Al llegar a la mansión Cárter, Victoria sintió un cambio impresionante, al cruzar la puerta el mayordomo la saludó amablemente. — Bienvenida a casa, señora Cárter. Una doncella le hizo una reverencia y tomó su maletín y su abrigo para luego subir las escaleras rumbo a su habitación. Victoria no estaba acostumbrada a tanta ceremonia, en la casa de su padre donde creció solía llamar a los del servicio por su nombre. Pero, en la mansión Cárter todo era diferente. Liam era el señor Cárter, tratado con respeto, distancia y sumisa obediencia. Era verdad que Liam era un patrón estricto, pero también muy justo. Sabía remunerar su trabajo y esfuerzo, por eso la servidumbre no dudaba en obedecer sus órdenes sin chistar. Victoria lo había notado, y aunque al principio se sintió algo
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