La omega despertó al día siguiente, aún mantenía aquel color amarillo en sus ojos, lo cual indicaba que seguía sin ser la misma por completo. Su mirada recayó en el alfa que estaba sentado en el pequeño sofá dentro de la recamara y sonrió, pronto pudo percibir su propio olor en ella, recordando lo que había pasado la noche anterior. Se sentía dichosa y emocionada, se toco su vientre con ternura sintiendo la calida ilusión de formar una familia con su alfa. Pero se preocupó cuando Leo no pareció tan contento, estaba pensativo y serio, se bajo de la cama, descalza se hincó sobre los pies del alfa y lo miro interrogante. El azabache tomó sus manos antes de que pudiera tocar más allá de sus pectorales y la alejó de el, se paró bruscamente caminando hacia la mesa de noche. Victoria sintió com

