Mientras ella dormía en casa de Karina, Liam la buscaba desesperado. Aferrándose al asiento de la limusina, con las manos tensas, tratando de controlar la situación, al menos en su cabeza. Liam apretaba los puños con más fuerza cada vez que venía a su cabeza la imagen del rostro de Victoria entristecido y decepcionado. La ciudad a su alrededor pasaba como un borrón, las luces parpadeaban al paso de la limusina y las calles parecían repetirse en su mente. La angustia lo consumía por dentro y con cada minuto que pasaba sin encontrarla, la desesperación crecía aún más. — Raymond, buscaremos ese taxi, así tengamos que recorrer todas las calles de la ciudad. Su voz salió ronca, cargada de frustración, mientras miraba por la ventana buscando en cada taxi que pasaba o al que lograban

