Liam se había convertido en un león al acecho, con su figura imponente y ese aire de superioridad que sacaba de sus casillas a Victoria, pero que a la vez lo convertia en un hombre imposible de olvidar.
Ella le había a estado ser su amante, y con una pasión intensa y brutal había disfrutado de ser su mujer.
Ella no estaba lista aun para convertirse en la amante fría que jugaría con él. Liam lograba desubicarla, necesitaba un poco más de tiempo y autocontrol para llevar a cabo su plan.
Por eso había usado la excusa de no poder tener un romance con él debido a que eran socios y eso podría complicar las cosas.
Victoria caminó con pasos firmes por el pasillo de Ainsley Industries, pero por dentro, su mundo era un caos.
Su corazón seguía latiendo con fuerza tras el último encuentro con Liam. Su piel aún recordaba el roce de sus labios, la calidez de su aliento en su oído, la peligrosa intensidad de su mirada.
— No… ¡Esto no puede pasarme!
Respiró hondo y se obligó a recomponerse. No podía permitirse flaquear, no ahora. No cuando estaba tan cerca de conseguir lo que tanto había planeado.
Liam Carter era el hombre que debía destruir.
Y, sin embargo, anoche…
Anoche se había entregado a él, como mujer lo había disfrutado tanto que su piel no le dejaba olvídalo.
Se detuvo un segundo y cerró los ojos, frustrada.
— Eso fue un error. Uno que no puede volver a repetirse.
Pero, ¿cómo lo enfrentaría ahora, después de todo lo que pasó entre ellos?
—¿Señorita Ainsley?
La voz de su asistente la sacó de su tormento interno. Victoria abrió los ojos y recuperó la compostura en un instante.
—¿Sí?
—El señor Carter la espera en su oficina.
La sensación de vértigo la golpeó de inmediato. Lo sabía. Sabía que Liam no la dejaría en paz tan fácilmente.
—Gracias, Melissa —respondió con calma.
No tenía otra opción. Debía darle la cara a Liam. Y esta vez con control completo de sus emociones.
Se dirigió a la oficina que le habia asignado en su empresa a Liam Cárter. Con el porte impecable de siempre, con el rostro de quien no teme nada ni a nadie. Pero en cuanto entró, supo que estaba en problemas.
Liam estaba de pie junto a la ventana, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en la ciudad. No la miró al instante, pero ella sintió su presencia en cada fibra de su ser.
—Cierra la puerta —dijo con voz baja, casi una orden.
Victoria no se movió.
—Si es un asunto de trabajo, podemos hablar aquí mismo sin cerrar la puerta.
Él giró el rostro y la miró con esa sonrisa que tanto la desarmaba.
—Sabes que no es un asunto de trabajo.
Victoria apretó los labios.
—No tenemos nada que hablar, Liam.
Él soltó una risa baja y caminó lentamente hacia ella.
—¿No? Anoche no pensabas lo mismo.
—Anoche fue diferente y ya pasó.
Liam se detuvo frente a ella, inclinando el rostro apenas lo suficiente para que sus ojos quedaran a la altura de los suyos.
—Dilo mirándome a los ojos. Dime que no lo sentiste, que no me deseaste, que no te volví loca entre mis brazos.
Victoria apretó los puños.
—No tiene sentido hablar de esto, eso fue anoche…. Ahora hay que volver al trabajo.
—¿Porque no quieres admitir la verdad? —Su tono se volvió un murmullo seductor.
—. Yo sí lo admitiré. Victoria, anoche te amé como nunca he amado a nadie. Y no voy a fingir que no pasó.
La confesión de Liam la desarmó.
Él no hablaba de deseo, de pasión o de atracción. Hablaba de amor.
No podía ser.
—No hagas esto, Liam.
—¿Por qué no?
—Porque no podemos.
Liam dejó escapar un suspiro y la miró con intensidad.
—Dime por qué.
La respuesta para Victoria era obvia. Porque él era su enemigo. Porque ella estaba allí para destruirlo. Porque no había futuro para los dos.
Pero no dijo nada.
Él sonrió con esa expresión que la volvía loca y deslizó una mano por su brazo, hasta llegar a su muñeca.
—No puedes decirlo, porque sabes que lo que sientes es real.
Victoria se estremeció y apartó la mano con brusquedad.
—No vuelvas a tocarme así Liam.
—No puedes darme órdenes, Victoria.
Ella lo miró con dureza.
—En el trabajo, sí.
Él rio, pero no era una risa de burla, sino de fascinación.
—Eres increíblemente terca.
—Y tú increíblemente arrogante.
Liam la miró con algo parecido a la adoración.
—Por eso me gustas tanto.
Victoria sintió que su mundo se tambaleaba.
No podía caer. No podía dejarse llevar.
—Se acabó, Liam, lo que pasó entre nosotros no volverá a pasar.
Él se acercó un poco más, obligándola a retroceder hasta que su espalda chocó con la pared..
—Eso lo decidiré yo.
Su proximidad la ahogaba, su aroma la envolvía, la intensidad de sus ojos la quemaba.
— Liam basta, esto no es un juego —susurró, con la poca firmeza que le quedaba.
Liam sonrió. Actuaba cómo el cazador ante su presa.
—Demuéstrame que de verdad quieres irte.
Victoria sintió su respiración entrecortarse. esto era un juego peligroso, ella debía tener el control, pero Liam la hacía sentirse vulnerable y débil.
Necesitaba tiempo para recomponerse y volver a tomar el control.
El la seducia con una habilidad impresionante, y se podía notar que Liam también se quemaba al tenerla cerca. Lo que vivian en ese instante era un juego del que no sabía si quería escapar.
Pero debía hacerlo.
Con toda la fuerza de voluntad que le quedaba, giró su cuerpo rapidamente deslizandose bajo el brazo de Liam, saliendo de su oficina sin mirar atrás.
No podía volver a caer.
Porque, aunque su corazón gritara lo contrario…
Liam Carter era su enemigo, habia provocado la muerte de su padre y debía ser destruido.
Con esa sentencia contra él, Victoria entró en su oficina y cerró la puerta.
— ¿Cómo pude permitir dejarme llevar asi por Liam? — He perdido el control…
Tomando un vaso de agua Victoria buscaba calmarse. Tenía varias reuniones pendientes y Liam estaría allí.
—- ¡Fui una tonta! — ¿En qué estaba pensando? — Un hombre como Liam es…
Dejándose caer en la silla tras su escritorio respiró profundo varias veces. Luego de sentirse más calmada dijo: — Me equivoqué al creer que esto sería fácil…
— Liam Cárter es todo un cretino, pero cuando me hace el amor es…
— ¡Maldición! — ¡Lo disfrute, y todavía lo hago! — Él es un amante increíble y bajó su cuerpo olvido por completo qué es mi enemigo y lo deseo como hombre… Como mi hombre.
Frustrada hunde su rostro en sus brazos apoyados en su escritorio.
— Soy una idiota… Vine a destruirlo y termino enamorandome de él…. — ¡Aaaah!
Victoria golpeó su cabeza contra el escritorio, frustrada y enojada consigo misma.
Mientras qué Liam, en la otra oficina se hallaba preguntándose qué debía hacer para que Victoria aceptara vivir con él.
Liam no deseaba tener encuentros esporádicos con Victoria, deseaba dormir con ella por las noches y despertar abrazado a ella por las mañanas.
Por primera vez en toda su vida, Liam estaba dispuesto a compartir su vida y su espacio personal con una mujer.