a casa. No vas a conducir así, bebiste mucho. –Y él tenía razón, así que accedí a que me llevara. En el camino intenté hacerlo razonar, pero no logré nada. Ignacio era tan

