Preparó la maleta tan rápido como pudo en cuanto se le pasó el llanto y el dolor que habían causado sus palabras, dando paso al enfado, a la ira. Revisó por encima que llevase lo necesario para ella y el bebé, confirmándolo cogió a la criatura y salió decidida, según estuvo montada en el coche se dió cuenta de que no tenía donde ir y recordó las palabras de su padre. Fue hacía allí, llamó a la puerta, abrió su madre, la cual evidenciaba con la expresión de su rostro lo confusa que estaba por verla con maletas a su lado. —¿Qué has hecho? —fue su saludo. —¿Puedo pasar? —le respondió Irene con fortaleza. —Claro —la mujer se apartó de la puerta y la miró con desaprobación. Irene buscó a su padre, lo encontró leyendo un periódico en el salón, dejó al bebé en su cuco y fue hacía él. —¡Pap

