CAPÍTULO 12

1736 Palabras

Con eso, entramos en su despacho. Mis ojos se posaron en el entorno familiar mientras él se acercaba para sentarse directamente en su escritorio antes de hacerme señas para que tomara asiento en la silla que había frente a él. Me acerqué a la silla y me senté, dejando que el cojín se formara alrededor de mi trasero. —Mi hijo es bastante descuidado con estas cosas, así que es mi trabajo—, me explica. Una ceja mía se levanta antes de que tenga oportunidad de detenerla. —Hablando de tu hijo, ¿por qué te llama Angelo? También noto la tensión, ¿ha pasado algo?—curioseo, echándome hacia atrás en su silla mientras mira alrededor de la habitación con una sonrisa de satisfacción en la cara. —Ahí va la entrometida que encontré en mi despacho aquel día—, dice. Le miro fijamente a los ojos, mis ojo

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