Irene se giró de nuevo y miró a su profesor. —¿Te gustaría tomar un café conmigo y te explico cómo funcionan los audiolibros? Lo que menos pensó ella fue que su propuesta fuera con segundas intenciones, había aprendido a ser ella, como persona individual, con sus cosas malas y buenas, se quería, pero seguía sin darse cuenta de cuando un hombre la miraba distinto. —Vale, pero hoy no, tengo que ir a casa, ¿otro día puede ser? —Sí, claro, otro día —le respondió con una sonrisa, algo de lo que tampoco se percató, esa sonrisa de satisfacción por saber que no se había negado. Al llegar a casa su madre estaba dando de cenar a Samuel. —¿Qué tal las clases, cariño? —le preguntó la mujer sin quitar la vista de su nieto. —Bien, el profesor me ha dicho que podría trabajar con mi voz, ¿te lo pue

