Todos miraron expectantes a la puerta de entrada, reinó el silencio y la decepción por no tener una buena historia, el sacerdote continuó con la ceremonia tal lo previsto. El convite fue muy divertido, entre risas, bromas y brindis pasó rápido el resto del día. Ya de noche, en el hotel, Diego quiso pasar el marco de la puerta a la habitación con ella en brazos, ella no quería, se negó, pero Diego insistió hasta lograrlo, Irene se sintió incómoda al estar en sus brazos, "todo es muy bonito en las películas, pero nada que ver en la vida real", pensó. Desnudarse tampoco fue tarea fácil, el vestido lo tuvo que sacar a pequeños empujones, se había pegado a su cuerpo, le dolían los pies y sentía dolor de cabeza por el cansancio, aún así, se dió una buena ducha y se puso el camisón que había r

